Superstición: El poder de la mafia (La mafia más oscura 2) 50 La no cita
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CÓSOMO

Álex me había pedido que fuera a su casa.

Su plan era algo descabellado, pero accedí a ayudarlo.

Al fin y al cabo, no había mucho más que hacer, y que Blake volviera a sonreír sería un bálsamo para mi tormento.

Aún no había recibido instrucciones del FBI, aunque no pensaba mover un dedo para ayudarlo a lo que fuera que pretendiera. Eso lo tenía claro.

—No sé si mi prima aceptará, ahora mismo tenemos muchos frentes abiertos.

—Eso déjamelo a mí. Tengo un as bajo la manga.

—¿Por qué te esfuerzas tanto con lo mal que se ha portado contigo? —soltó Roma y lo miré mal.

Que tuviera una guerra abierta con Blake no me hacía ni puta gracia y él lo sabía. Además, no era justo para Álex, que tenía ilusión por esa reconciliación.

—Podrías cortarte un poco, ¿no crees? —Estaba harto de su actitud y frenético por todo lo que estaba ocurriendo a nuestro alrededor.

Roma se quedó mirándome, pero tuvo el acierto de no contestar. Estaba muy cabreado.

—Bueno, ¿qué ropa te vas a poner?

Julia comenzó a inspeccionar el armario de Álex y este la cogió en peso y la sentó al lado de Bass como si fuera una pluma.

—Que te emocionas, cuñada. Ya tengo la ropa elegida .

Todos empezaron a dar una opinión que, por otra parte, Álex no les había pedido, mientras yo me quedaba pensativo, sopesando lo que iba a hacer a continuación.

—Nosotros podíamos ir al Lumière esta noche. —No me di cuenta de que me hablaban a mí hasta que Julia chasqueó los dedos delante de mi cara.

—Claro —acepté sin pensar.

Cuando salimos de la habitación y nos quedamos a solas, me encaré con Roma.

—Me gustaría que dejaras de hablar así de mi prima.

—¿Acaso estás de acuerdo con su comportamiento?

«¡No! ¡Por supuesto que no!», quise gritar. Incluso a mí me intimidaba en lo que se estaba convirtiendo, pero esa no era excusa para sus salidas de tono.

—No me hagas elegir, por favor —casi rogué. No. Estaba seguro de que mi voz sonó como un ruego en toda regla.

—¿Porque la elegirías a ella?

—Porque os comprendo a los dos. Todos somos el bueno y el malo de la historia según el momento, ¿no lo entiendes? Esta vez le toca a Blake ser la mala y yo voy a estar ahí para apoyarla. Siempre.

Mi móvil comenzó a sonar y lo saqué del bolsillo. Era un número desconocido. ¡Joder! Colgué la llamada y lo puse en silencio.

—¿Quién era?

—Trabajo.

Blake la estaba cagando con Álex y yo no quería seguir su ejemplo, pero Roma también tenía sus secretos. Esa normalidad de ocultarnos las cosas que se había instalado entre nosotros no me gustaba en absoluto.

—¿Y no lo coges?

—Puede esperar. Esta conversación es más importante.

Me miraba con desconfianza. Me la merecía .

—Sé que tu prima no quiere herirlo a propósito, pero lo hace. Y no voy a dejar que mi hermano sea un daño colateral en su búsqueda de venganza.

—¿No crees que Álex puede luchar solo esa batalla?

Roma curvó los labios en una mueca cruel. Una que jamás le había visto antes.

—Él luchó a mi lado cuando yo lo necesité. La familia está por encima de todo, Cósomo.

Eso dolió. Joder si dolió. Claro que no éramos familia, pero de verdad pensaba que era alguien importante en su vida. Quizá Fiona estuviera equivocada y el que acabaría sufriendo en esta relación sería yo. Algo que no estaba dispuesto a permitir.

—Voy a mi casa a cambiarme.

Comencé a andar, pero Roma me cogió de la muñeca.

—¿Te vas sin despedirte?

Me miraba con nostalgia, con anhelo. Con una vulnerabilidad que yo conocía muy bien, pues estaba seguro de que era esa misma mirada la que le estaban devolviendo mis ojos.

Me acerqué a darle un pico que él recibió con el ardor de siempre. Metió la mano por debajo de mi camiseta y acarició mi vientre, pero lo paré.

—Ahora no.

Estaba agobiado, muy agobiado. Giré sobre mis pies, bajé las escaleras, me despedí de todos y me marché de allí sin mirar atrás.