Suseia (Camino de Santiago 2) XIII
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XIII

—No —insistió el padre—. No remataremos nosotros, si pierdes el tiempo con este triso.

Sólo quería señalar. Pero sus manos castigadas fallaron. Le dio a la madera labrada. Los dedos, hinchados por los sabañones, por las marras del martillo, por el repicar en la piedra, rozaron la madera labrada con espigas.

Apenas lo tocaron.

Pero el instrumento se ladeó. Se inclinó, se escurrió por el marco desvencijado del camastro roto. Y los bultos de lana apelmazada de la márfega intentaron sujetarlo, pero no pudieron.

El organistro cayó al suelo, entre los dibujos, los trozos de barro, las astillas, la leche podrida.

Las cuerdas protestaron, conocían su destino. Se supieron condenadas, como aquel pobre desgraciado arrastrado a los infiernos.

Un lamento suave, disonante, desagradable, se prendió en la niebla.

Otro de los bloques crujió.

Y el padre arrancó la maceta que había colgado de su cinto.

—¡No!

Fue lo que el hijo pudo gritar. Lo supo antes de que sucediese.

—¡¡No!!

La tormenta había estallado. Las olas azotaban los acantilados. Los barcos se hundían. La maceta se alzó en el aire. El pesado hierro silbó, dejó un trazo limpio en la niebla.

—¡¡¡No!!!

Y el padre destrozó los sueños del hijo.

El hierro cayó sobre la madera y las tripas.

Cayó, una y otra vez. Arrancó de las cuerdas lamentos que hacían rechinar los dientes.

Cayó hasta convertir la madera en astillas, en pulpa.

Crujieron los trozos de barro. Salpicó leche.

Se esparció lana apelmazada. Se derrumbó lo que quedaba del camastro.

El hierro cayó, una y otra vez. Sin remisión.

Lo hacía mil veces, diez mil cada día. Era fácil continuar.

La madera protestó. Y no pudo evitarlo. Las cuerdas lloraron. Y no pudieron evitarlo.

El padre no pudo evitarlo.

El hijo no pudo evitarlo.

Y el abuelo, que conocía la tormenta, no podía hacer nada.

Un perro ladró en los callejones de Compostela. Otro de los bloques crujió. Y las cuerdas, rotas, despeinadas, saliendo de entre las astillas como víboras asustadas, gimieron una última vez.

Agonía.

Discordia.