Superstición: El poder de la mafia (La mafia más oscura 2) 51 El desafío
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51 El desafío

BLAKE

Desde el rascacielos más alto de Nueva York contemplaba mi ciudad. Las calles que me habían visto crecer, la vida que había disfrutado... Todo estaba allí, oculto tras edificios gigantes que empequeñecían a las personas.

Y muchos de ellos eran nuestros.

La cadena de hoteles De Lucchi se erigía más allá de donde alcanzaba la vista y silenciaba la verdadera realidad que emergía del asfalto.

Mientras las personas caminaban de un sitio a otro, perdidas en el curso de sus vidas, yo estaba concentrada en la frontera.

La que dividía el bien y el mal, el corazón y la razón, la suerte y el destino.

Había heredado el negocio de la peor forma posible y ahora tenía que ser la cabeza de familia, tenía que enfrentarme a mis peores pesadillas y me había preparado para ello, me enseñó el mejor. Aunque mi padre nunca había pretendido que mi corazón se convirtiera en piedra.

Él quería a mi madre como a nadie, era el amor de su vida.

Y me quería a mí, a mis tíos, a mis primos y a mis abuelos.

Por ello me resultaba tan difícil seguir sus pasos, continuar el camino que él había preparado tan sabiamente para mí.

Porque yo nunca sería como él. Tan dura y bondadosa.

Tan noble y fuerte. Pero lo intentaría. Desde lo más profundo de mi ser.

Lo último que me pidió antes de morir fue que vengara su muerte.

Él estaba seguro de que aquello debía haberlo orquestado alguien que nos conocía muy bien, puesto que consiguieron acercarse demasiado.

Entraron en nuestra propiedad. En nuestro territorio.

Hice la firme promesa de descubrir quién había sido.

Se la hice a él y me la hice a mí misma.

Y nada ni nadie me impediría cumplir su última voluntad. Haría de ella mi misión personal.

Pero eso que me había pedido mi padre era lo mismo que me ponía en un aprieto, porque debía desconfiar hasta de mi propia sombra.

Debía posicionarme por encima de lo que era ahora, ver las cosas en perspectiva, distanciarme del presente.

Tenía que descubrir a la líder que había en mí, a la estratega, a la mafiosa. Y no estaba siendo una tarea sencilla.

Mi abuelo siempre decía que a una persona no la hacía grande quien era, sino quien tenía alrededor. Si te rodeas de tu gente, si esa gente te es leal, es porque tú demuestras que merece la pena que te sigan. ¿Cómo romper con aquello que tenía tan arraigado?

Ayudaba que la gente solo viera lo que quería ver.

Ayudaba poder ocultarse a plena vista.

Escuché el sonido de la puerta abriéndose y me giré hacia ella.

No sabía si iba a ser capaz de encontrar esa parte de mi humanidad que veía perdida, pero parecía que el destino había jugado sus cartas, porque si alguien podía conseguirlo, era él.

—Hola, Álex.