Suseia (Camino de Santiago 2) VI
69%

VI

—Yo no los maté —repitió Mateo.

El Cuatrohostias asintió con pesadez. Poco convencido. Pero comprometido con su deber, que no era descubrir al asesino, sino cumplir la última voluntad de un moribundo.

—Ve a verlo, cojones, se lo debes.

Ya había mentido una vez, y mentiría dos más.

El Cuatrohostias, a regañadientes, refunfuñando, le echó un capote encima, y lo obligó a salir.

Se lo llevó a rastras hasta Antealtares y lo dejó en la puerta con un empujón.