Suseia (Camino de Santiago 2) VI
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VI

Ruy Ansúrez, el Cuatrohostias, llegó a los talleres como si fueran de su propiedad, con la paciencia recortada y ganas de gresca.

Y tanto Juanchón como el viejo Gundisalvo entrecerraron los ojos. Entre el capitán de la guardia y los cinco que le acompañaban había allí mucho hierro afilado, demasiado.

—¿Dónde cojones está esa lombriz de mierda?

Y el Cuatrohostias estornudó como un becerro, esparciendo mocos en todas direcciones.