IX
—No pude explicar yo —se apresuró a decir Mateo en cuanto estuvo cerca de Suero—, haremos una capela.
Con aquel aspecto rudo y su casulla recia, el arzobispo cuadraba allí, entre los cuarenta hombres que formaban la escolta del rey. Y desentonaba junto al mayordomo real. Al que dejó con la palabra en la boca para hablarle a Mateo.
—Hijo, tú no pises donde pisó tu padre...
Y ya no pudo decir más, el rey lo llamó.