64 Ruido
BLAKE
Habíamos conseguido rescatar a Cósomo, pero el estado en el que lo encontramos era lamentable.
Tenía el torso y la espalda llenos de heridas.
Luego me enteré de que habían sido hechas con un látigo y quise volver a matar a Bradley Ford.
Porque sí, había muerto. Y el otro había escapado durante nuestra conversación, antes de que pudiéramos atraparlo.
El rostro de mi primo estaba tan hinchado que los ojos ni siquiera se le veían.
Una cantidad ingente de moratones le cubrían tanto la cara como el cuerpo.
Estaba deshidratado y tenía ambas muñecas desencajadas porque no habían podido aguantar el peso de su cuerpo durante todo el tiempo que estuvo maniatado.
Las manos y los pies los tenía intactos, y me pregunté de quién sería la falange que nos envió el loco del FBI.
—Le he puesto un cóctel de antibióticos y calmantes, lo más probable es que se tire durmiendo varios días. Su cuerpo necesita recuperarse y su mente también —nos explicó el doctor. Luego se dirigió a mi primo, que aún estaba consciente—. Si tienes cualquier síntoma raro, no dudes en llamarme.
—Muchas gracias —contestó él. Su voz era un susurro ahogado—. Me esperan unas vacaciones muy divertidas.
Tía Bianca le regañó por tomarse las cosas tan a la ligera, pero sonrió con las lágrimas bañándole los ojos.
—Doctor, antes de que se vaya, necesito pedirle un favor .
Le di un trozo de folio en el que estaba escrita la dirección de Álex y le pedí que fuera a visitarlo cuanto antes.
Me preocupaba haberle cosido mal la herida del brazo o que esta se le hubiera infectado.
Él aceptó y tío Agostino lo guio hacia la puerta.
Giordano estaba abajo reteniendo a Hudson, que se había negado a marcharse hasta que hablara con Cósomo.
Mamá, tía Bianca y mi abuela estaban a su alrededor, dándole cariñito.
Rosetta se había marchado urgentemente, ya que, como había dicho aquel desgraciado, Palmiro había fallecido en la cárcel.
Lo había asesinado su compañero de celda en lo que se creía que era un ajuste de cuentas.
Solo las cinco familias sabíamos la verdad de lo ocurrido y así debía seguir siendo.
—Blake. —La voz rota de mi primo me hizo daño—. ¿Podemos hablar un momento?
—Pero bueno, ¿nos estás echando? —se quejó tía Bianca, dándole más besos en el pelo de los que pude contar. Supuse que pensaría que ese era uno de los pocos sitios que no le dolerían, pero tenía la certeza de que se equivocaba, porque debía de dolerle todo el cuerpo.
Las tres salieron y nos dejaron a solas.
—¿Cómo estás?
—Como si me hubieran dado una paliza.
—Si tienes ánimos para bromear, en dos días estarás recuperado. —Me dedicó una sonrisa triste y aprecié el esfuerzo del gesto, que casi era solo una mueca—. ¿Por qué me lo ocultaste?
—Ya tenías demasiadas preocupaciones, no quería que sufrieras más. —Toqué su mano para que me sintiera cerca.
—Esto es lo que me hace sufrir, verte así. —Se me escaparon unas lágrimas, pero me apresuré a limpiármelas—. Hubiera hecho lo que fuera porque no estuvieras en este estado. Hubiera preferido mil veces que me ocurriera a mí —aseguré.
—Lo sé, Blake. —Movió los dedos entre los míos, pero no consiguió apretar lo suficiente—. ¿No has pensado que por eso mismo lo he hecho yo?
Nos queríamos con la misma devoción. Mi padre tenía razón, la familia era nuestro punto débil y eso no iba a cambiar jamás.
—¿Y qué puedo hacer yo por ti? Dime, ¿qué necesitas?
—Roma no puede enterarse. No dejes que me vea así, Blake.
—Ey, oye. Es tu novio, ¿por qué no quieres que te vea?
Giró la cabeza hacia el lado contrario a mi voz sin pensar que no podía esconderse de mí.
—Ya no somos nada —aseguró y no lo entendí—. Perdí mi teléfono, así que necesito que le envíes un mensaje desde el tuyo.
Accedí sin saber lo que aquello iba a suponer para todos.
Mientras Cósomo me dictaba la frase que quería enviarle a Romano, notaba cómo le temblaba la voz y supe que no era por el dolor de garganta, sino por otro mucho más profundo.
—¿Estás seguro de esto? No creo que haya vuelta atrás una vez enviado.
—Es lo mejor, Blake. Hazlo.
Con toda la pena de mi alma, pulsé el botón y, con ello, rompí dos corazones a la vez.
YO: Soy Cósomo. Tenías razón, quiero salir con otros. Me he liado con Hudson.