Suseia (Camino de Santiago 2) X
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No cuadraba Suero entre aquellos lujos de los dormitorios. Su camisón raído no acompañaba las molduras y las sedas.

No cuadraba, pero hasta allí había llegado.

No cuadraba. Y tampoco dormía.

—Falta poco, llegamos al final del camino.

En aquel reclinatorio. Frente a aquel retablo. Como tantas otras noches. Suero le hablaba a su crucifijo. Con fervor.

Le hablaba a Dios.

—Señor, no me permitas tropezar tan cerca de mi destino.

Lo apretaba entre los dedos.

—Apiádate de mí. ¡Ayúdame! Engáñalos. Merecen ser castigados.

E insistía.

—Sabes que es justo, tuerce su camino. ¡Tiéntalos!