36. La cultura del miedo
La cultura del miedo
Entrevista a Decurión para el pódcast Suprapod el pan vuestro de cada día se elabora con complots, intrigas y conspiración.
Tabris se mostró divertido, sentado en una silla al revés, con el respaldo por delante y apoyándose en la parte alta del mismo.
Sigmar colocó su asiento por detrás del inmenso escritorio, al lado de Grimaux, dejando bien claro que seguía estando de su parte.
Ya no disimulaba. Y eso que llevaba días mostrándose muy comprensiva y atenta conmigo.
Gax, por otra parte, se mantuvo en pie, con los brazos cruzados y toda la tecnología de su exoesqueleto activada.
—¿Dónde está Portalus? —pregunté, llevándome una mano a la frente y frotándola con nerviosismo.
El superintendente del Espolón aferró el ratón ergonómico vertical que había sobre su mesa y lo movió con rapidez, apretando los botones mientras contemplaba la pantalla de su computadora.
—Tengo información urgente que compartir y…
muy delicada. —Grimaux se puso unas gafas de presbicia de bastante graduación, pues sus iris aumentaron de tal modo que le hacían perder puntos de carisma—.
No, no es información referente a la búsqueda de Portalus, que continúa sin novedad, sino a otros aspectos que hay que considerar relevantes.
—Nos contempló a todos por encima de la montura de sus gafas—.
Mi sección de especialistas todavía está contrastando datos, pero no podemos dejar esto para mañana.
A pesar de que aquello parecía más serio, sentí cierta decepción al ver que la reunión de urgencia no tenía que ver con Portalus. Aparté la mano de mi frente y adopté una pose firme sobre la silla.
Grimaux era el centro de atención y él estaba encantado. Con todos los presentes muy concentrados en lo que venía a continuación, el superintendente observó la información que le administraba la pantalla.
—No hemos localizado a Portalus, ni siquiera en el extranjero.
Y hay una gran superficie del planeta que no podemos cubrir con nuestros Pretor-10 sin activar sus motores y sacarlos de su órbita geoestacionaria.
Sin embargo, los nuevos Pretor-11 pueden conectarse en secreto a los satélites internacionales de órbita polar y a cierto tipo de satélites…
, digamos, enemigos , facilitándonos información privilegiada de esas otras naciones que nos declararían la guerra en caso de enterarse de nuestros fisgoneos.
Y no, no encontramos allí a nuestro perturbado favorito, pero sí ciertos movimientos que he considerado lógicos, aunque osados.
—¿De qué estás hablando? —inquirí temiéndome lo peor.
—En la base militar de Arapanook, en Estados Unidos, se han montado sobre camiones unos nuevos tipos de misil con destino a las bases de lanzamiento de Pennashire.
Esto ocurrió hace sólo unas horas. Me llamó la atención su composición y su extraña estructura, así que ordené afinar el zoom de las lentes para poder leer los códigos de cubierta y hacer indagaciones.
Todavía no estamos seguros al cien por cien de lo que son, pero, ahora bien, tenemos una hipótesis bien fundada sobre lo que están planeando nuestros queridos amigos norteamericanos.
»Además, hemos observado que determinada población china ha sido acordonada por las autoridades militares, encerrando en su perímetro a todos sus habitantes, y creemos que van a ser objeto de una prueba.
Moví la posición de mi silla para observar parte del monitor y encontrarme con que toda la información estaba codificada.
—¿Qué están tramando? ¿Por qué te llama la atención?
Grimaux remató su café y apartó la taza como si le molestara su sola visión.
—Nuestros espías repartidos por todo el mundo llevan tiempo acumulando datos sobre una nueva bomba desarrollada por los ingenieros estadounidenses más cualificados, cuyo efecto sería similar al de un pulso electromagnético en los dispositivos electrónicos, sólo que no afecta a nuestros artefactos, sino a la población.
Sería el equivalente a una bomba antisupra, de hecho, yo ya la he bautizado así, bomba antisupra.
Y, como ya estaréis imaginando, dentro de su radio de acción, interrumpiría las capacidades suprahumanas de quienes las posean.
Dicho de otro modo —dijo señalándonos—, os convertiría a todos vosotros… en personas normales.
Tabris también acercó su silla al borde de la mesa.
—No me jodas.
—Sí. —Grimaux, giró un poco el monitor para que viéramos las fotografías de los camiones de transporte militar tomadas vía satélite.
Los misiles tenían una envergadura de cinco metros—.
Ignoramos los efectos secundarios, el perímetro de acción y la duración de las emisiones… , pero, con todo, no pinta bien.
—¿Y lo de China?
—Estamos atentos a ver qué ocurre. Se trata de la localidad de Tianshui, en la China profunda.
Y me apostaría las papilas gustativas a que van a poner a prueba el virus 128-0-128, que, en código RGB, viene a representar el color púrpura, habitualmente relacionado con asuntos supras.
Digamos que se trata de otro elemento discriminatorio, pues, de igual manera, afectaría sólo a sujetos con capacidades metahumanas.
Y mucho me temo que esta vez… matándolos.
»No me gusta nada, Diamandis. Si le arrebatan a Eurotania sus individuos de destrucción masiva, la Federación no se quedaría del todo indefensa, pero sería un golpe devastador.
Perderíamos la supremacía. Y es obvio que todas estas maniobras están ideadas para eso: restar al suprahumano de la ecuación.
Más nos vale ir preparándonos para cualquier cosa.
La habitación se quedó tan silenciosa como una iglesia abandonada.
Yo no daba crédito. Mientras intentábamos inspirar al resto del mundo con una sociedad que anhelaba la perfección, el resto del planeta pretendía borrar a las superpersonas de la faz de la Tierra o, por lo menos, incapacitarlas para… quién sabía qué.
Portalus y yo podíamos acabar con esas amenazas en cuestión de minutos. Solos, él llevándonos a los lugares oportunos y yo desintegrándolo todo, desbarataríamos esos viles planes.
Qué desperdicio que uno de los suprahumanos más útiles del mundo fuera un maníaco homicida en serie.
—¿Cuántos recursos necesitas, Grimaux, para seguir vigilando estas operaciones?
—Habrá que interrumpir la búsqueda de Portalus.
Sé que quieres atrapar a ese hombre, Diamandis, por encima de todo, a pesar de que estos movimientos, en este preciso momento, son más importantes que tu venganza.
Por no hablar de que podríamos descubrir nuevos intentos por…
, voy a decirlo así, jodernos a base de bien.
—Hazlo, Grimaux. Mantén el ojo puesto en ellos. Portalus…, bueno, ya aparecerá.