SuprAdalid 20. La batalla de Odeon #2
48%

20. La batalla de Odeon #2

Los Zeros están dejando claro que han sido objeto de un ataque sorpresa.

Lo que la población había podido ver con sus propios ojos, en este momento se presenta de forma oficial como una prueba que ningún tribunal de Occidente rechazará.

Es incontestable. Las tropas de la Federación han realizado un ataque frontal en suelo eurotano contra los suprahumanos y los han puesto contra las cuerdas.

El ejército ha asaltado la base del primer supergrupo del continente.

Punto y final. Ningún político puede contradecir esta versión de la historia.

Es cuestión de tiempo que alguna cadena eurotana se salte el cerco gubernamental y documente lo que está ocurriendo, porque las cadenas del resto del mundo están contando lo que se ve en las redes sociales, con alcance casi planetario.

Morris está poniéndole cerco al océano. Esto tiene que estallarle en la cara en cualquier momento.

En cuanto una cadena federal informe de la batalla de Odeon, todas las demás lo harán.

Y supongo que veremos algo que no se ha visto jamás en este sorprendente planeta azul.

La batalla de La Aguja, como tal, fue la más encarnizada. Interesaba que fuera así, ya que los otros frentes quedaban lejos de ojos curiosos. Por ese motivo, casi dio la sensación de que fue el único ataque orquestado por la primera ministra.

Y, cuando las redes sociales hervían de agitación, rebasando las fronteras eurotanas y convirtiéndose en el trending topic más intenso de la historia de internet, los medios generalistas no pudieron permanecer callados por más tiempo.

Llegó el momento de que Clara Morris hiciera su siguiente jugada: aparecer en todos los medios de comunicación profesionales dando un discurso que aún hoy debería ser objeto de estudio en las facultades de Ciencias Sociales y analizado a conciencia en las de Ciencias de la Información como modelo de todo lo que no hay que hacer y decir en una situación de extrema tensión como la que la Federación atravesaba.

Resumiendo mucho, y a pesar de que la elección de palabras para el discurso fue irreprochable, la primera ministra pretendió justificarse ante el mundo aludiendo a que los suprAdalides oficiales habían traicionado a toda Eurotania, convirtiéndolos así en los malos de la película.

Facción Zero y Ultraguardianes habían emprendido un ataque terrorista contra la población atacando la capital y obligando al ejército regular de la FE y las tropas de élite ESF, los temibles shockers , a actuar como última medida defensiva de los ciudadanos, cuando ya todo el mundo sabía que esa versión no podía ser cierta.

Probablemente el discurso fuera escrito días antes del suceso.

Incluso la grabación que se obligó a los medios generalistas a emitir en sus informativos debió de filmarse sin que el gobierno fuera consciente de lo que el pueblo llano ya había visto con sus propios ojos.

Puede que, con el Espolón fuera de juego, nadie informara convenientemente a la primera ministra de las imágenes que los satélites espías estaban grabando y que la propia Facción Zero estaba haciendo públicas en sus redes.

Clara Morris mintió tarde y mal.

Políticamente, estaba acabada. Y por su propia mano.

Para colmo, su ofensiva militar ha acabado en fracaso absoluto.

El ejército regresa a la base de Vernobia con el rabo entre las piernas.

Al menos un cuarto de los helicópteros y las tropas que se habían movilizado hasta la zona de combate ha verificado que no cuenta con recursos suficientes para vencer a estos equipos metahumanos. Los supras son demasiado.

Algunos medios independientes informan de que los generales implicados en la operación, así como otros oficiales de alta graduación sobre el terreno, han desobedecido las órdenes que recibieron del gobierno federal de luchar hasta el final.

Hasta la muerte. No obstante, al sufrir en carne propia la demostración inapelable de que los suprahumanos los superan desde todos los puntos de vista, el sacrificio de personal militar de forma caprichosa y gratuita no responde a ningún fin táctico práctico, ni siquiera moral.

Los militares responden de este modo al gobierno: «No vamos a morir por usted, señora».

Y todavía no lo hemos visto todo.

Ningún usuario de redes sociales pudo captar con su móvil lo que Decurión hizo con aquellos cazas de combate. Hubo que esperar hasta que los satélites de espionaje definitivos compartieran las imágenes en alta definición.

Los cazas AKTIS-300 eran tan nuevos que algunos todavía olían a pintura.

Acudieron tres escuadrillas de seis aviones en cuña, con sus turbinas vectoriales, una maniobrabilidad casi imposible, invisibles al radar y con un armamento que incluía misiles aire-aire y aire-tierra suficientes para jugar a los bolos con todos los edificios del centro de la ciudad.

Sin olvidar bombas guiadas, dos cañones internos de treinta milímetros y un misil de esfera nuclear implosivo de última generación.

Decurión esperó a que llegaran, suspendido en el aire, con una pierna semiflexionada y los brazos cruzados.

La gravedad no se atrevía a atraer ni un pelo de su cabeza.

Cuando supo que estaba a distancia de visión directa, Decurión les enseñó la palma de una mano, como un guardia de tráfico conteniendo una hilera de vehículos detenidos.

Si esa era su pretensión, le ignoraron. Al menos quince misiles se desencajaron de las alas de la escuadrilla que iba en cabeza y fueron lanzados en su dirección, dirigidos electrónicamente.

Él los vio venir y permitió que explotaran en la superficie de su cuerpo.

Cuando el humo se hubo disipado, aún permanecía allí, suspendido en el aire como un punto negro, amenazador e imprevisible.

Los Pretor-10 aumentaron el zoom de la visualización.

Pudieron ver cómo el líder de Facción Zero volvía a alzar la mano, estirando el dedo índice y moviéndolo hacia izquierda y derecha.

Aquellos seis aviones que iban en cabeza lo lanzaron todo.

Hasta el último misil. Fuego a discreción, mientras aún había distancia de maniobra y no fueran a comerse de morros las explosiones que ellos mismos estaban a punto de provocar.

Entonces Decurión dejó de ser visible. Se convirtió en un borrón cuya trayectoria podía ser seguida más por los efectos de sus acciones que con la vista.

Fue tan rápida su aceleración que, literalmente, incendió el aire con una llamarada de fuego que acentuó su vuelo directo contra los cazas que se le acercaban.

La fricción de su paso y del cono de Mach, cuya dispersión de vapor se transformó en energía calorífica en un segundo, hizo explotar los misiles lanzados en una cadena de fuegos artificiales.

Un muro de humo y llamas se formó delante de los cazas de combate, imposible de sortear con maniobras repentinas, pues las deflagraciones se habían producido mucho antes de lo previsto.

El paso de Decurión entre ellos, en una línea recta de velocidad imposible, generó una onda expansiva, que dispersó todos los aviones, rompiendo por completo la formación y obligando a las seis aeronaves de vanguardia a girar en espiral sin control, entrando varias de ellas en pérdida.

Los asientos eyectados pudieron verse al fondo del plano, con sus paracaídas abriéndose al cabo de unos instantes.

Los dos cazas que quedaban tuvieron capacidad de maniobra suficiente para recuperar el control.

Fue entonces cuando Decurión, deteniéndose prácticamente en seco a casi tres mil metros de distancia, lanzó un rayo de antimateria desde sus manos extendidas, volatilizando las aletas dobles posteriores de los AKTIS-300, obligándolos a retirarse del combate y hacer un aterrizaje forzoso en alguna de las autopistas de la periferia.

No había pasado ni un minuto y el primer suprahumano Maximum de la historia había eliminado toda una escuadrilla de cazas de combate de última generación.