58 Sospechas
ÁLEX
Me desperté después de lo que creía que habían sido unas cuantas horas de sueño reparador, pues ya era de noche. Aunque el brazo me dolía horrores, lo primero que hice fue buscar a Blake por la estancia.
Estaba mirando hacia el exterior a través de la cristalera. No se había quitado ni los zapatos, tan inquieta como yo, supuse, por todo lo que había ocurrido en el almacén sin esperarlo.
Quién nos había tendido la trampa sería algo que tendríamos que averiguar juntos. También debía mirar mi teléfono, por si Roma me había escrito algo respecto al tipo que habíamos encontrado muerto. Pero, en ese momento, lo único que quería era estar con ella.
Me levanté muy despacio, sin hacer ruido, y llegué hasta donde estaba. Me situé a su espalda y noté cómo sus hombros se tensaban y cómo su mirada se encontraba con la mía a través del reflejo del cristal.
—La chica de recepción nos ha traído algo de ropa —me contó sin saber lo que pretendía.
Retiré su pelo hacia la derecha y besé ese punto tan sensible de su anatomía que sabía que la volvía loca. Ella me correspondió con un ronroneo y musité en voz baja:
—Quiero oírte gemir de placer.
Rodeé su vientre con mi brazo bueno y volví a besar su cuello, despacio, esperando que lo aceptara, pero con la certeza de que estaba a un solo segundo de apartarse de mí. Cosa que ocurrió incluso antes de lo esperado.
—Voy a por unos cafés.
Salió corriendo sin la cartera, el móvil ni nada que le permitiera pagar, así que supuse que no tardaría en volver. Cogí una botella de agua del minibar y me tomé los antiinflamatorios cuando escuché un golpe en la puerta.
Abrí y era ella. Antes me miraba con deseo, pero ahora lo hacía como si no esperara nada de mí y, a la vez, lo quisiera todo, siempre que fuera yo quien se lo diera.
—Me he dejado la llave.
—Ajá. —No pude evitarlo y sonreí divertido ante su nerviosismo. Por qué me apartaba era algo que comenzaba a comprender, pero seguía dispuesto a ver hacia dónde nos llevaba aquella situación, pues lo mío con Blake no se había acabado ni de lejos, aunque ella jurara que sí.
Teníamos una batalla de miradas que, por primera vez desde que volví, gané yo.
—¡A la mierda todo! —musitó antes de abalanzarse sobre mí.
—¡Cuidado! —La cogí al vuelo con el brazo bueno cuando se enroscó en mi cintura, y pegué su espalda a la puerta para que nos hiciera de soporte.
—Esto no significa que me gustes —aclaró.
Sonreí contra su boca.
—Cállate. —Nos metí en la habitación, cerré la puerta con una pierna y la deposité en la cama.
Ella, agarrada a mi cuello y a mi cintura, me besaba con un ansia tan desmedida que todo mi cuerpo temblaba ante su contacto.
—Seamos dos desconocidos. Volvamos a ser dos chicos en una discoteca, ¿vale, Ojos azules ? —Suplicó.
—Eso no va a funcionar.
—¿Seguro? —Lamió mi labio inferior mientras yo tomaba su mentón con la mano para que me mirara.
—Quiero follarte siendo yo. Quiero que me folles y sentir a la Blake que me vuelve loco en cada jodido poro de mi piel. —Mordisqueé su barbilla, haciéndola jadear—. Quiero que te estremezcas por mí y que pienses en mí mientras lo hago.
—Álex...
—Dime lo que quieres tú, Blake.
—A ti. A ti, en todos los sentidos. —Soltó esa afirmación contra mi boca y fue tan contundente que aún hoy sigue provocando el mismo efecto en mí al recordarla.
Blake se deshizo de la ropa con una prisa delirante y luego me ayudó a quitarme el pantalón y el bóxer, que era lo único que llevaba puesto.
Sentada en la cama, mi erección quedaba a la altura de sus ojos, y se humedeció los labios sin poder contener la sonrisa.
—Me miras y me excito —confesé—. Y sería capaz de pasarme con una erección cada puto minuto que estoy a tu lado o pensando en ti. ¿Te haces una idea de lo que ha sido estar separado de ti todo este tiempo? —Me agaché y pegué su frente a la mía—. ¿Sabes el tormento al que me sometes, Blake?
Nuestros labios se rozaron y volvimos a besarnos, desesperados por tomar más del otro. Por tenerlo todo.
—Déjame compensártelo.
Se metió la erección en la boca y me arrancó un jadeo entrecortado. Recogí su pelo con la mano y la embestí mientras ella apretaba mis nalgas con desesperación, sin dejar de mirarme.
—No quiero correrme así. —Me aparté.
—¿Tienes preservativos?
—En la cartera.
Cogió uno y me lo colocó con una dulzura exquisita. Luego hizo que me tumbara y se subió a horcajadas encima de mí, marcando el ritmo del encuentro. Nos contemplamos durante lo que pareció una eternidad mientras nos movíamos al unísono .
Ambos estábamos totalmente entregados a lo que nos hacíamos sentir el uno al otro, pero vi algo más en Blake. Un anhelo, una pasión desbordante, una decisión. Y entonces supe que era cierto, que sentía lo mismo que yo, pero se lo había negado a sí misma durante demasiado tiempo.
Me incorporé para meter uno de sus pezones en mi boca. La hice vibrar y jadear hasta quedar extasiada. Le di todo lo que quería sin necesidad de ponerlo en palabras y ella me correspondió sin saber siquiera que lo hacía.
Escuchar sus gemidos en mi oído mientras me fundía con su cuerpo era todo lo que le pedía a la vida a partir de entonces.
Así de gilipollas era. Así de loco por ella estaba.