XIII
La llegada del arzobispo zanjó el asunto.
Mateo sólo le dedicó una palabra más al hombre que, veinte años atrás, traía conchas para su hijo.
—Encuéntrala...
Y el maese dio unos pasos cumplidores para recibir al arzobispo.
Gatón, desamparado, miró hacia el viejo Gundisalvo en busca de ayuda, pero el xebo dejó clara su opinión con otro de aquellos largos cuescos.
—Si yo calzase esas botas tuyas, encontraría la puta piedra.
Gatón asintió. Lleno de melancolía, se caló el gorro y se marchó. Cabizbajo, tirando de las riendas de su bayo.
Se cruzó con los hombres del arzobispo sin más que un leve gesto de la barbilla, y se alejó hacia la Puerta de la Trinidad.
Tendría que seguir buscando. Hasta encontrarla.