59 Confesiones
ÁLEX
—No me soporto, Álex —confesó, y su voz me resultó casi hiriente—. No soporto vivir así, ser tan cruel, sentir esto.
Estiré el brazo que tenía bajo su espalda y la estreché contra mi cuerpo mucho más fuerte que antes de que se alejara. Dios, necesitaba quitarle esa agonía. Yo la sufriría por los dos.
—¿Qué sientes, Blake?
—Dolor —susurró—. Un dolor tan lacerante que me está comiendo por dentro.
—¿Por tu padre?
En la penumbra de la habitación no podía divisar su rostro y supuse que por eso me lo contaba, porque estaba amparada por la oscuridad. También por ese motivo me atreví a preguntar sin censura.
—La herida por mi padre me ha desangrado tanto que me ha convertido en otra persona. —Se apretó más contra mí, como si pensara que en cualquier momento la iba a apartar—. He alcanzado un nivel de crueldad intolerable. Soy un monstruo.
—A veces, es la única manera de sobrevivir —musité sin saber si le serviría de algo mi comprensión.
Podías pasear por la cuerda floja durante muchísimo tiempo sin que la balanza se inclinara hacia a un lado, pero, en el momento en que lo hacía, debías tener a alguien que te sujetara, pues la oscuridad no era un buen sitio en el que quedarse .
—Aparecieron varios focos de insurrección cuando mi padre murió. Maté al cabecilla de uno de ellos pensando que sentiría algún tipo de alivio, pero no fue así. Fue una ilusión temporal que solo hizo que el nudo en mi estómago se hiciera más grande.
—¿Era la primera vez?
Aún recordaba mi primer muerto y cómo aquello me cambió. Por eso podía entender lo que Blake sentía, aunque a veces no quedara más remedio.
¿Me arrepentía de todo el daño que había provocado? Lo haría por mi conciencia, pero hacía tiempo que había hecho las paces con ella, porque no me importaba ser un monstruo si era para proteger a mi familia.
—No. Y tenía claro que aquel tipo no era buena persona, Álex, pero ni siquiera saber que con su muerte salvaría a mucha gente hizo que me sintiera mejor.
—Se incorporó en la cama y lo hice con ella.
Se apresuró a limpiarse la cara, pero la paré.
Conmigo no tenía que reprimirse—. Terminar con una vida, arrebatársela a sus seres queridos…
es un acto que las personas no deberían permitirse. Nadie debería ostentar tanto poder.
—Blake...
—¿Y sabes qué es lo peor? —me cortó—. Que sé que volveré a hacerlo. Voy a vengar a mi padre y lo haré con todas las consecuencias. ¿En qué clase de persona me convierte eso?
—Es nuestro trabajo —dije, acariciando su espalda.
—No. Es nuestra vida —musitó y sentí cómo se le escapaba un sollozo frustrado—. Quiero llorar mucho, Álex. Todo el tiempo. Hasta quedarme sin lágrimas.
La acuné junto a mi cuerpo y ella se aferró a mi cintura.
—Llora cuanto necesites, solo yo te veré.