IX
No trajo ninguna concha. Ya no lo hacía.
Gatón llegó a lomos de un bayo que piafaba nervioso, incómodo por la escandalera de los talleres, a la que el animal parecía incapaz de acostumbrarse.
No saludó a los puestos. No bromeó con los canteros. No intercambió recados.
Tampoco tuvo oportunidad. Todos trabajaban y ni uno solo de los hombres alzó la cabeza.
Gatón desmontó, sujetó las riendas a uno de los postes de abedul y dio las malas noticias.