XXV
Allí estaba su hijo, lejos, más allá de las arcadas de piedra, más allá de su obra.
No estaba a su lado. Y no quería estar a su lado.
La música había terminado. El pórtico se abría a la mañana, con el telón a sus pies.
Padre e hijo se miraron.
Y el silencio cobró fuerza.