SuprAdalid 1. Adalid #2
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1. Adalid #2

—¡No, por favor! ¡Así, no! «Señor Carpi» me hace sentir como una momia de museo.

No. Yo prefiero llamaros por vuestros nombres en clave.

Cualquiera puede llamarse Julek, Dan, incluso Furio.

No. Preferiría seguir llamándote Decurión.

Haya trajes o no. Digamos que nuestra relación personal podría empezar ahora mismo y querría sentirme cómodo desde el principio.

—Se acordó de que tenía un puro de importación que incluso a precio de amigo gozaba de un coste prohibitivo y le dio tres caladas seguidas y ansiosas.

Pareció recrearse lanzando el humo hacia el techo, como si eso fuera mejor que aspirarlo—.

Por ello, preferiría que me llamarais Capitán.

De algún modo —dijo dirigiendo la vista hacia el antifaz y los guantes cruzados dentro de la campana de cristal—, sigo sintiéndome suprAdalid.

Uno no deja de ser nunca… lo que es, ¿verdad?

Con un asentimiento doble de cabeza por nuestra parte quedó claro que aquello, más que una conversación típica, era un monólogo con participaciones puntuales de la audiencia.

Allí los aplausos o las risas del público eran sustituidos por intervenciones del tipo de: «Sí, señor» o «Por supuesto que sí, señor».

—Bien —siguió diciendo—, ahora puedo sentirme más confiado.

Y lo que voy a deciros… se me antoja embarazoso.

Así que cualquier facilidad que pongamos al asunto que debemos tratar será bienvenida.

—Echó un vistazo a esos informes impresos que al parecer el Espolón le había facilitado—.

Dentro de las categorías de poder suprahumano, se ha otorgado un Nivel 4 para Argonauta —le contempló un momento por encima de los papeles como quien ajusta el espejo retrovisor de su vehículo—, pero, al parecer, hay un cierto conflicto a la hora de evaluar tu Nivel, Decurión.

Aquello me estremeció un tanto.

De algún modo, mi poder aún no había podido ser testado ni evaluado por nadie, principalmente porque, como suprAdalid, no había forzado mis límites.

En aquel instante, sentí cómo se formaba una gota de sudor en mi sien. Esperaba que el asunto del Nivel no supusiera un problema. Estaba dispuesto a hacer pruebas, a dejarme examinar. Si había que tener un Nivel, se tenía y punto.

—¿Probable Nivel 10? —El alcalde lo dijo como si yo estuviera obligado a esclarecer sus dudas, cuando en realidad las compartía.

La sinceridad era la única respuesta correcta, dadas las circunstancias.

—No lo sé, Capitán.

El alcalde abrió otro cajón de su escritorio. De los superiores, no de uno de los cajones inferiores donde guardaba el bourbon. Extrajo una pequeña funda dorada de metal, de la que sacó unas gafas y se las puso con cuidado. Nos dedicó una sonrisa cómplice.

—Sólo las uso para leer, os lo prometo. Veamos, veamos.

Aquí dice que el Nivel comprobado es claramente 6, pero los observadores del Espolón, y os garantizo que son buenos interpretando las señales, añaden que hay una cierta contención en las habilidades suprahumanas de las que se ha hecho alarde.

«Como si el sujeto conocido como Decurión hiciera notables esfuerzos por contenerse.

» —Tras leer aquello, dejó los papeles sobre la mesa y se frotó la mandíbula, cuadrada y prominente—.

Vaya. Suena impresionante. El Espolón estima que podrías ser un Jaque.

—Sonrió con cierta malicia. Estaba saboreando mis potenciales virtudes antes de tiempo y le sabían mucho mejor que aquel costoso bourbon y el puro cubano—. ¿Es cierto eso? ¿Te contienes?

Dan Mollux se volvió hacia mí con el ceño fruncido. Esto era nuevo para él. Siempre pensó que nuestras capacidades estaban igualadas. Los dos juntos luchando en la misma división, lejos de la gran élite.

Pude sentir a distancia la decepción de mi socio enmascarado.

Saldríamos de allí y tendría que responder a muchas preguntas.

Mi amigo podría incluso exigirme una demostración.

Si yo era un Jaque, aquello no era un dúo de héroes, sino una dupla compuesta por héroe y compañero.

Argonauta podía ser rebajado a simple sidekick .

—Es posible —empecé a decir— que… Yo, en fin —continué y, al contemplar la placa dorada de la mesa, visualicé a aquel piloto de competición que se mataba en un circuito y que jamás existió—, quizá no haya apretado el acelerador a tope aún, por decirlo así.

—El acelerador a tope.

—El acelerador, sí.

El Capitán Insignia dejó el cubano en un cenicero de diseño y entrecruzó los dedos. Tres de sus anillos tenían una gema con los tres colores de su clásico atuendo de suprAdalid. Un rubí, un zafiro y un diamante.