III
Sólo tenía un lugar donde refugiarse, sus piedras. Los talleres.
Había pasado el día vagabundeando por la ciudad. Incapaz de tomar una decisión. Agotado. Dolorido. Abrumado.
El arzobispo y maese Verrondo ya estarían de vuelta.
Y Mateo buscó refugio. Pero se olvidó de que no estaría solo.