71 Sospechas
BLAKE
Lo primero que hice al llegar a casa fue contarles a mis primos lo ocurrido con el albacea. Era cierto que Donald Stumpterland me había hecho prometer que no se lo diría a nadie, pero Giordano y Cósomo eran una extensión de mí. Yo me apoyaba en ellos. Debían saberlo para poder ayudarme.
—Eso cambia las cosas… —comentó Giordano, pensativo.
—¿Crees que papá sabrá algo? —preguntó Cósomo, refiriéndose a Agostino.
—Nosotros mismos lo vimos cuando ocurrió todo, estaba totalmente bloqueado.
—Podría haberlo fingido… —especuló Cósomo y yo también lo creía. Mi tío había mostrado una entereza fuera de lo común en una persona afligida. Pensé que quería demostrar fortaleza, pero ahora dudaba de ello.
—Mal vamos si desconfiamos entre nosotros, hermano.
—Es solo un pensamiento… parece que últimamente estoy traicionando a todo el mundo, joder.
—¿Por qué dices eso? —pregunté. Mi primo llevaba unas horas más serio de lo normal, ya se lo noté por teléfono.
—Me he peleado con Romano.
—¿Qué ha pasado?
—No sé cómo ha descubierto que estaba hablando con el del FBI, piensa que he colaborado con él y se lo he negado. Le he mentido y lo sabe. Así que, para rematarlo, le he echado un montón de cosas en cara que yo no debía saber y que no se merecía.
—La has cagado pero bien, ¿no? —dijo Giordano revolviéndole el pelo.
—He sido un puto gilipollas, pero vamos a lo importante. ¿Encaramos a papá a ver lo que sabe?
—No sé… el albacea me dijo que no se lo contara a nadie, pero también que iba por buen camino —reflexioné—. Chicos, papá quería que yo descubriera que sabía que iba a morir y algo en mi fuero interno me dice que está vivo.
Mis primos se miraron entre ellos y luego a mí de nuevo.
—Pero ¿qué dices, Blake?
—No es tan descabellado. Si uno sabe que va a morir lo evita, ¡maldita sea! ¿Cómo no iba a hacerlo? Mi padre no nos hubiera dejado si hubiera tenido otra opción.
—A lo mejor no lo conocíamos tanto como pensábamos.
—No, Cósomo. No vayas por ahí —le recriminé—. Él no trabajaba con el FBI y no delataría ni a Palmiro ni a nadie. Esa fue una treta que se buscó aquel hijo de puta para entrar en nuestras vidas.
—Eso está claro, Blake. Tranquila —coincidió Giordano—. Tío, ¿qué te está pasando?
Cósomo movió la cabeza.
—No me hagáis caso. Igual necesito parar de pensar en todo durante un puto minuto. —Se levantó y salió de la estancia.
La pelea con Romano le había afectado bastante. Estaba claro que mi primo lo quería con locura.
—Gio, ¿tú qué piensas?
—Que será mejor que nos vayamos a descansar. Mañana veremos las cosas con más claridad.
Dudé de que eso fuera cierto, aunque en aquel momento aún no tenía la certeza. Si hubiera sabido lo que me esperaba al día siguiente... hubiera tomado medidas mucho antes, y quizá podría haber evitado la catástrofe.