48 El ajedrez de la vida
BLAKE
Después de almorzar en familia, me quedé jugando una partida de ajedrez con mi abuelo. Él siempre me hacía sentir mejor, conseguía dar claridad a mis pensamientos y calma a mis inquietudes.
Mi madre había subido a su habitación junto a tía Bianca y mi abuela, que aún no se acostumbraban al hueco vacío que había dejado mi padre en la mesa.
—Espero que estén bien —comenté, acompañándolo hasta su sillón.
Dispuse el tablero en la mesa y coloqué cada pieza con sumo cuidado, ya que era muy antiguo.
—Los muertos no se van, aunque ya no estén, pues permanecen en nuestros recuerdos.
Suspiré recordando la carta. Tendría que hablar con Cósomo, a ver si había podido echarle un vistazo. Giordano estaba investigando los números que había encontrado en casa de John, pero tampoco me había comentado nada al respecto.
—Siento que hay algo que se nos escapa, abuelo.
La mano le tembló en la empuñadura del bastón, antes de dejarlo a un lado.
—Inicia la jugada, hija.
Moví un peón en su dirección y él hizo lo propio sin dejar de observarme. Podíamos tirarnos toda la tarde con una sola partida, ya que aquel juego era de estrategia, no de rapidez.
—Ojalá pudiera darte todas las respuestas para no fallar nunca, pero a vivir se aprende viviendo, Blake.
No hay ningún secreto oculto o forma mágica para pasar por la vida sin heridas.
—Hizo otro movimiento mientras yo lo observaba a él, atenta a sus palabras—.
Tú eres muy joven, ahora es cuando estás empezando a entender que la vida te va a golpear muy fuerte, una y otra vez, hasta romperte.
El único consejo que puedo darte es que te levantes cada vez.
Con o sin fuerzas. Que te levantes. Siempre.
Volví a mirar al tablero y pensé muy bien mi siguiente movimiento. Tanto que incluso mi abuelo supo que mi mente estaba muy lejos de aquella partida.
—¿Recuerdas cuál es la pieza más importante del ajedrez? —preguntó, en una de sus maravillosas lecciones.
En teoría, era el rey. Sin embargo, él me había enseñado que, en la práctica, la reina era mucho más poderosa, aunque yo tenía la sensación de que también era la más inútil.
—La reina.
Asintió.
—Blake, eres la pieza más importante del tablero, aunque te creas atada. Cuando llegue el momento adecuado, tendrás todo el poder.
Moví la torre y él se lanzó a por el caballo.
—Jaque —dijo, sitiando al rey, cuando tío Agostino entró en el salón, interrumpiéndonos.
—Han detenido a Palmiro Inchenza.
—¿Qué? —Me asombré—. ¿Cómo ha sido?
—Una redada en uno de sus nuevos locales. Han encontrado un cadáver escondido en un baúl. —Torció el gesto con evidente desagrado—. Matteo, Elio y Fredo se están haciendo cargo y Rosetta viene de camino.
¿Habría sido el tipo del FBI? A nosotros no había vuelto a molestarnos y, aunque pudiera parecer absurdo, aquello llevaba preocupándome varias semanas. Como siempre decía mi abuelo: « Donde hay vida, hay problemas». Y aquí había mucho de ambas cosas.
—Se dice que la edad hace a los hombres más humildes, pero es una gran mentira. La debilidad, el sentirse vulnerables, es lo que los hace revolverse. Lo peor de un cobarde es que hace falta ser uno para reconocer a otro.
—¿A qué te refieres, abuelo?
—Son tiempos convulsos. Muchas cosas están cambiando —musitó con pesadumbre.
Yo sabía que Palmiro se sentía culpable por la muerte de mi padre y en el velatorio me dijo que se encargaría de ello. Que se lo debía.
Me levanté y di una disculpa. Tenía que hablar con mis primos.