Suseia (Camino de Santiago 2) VII
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VII

No les dejó parar.

—Paure o que paure, no hay remedio.

Y no lo tendría. Pero lo cristiano hubiera sido parar.

—A murear!

Se lo habían llevado.

Todos indecisos. Asustados. El hijo de Malaquías vomitó a la vuelta del puesto donde calzaban a los bueyes.

—¡¡Vamos!! Bai!!!

Mateo no les dejó parar.

Juanchón, Sisnando y los dos borgoñones se habían llevado el cuerpo.

Y Gundisalvo los siguió a golpe de bastón, por las escaleras que atravesaban la capilla inferior, hacia la explanada de la Trinidad, hacia Antealtares.

A los demás, no les dejó parar.

Había que volver a poner una soga, revisada, palmo a palmo. Apañarla de eslinga. Enhebrar las poleas. Correr los cabos. Afianzarlos. Y alzar de nuevo el dintel sobre la arcada y el parteluz.

No les dejó parar.

Había que terminar.