Suseia (Camino de Santiago 2) Sangre y nogal
14%

Sangre y nogal

I

Aún tenía la torta en la mano cuando despertó.

Apartó los cabellos con un soplido, palmeó la suciedad de la torta, se puso en pie con menos gracia que el viejo Gundisalvo y su reuma y, mordiendo el dolor en ambas piernas, que amenazaba con subir por las cachas hasta la cadera, echó a andar.

Mateo abandonó el callejón lanzando mordiscos a la torta de Cirilo. No había comido desde la noche anterior y el pan, poco cocido, con arenilla, lleno de cascarilla, le supo a gloria.

Cómo iba a saber que, con los años, alguien sospecharía que había algo más que harina, agua y sal. Algo más que cascarilla de trigo.

Derecho al monasterio de San Paio de Antealtares. Decidido. Mateo sacaría a su hijo de allí y se irían, los dos juntos.

Aldonza podía quedarse con el inglés. Verrondo con la catedral. El judío con la casa y el arzobispo con las ganas.

Pisaba tan fuerte como le dejaba el dolor en los muslos, se movía a ese paso que se agita antes de echar a correr.

Se había terminado.