Superstición: El poder de la mafia (La mafia más oscura 2) 69 Sé lo que hicisteis
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69 Sé lo que hicisteis

CÓSOMO

Después de dos semanas, podía abrir los ojos con facilidad y levantarme de la cama.

Aunque el cuerpo me seguía doliendo, los cortes habían dejado de escocer.

El doctor me había quitado las gasas y me había pedido que no tapara más las heridas para que les diera el aire.

Me iban a quedar cicatrices de por vida.

«Un recuerdo de que había sobrevivido», como decía mi abuelo.

Sin embargo, no sabía si realmente lo estaba haciendo.

Echaba mucho de menos a Roma. Incluso más de lo que cabía esperar, porque sabía que no lo iba a volver a tener.

Era un adiós definitivo y no estaba preparado.

Y ahora me iba a costar la misma vida recuperarlo, aunque estaba dispuesto a hacerlo cuando terminara de curarme.

Cuando estuviera bien, al menos exteriormente.

Por eso, porque sabía que debía odiarme, me resultó tan extraño recibir una llamada suya. Dudé si cogerla, hasta que leí su mensaje.

ROMA: ¿Estás colaborando con el FBI?

Se la devolví en ese mismo instante y su tono sarcástico me jodió en lo más profundo.

—Hombre, mira quién aparece. Para esto sí te interesa hablar conmigo, ¿no ?

Estaba claro que esa conversación no iba a ser fácil.

—Perdona que no me haga ni puta gracia que me acuses de colaborar con la pasma —le espeté.

—He investigado y tengo pruebas de que lo has estado haciendo.

—Tú no tienes ni puta idea de nada —rugí.

—¿Creías que no iba a averiguarlo? Tantas llamaditas, tanto trabajo, solo era una tapadera para ocultar lo que te traías entre manos. ¿Lo sabe tu prima?, ¿o tu hermano?

—No se te ocurra nombrarlos.

No podía soportar la mordacidad con la que me trataba. Quizá era un puto egoísta, no lo sé. Puede que no me comportara bien, pero no iba a permitir que siguiera hablándome de aquella forma tan despectiva.

—Me ha costado encontrar la información, eso tengo que concedértelo. Y algo me dice que solo es la punta de un iceberg mucho más grande. No voy a parar hasta averiguarlo todo.

—¡Haz lo que te dé la puta gana, como haces siempre!

—¿Quién cojones eres de verdad, Cósomo? Porque ya ni siquiera te conozco. Colaboras con el FBI, me pones los cuernos... ¿Hay algo más que no me cuentes?

—No te pases ni un pelo, Roma. Aquí el de los secretos eres tú. Y tienes uno gigante, además.

—¿De qué estás hablando?

Estábamos teniendo la pelea del siglo y yo iba a avivarla.

—Sé lo que hicisteis en Roma —solté la bomba—. Sé por qué tuvisteis que iros de forma precipitada.

—¿Cómo cojones te atreves? Dijiste que no ibas a investigar más. Otra promesa rota. —Su voz fue un sollozo—. ¿De qué vale tu palabra, Cósomo?

—Te lo pregunté mil veces. ¡Quería enterarme por ti!

—Y como no te lo dije, te tomaste la justicia por tu mano .

—No soy la clase de persona que se queda con los brazos cruzados esperando a que decidas que ha llegado el momento de compartir tu vida conmigo.

—Eres un gilipollas.

—Tú no te quedas atrás.

—Me alegro de que lo nuestro haya terminado. No quiero volver a saber nada de ti en mi puta vida —aseguró antes de colgar, y mis heridas volvieron a sangrar.