41. Cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa
Cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa
Entrevista a Decurión para el pódcast Suprapod yo mismo le facilité esos informes.
Yo. Ha llegado usted aquí con su humor excéntrico, empalmado ante la exclusiva que se le ofrecía y los temas que se iban a abordar, porque no es la entrevista del siglo, del milenio…
, es la entrevista de entrevistas. Y ahora está cambiando poco a poco de actitud, como si fuera una especie de David Frost entrevistando a Richard Nixon. Así que, dígame, ¿usted en qué cree?
—¿Richard Nixon? ¿Cómo diablos conoce usted a Richard Nixon?
—Eso no importa ahora, olvídelo. ¿Por qué no responde a mi pregunta, para variar, señor Labianca? ¿Por qué piensa que le he facilitado todos esos datos, que ahora están confirmando? ¿En qué cree usted?
—Yo me reservo mi opinión para mis oyentes, señor Diamandis.
—Sus oyentes estarán muy pendientes de esto cuando se publiquen los audios.
—¿Dónde se encuentra ahora el vicepresidente Gax? Respóndame a eso.
(Pausa.)
—Ya me ha hecho esa pregunta varias veces a lo largo de este ciclo de entrevistas.
—¿En serio? No lo recuerdo.
—Creo que ahora que estamos a punto de terminar deberíamos confesarnos todos, no sólo yo. Eso sí, debo reconocer que han hecho un trabajo excepcional. Sobre todo, usted, señor Labianca. Habría engañado a cualquier otro. Dígame, ¿por qué está tan interesado en el vicepresidente?
—¿Qué? ¡No, por nada! Mis preguntas se mueven más por curiosidad que por otra cosa. Es sólo eso, curiosidad. Me adapto a sus respuestas.
(Pausa.)
—Déjeme que mire la hora un momento, si no le importa. Será sólo un momento. Un momentito de nada. Está a punto de pasar. Y… ya. Ya está. Puede mirarme a los ojos, señor Labianca.
—¿Mirarle a los ojos?
—Así, muy bien. Sentirá una ligera migraña. Es normal. Aún no soy tan bueno con estas cosas. A ver. Vaya, vaya, vaya. Ahora lo entiendo. Claro.
—¿Qué hace? ¿Qué demonios me está haciendo?
—Supongo que eso lo explica todo.
—¿Qué explica?
—Creo que con esto me vale.
—¿Qué? ¿Qué es esto? En este último minuto no he entendido nada. ¿Qué está haciendo? ¿Qué me ha hecho?
—Ahora ya sé quién es quién. Por cierto, Gax está en la Cámara Celeste justo ahora mismo. Es ahí donde está. Ahora, por fin, ustedes ya lo saben.
—Bien.
—¿Bien? No sé si le parecerá tan bien a su grupito cuando se topen con él. Gax está… muy implicado con este mundo. Es lo que es y está encantado de serlo. Por cierto, me encanta su smartwatch . Es uno de los buenos. ¿Cuánto le costó?
—¿Cuánto me costó? Permítame que me ría de un chiste privado.
—Ya, me lo sé. Es muy gracioso. Pero incluso los relojes que se fabrica un genio como usted pueden ser pirateados por un genio mayor.
(Pausa.)
—No.
—Sí, señor Labianca. Me llamaba la atención que se marchasen tan rápido después de cada entrevista.
Siempre el mismo margen de tiempo, sin demorarse ni un minuto.
Me dio que pensar. Por eso he desconfiado de ustedes desde el principio.
Por eso y porque son impenetrables psíquicamente.
Ahora lo sé. Pues bien, hace ya un minuto que se ha pasado ese tiempo tan preciso que ustedes dedican a cada entrevista.
La energía de sus ropas antipsi se ha agotado.
No se apuren, la realidad psíquica tardará en impregnar sus cerebros, por lo que no serán integrados en la narrativa rápidamente.
Seguirán siendo ustedes mismos un tiempo.
El problema es que ahora sus mentes han quedado expuestas a psiques de gran poder.
Telépatas, psíquicos, Prelados, llámelos como prefiera.
Me llamó la atención que yo no pudiera entrar ni una sola vez en sus cabezas y quise seguirles el juego mientras ustedes iban conociendo cada una de mis interioridades.
He aguardado a que se presentara mi oportunidad.
Y hoy he solicitado a nuestros técnicos que pirateasen sus relojes digitales, nada demasiado complicado, únicamente retrasar varios minutos la hora real para que…
, bueno, se pasara el efecto de sus prendas antipsi y ustedes pensasen que todavía disponían de muchos más minutos de bloqueo psíquico.
Es increíble lo rápido que pasa el tiempo, ¿verdad… , doctor?
—¡Espere un momento!
—Todo el que quiera, mi joven amigo. Vamos a quedarnos aquí… todo el tiempo que haga falta…, doctor Lornias Vega.