SuprAdalid 26. La ingratitud del género humano #2
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26. La ingratitud del género humano #2

—La fase inaugural —continuó diciendo— fue recibida con aprobación.

La casi erradicación de los impuestos fue positiva.

Entendí que una redistribución estratégica de los recursos financieros preexistentes para estimular sectores clave, propulsando la expansión de entidades corporativas nacionales, sería la clave de futuro.

Dejamos de ser políticos para convertirnos en accionistas.

Las normativas que diseñé optimizaron la competitividad de nuestras corporaciones hasta situarlas en la cúspide del mercado global.

El Supragobierno dejó de depender de la exacción fiscal directa y pasó a generar capital a partir de estas estructuras económicas autosostenibles.

Paralelamente, se implementaron subsidios para pequeños empresarios y trabajadores autónomos, a través de préstamos con tasas de interés prácticamente nulas, garantizando nuestra presencia en toda iniciativa financiera con proyección.

En términos funcionales, nos habíamos transformado, además, en banqueros.

»Lo más importante era aplicar un modelo de acceso gratuito a la cultura y un rediseño del ecosistema educativo que privilegiara la equidad estructural.

La instrucción académica evolucionó hacia un formato basado en la creatividad, el interés vocacional y el desarrollo de competencias aplicadas.

Incrementamos los emolumentos del personal docente y elevamos significativamente los criterios de capacitación, asegurando que la educación se transformara en una experiencia diferenciada.

Las métricas evaluativas en los estudiantes dejaron de premiar la memorización en favor de la comprensión.

La cooperación entre alumnos se tornó fundamental, derribando los métodos de competencia habituales.

Hoy nuestro sistema educativo es el mejor que existe.

»El desempleo fue absorbido mediante la reubicación sistemática de individuos parados en los proyectos de expansión de Odeon hasta que lograran consolidarse por sí mismos en sus áreas de especialización.

De no conseguirlo, se les proporcionaba una nueva.

Resultado: el desempleo no existe. No por intervalos prolongados.

»El objetivo era un gobierno empático y hemos logrado su implementación.

Cada caso judicial o proceso administrativo es tratado individualmente.

Cada persona es clave para el Estado. Esta dinámica requería de un monitoreo personalizado que dependía de una burocracia de alta complejidad, lo que ha generado muchos puestos de empleo en calidad de funcionarios públicos.

Las nuevas exigencias del sistema multiplican las ofertas de trabajo.

Gax tenía razón y, al mismo tiempo, se equivocaba.

Yo mismo había revisado el plan gubernamental, punto por punto, lo que no quitaba que luego me perdiera en una logística abrumadora.

En términos exactos, siempre triunfaría un sistema fallido que diera la impresión de ser perfecto antes que un sistema perfecto que se sintiera fallido.

Escuchar a Gax repasar los aspectos fundamentales de nuestra nueva sociedad resultaba refrescante, eso sí. Lo habíamos cambiado todo.

—Adicionalmente —siguió explicando Gax—, como era de esperar, la lucha total contra el crimen ha producido el mayor descenso de la delincuencia registrado desde que existe la civilización humana.

Ningún ciudadano de la historia ha estado más seguro.

La infraestructura penitenciaria ha sido redefinida, priorizando la rehabilitación funcional sobre el aislamiento punitivo, con incentivos diseñados para reconfigurar la conducta del infractor dentro de un marco de utilidad social.

»Por otra parte, la implementación de MyVote alcanzó niveles de adopción masiva en su fase inicial.

La app cumplió su función con una precisión óptima, permitiendo que cada iniciativa gubernamental fuera anunciada y detallada con suficiente antelación a toda la ciudadanía interesada, garantizando un período de doce horas para la votación popular.

Cada eurotano poseía poder deliberativo para aprobar o desestimar cada nueva ley propuesta, con rondas de votación pública que se computaban en tiempo real.

La gente decidía los nuevos estatutos a medida que se presentaban.

El consenso general era de satisfacción absoluta. Durante un tiempo.

Gax me quitó la consola de las manos y respondió mientras toqueteaba unos controles y la pantalla táctil. Varios técnicos, que parecían estar a sus cosas, apartaban la vista cuando yo les prestaba atención.

—¿Y cómo es que ahora, en menos de un año, se ha ido todo a la mierda, Gax?

—Me indigné—. No tiene sentido. —Me crucé de brazos y contemplé el prototipo de arma láser, útil en todo tipo de condiciones, incluso acuáticas y orbitales.

Me moría de ganas por ver aquello en funcionamiento—.

¿Cómo explicas las protestas de este mes?