SuprAdalid 15. Volviendo a entrar en la historia
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15. Volviendo a entrar en la historia

Volviendo a entrar en la historia

Fragmento del documental Decurión, un nuevo poder revelado al mundo . Dirigido y producido por el cineasta Cody Riggs. Narración a cargo de la actriz y humorista Jane Averlant.

Parte de las imágenes que les mostramos a continuación forman parte de ese material audiovisual filmado desde helicópteros de prensa y las propias cámaras de seguridad del RMS Charlemagne.

El temido supergrupo conocido como Escuadrón Letal se había desmelenado un poco y había asaltado el famoso portaviones eurotano, que operaba dentro del mar Mediterráneo, tomando como rehenes a toda la tripulación.

Al parecer, indignados porque las autoridades los considerasen ilegales, exigían que se les devolviera su estatus de suprAdalides oficiales.

Y, como todo el mundo sabe, secuestrar gente es lo más efectivo y nunca sale mal. Bravo por ellos.

Con su gran poderío, este grupo de suprahumanos tomó la nave por la fuerza y sembró la pista de aterrizaje de cadáveres que ellos consideraron huevos rotos para la tortilla que pensaban hacer. Se nos van a agotar los aplausos.

Tras su violento asalto, reclamó la atención de todas las cadenas importantes de informativos del mundo, por lo que la zona se llenó de helicópteros de prensa. Tenemos planos en alta definición y desde todas las perspectivas posibles.

Escuadrón Letal aprovechó la coyuntura informativa que se le brindaba, como vemos aquí, para lanzar sus absurdas proclamas.

Querían sustituir a Facción Zero en el primer puesto de los supergrupos oficiales de Eurotania Federal.

Eran veinte suprahumanos y todos ellos malhumorados. Esa gente me daba miedo.

Parecían dispuestos a matar a los rehenes que les quedaban para demostrar su resolución.

El planeta entero contuvo el aliento. Dejó de hablarse de cualquier otro tema. La gente ahora se pregunta: ¿dónde estabas tú ese segundo 11 de octubre?

Como la primera ministra no negociaba con terroristas, mataron, en represalia, a los demás rehenes que aún permanecían con vida. Amenazaron entonces con masacrar a los periodistas que estaban retransmitiendo en directo los acontecimientos. A los pilotos de los helicópteros, cámaras y reporteros.

Entonces apareció un cuerpo en el cielo volando a toda velocidad, dejando una estela púrpura y negra, que pintaba la atmósfera a su paso. ¿Era un caza supersónico? ¿Era un meteoro?

Era Decurión, con su nuevo uniforme, lanzándose, como muestran las imágenes, contra la popa del portaviones y practicando un agujero en la pista de aterrizaje semejante al disparo de una pistola descomunal, que levantó la embarcación del lado opuesto varios metros por encima de la superficie del mar, como un columpio balancín, antes de volver a estabilizarse con suma violencia, levantando olas enormes a varios lados.

Después, el Charlemagne empezó a elevarse.

Ahí lo podemos ver. Daba la sensación de que se estuviera convirtiendo en una aeronave que despegara verticalmente hacia el cielo.

La velocidad de ascenso asustó a los periodistas, al ser sus helicópteros empujados por una potente ráfaga de aire.

En la base inferior del casco, Decurión sostenía la quilla del portaviones y lo llevaba a toda velocidad hacia la estratosfera.

Fíjense en este plano cercano. ¡Es un dios actuando!

Hacía lo que nadie más podía hacer, casi sin esfuerzo.

Esos puntos diminutos que dibujan una trayectoria con forma de ese mayúscula desde la cubierta hasta la parte inferior de la nave son los suprahumanos voladores con que contaba Escuadrón Letal.

Luminara se trasladó en vuelo hacia donde se encontraba Decurión para atacarle directamente, contando con el apoyo de Vanguardia, Destello, Caballero Carmesí y Aetheria.

Pretendían, como vemos en este plano lateral, fulminarle mientras nuestro suprAdalid continuaba llevando al portaviones al límite planetario.

Decurión pasó a sostener el Charlemagne con una sola mano mientras con la otra lanzaba un rayo púrpura de pura antimateria, que fundió a uno de sus contrincantes y luego a otro y continuó haciéndolo hasta que se quedó sin enemigos.

Sin sus compinches voladores, los otros quince suprahumanos malévolos no pudieron hacer otra cosa más que ver cómo la atmósfera se les acababa, el espacio se les echaba encima y la fricción hacía estragos entre ellos.

En este punto, como se puede observar en todas estas tomas, los resplandores y las emisiones de luz cegadoras impiden ver qué pasó en realidad.

Los expertos que evaluaron la escena aseguran que el portaviones no soportó la velocidad de ascenso y fue desintegrándose hasta que lo que Decurión sacó del planeta era una simple masa incandescente, una bola de magma, que arrojó al espacio con todas sus fuerzas.

Los suprahumanos que Decurión no volatilizó con sus propios rayos se fundieron con el metal y los demás restos del portaviones, muriendo de un modo horrible pero, tengo que decirlo, muy merecido.

La visión de esta nueva demostración del poder superior de Decurión perturbó al mundo entero.

Mi gata aplaudió la intervención del más grande suprAdalid de todos los tiempos.

El enfrentamiento duró menos de un minuto.

Decurión era, indiscutiblemente, un Nivel Omega (desconocido e incalculable, más poderoso cuanto más se necesitaba). El primer Nivel Omega. Mucho más que un Jaque. Y seguía estando de parte de los buenos.

La opinión popular, tras superar un silencio en esta ocasión más corto, vio la acción con buenos ojos.

Oficialmente Decurión ya había matado a mucha gente en ese momento y la situación con Escuadrón Letal había superado el nivel máximo de tensión.

Había que poner fin a aquella crisis al coste que fuera.

El mundo aplaudió su excesiva intervención mientras seguía temblando de miedo.