X
No cuadraba Suero entre aquellos lujos de los dormitorios. Su camisón raído no acompañaba las molduras y las sedas.
No cuadraba, pero hasta allí había llegado.
No cuadraba. Y tampoco dormía.
—Falta poco, llegamos al final del camino.
En aquel reclinatorio. Frente a aquel retablo. Como tantas otras noches. Suero le hablaba a su crucifijo. Con fervor.
Le hablaba a Dios.
—Señor, no me permitas tropezar tan cerca de mi destino.
Lo apretaba entre los dedos.
—Apiádate de mí. ¡Ayúdame! Engáñalos. Merecen ser castigados.
E insistía.
—Sabes que es justo, tuerce su camino. ¡Tiéntalos!