Suseia (Camino de Santiago 2) XIV
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XIV

Mateo, arrastrado en aquella ola, se sintió feliz por primera vez en años. Allí estaba su hijo.

Y su hijo no iba a ver a su padre caer. Su hijo podría estar orgulloso.

El cantero no advirtió que su hijo, aunque sonreía, aunque se esforzaba por prestar atención a su padre, no lo conseguía.

Mateo, el hijo, había quedado cautivado por la música, por los instrumentos. Por aquel organistro que tocaban dos frailes calvos que parecían tío y sobrino. El sonido de sus cuerdas, capaces de llorar, lo había fascinado.