Superstición: El poder de la mafia (La mafia más oscura 2) 42 Bajo presión
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42 Bajo presión

CÓSOMO

Había vuelto a mentirles a Blake y a Giordano y me sentía como el culo. Siempre nos lo contábamos todo, por eso esta situación era tan rara, pero es que ellos no podían hacer nada al respecto y odiaba darles más preocupaciones.

Tenía que despejarme y conocía el mejor sitio para hacerlo: allí donde estuviera Roma.

— Ragazzo —me saludó Fiona con una sonrisa radiante cuando me abrió la puerta de su casa—. ¿Cómo va nuestro asunto?

Tuve que reírme, porque sabía que se refería al tema de la universidad.

—Estoy en ello, pero tu niño es un hueso duro de roer.

—¡Qué me vas a contar que yo no sepa! Mi Roma ha sacado el carácter de su padre.

—Pues ya me darás algún truco para lidiar con él. —Le guiñé un ojo y ella me palmeó el brazo.

—¡Calla! —Pareció ruborizarse—. Anda, ve, está en su habitación.

Fiona volvió a su tarea y yo subí las escaleras hasta el cuarto de Roma, pero una chica seguida por Bass me interceptó en el pasillo.

—¡Hola! ¿Tú eres Cósomo?

Parecía muy pizpireta, como si no pudiera estar sin moverse durante cinco segundo seguidos. El flequillo le tapaba las cejas y unos ojos tan brillantes como dos luceros me inspeccionaban sin descanso.

—El mismo. Tú debes de ser Julia.

—¡Sí! Mi cuñado te ha hablado de mí, ¿eh? Si es que lo tengo enseñado. —Se carcajeó mirando a Bass y luego me dio un gran abrazo.

—Vaya, qué efusividad —dijo Álex, saliendo de su habitación. Ella le sacó la lengua, divertida—. A mí me costó bastante más que me hablaras sin la palabra «capullo» delante.

—¿Qué quieres que te diga? Por aquel entonces estabas muy pagado de ti mismo, alguien tenía que bajarte los humos.

—Todavía lo sigue estando —dijo Bass sin cortarse un pelo.

Álex le dio un puñetazo en el brazo y empezaron a pelear como dos críos, con tortazos y patadas que más que hacerles daño, los entretenían.

El revuelo alertó a Roma, que salió de su habitación sin camiseta.

—Impresionante. —No me di cuenta de que lo decía en voz alta cuando vi que todos me estaban mirando. Julia incluso se acercó a limpiarme la baba imaginaria de la barbilla. Ya me caía bien.

—Está bueno mi cuñado, ¿a que sí?

—¡Julia! —Roma puso los ojos en blanco mientras Bass soltaba una carcajada.

—¿Qué? Yo solo constato un hecho.

—Anda, vamos a mi habitación —me pidió.

—Eso, id a pasarlo bien —insinuó Bass alzando las cejas.

—Espera un segundo. —Álex entró en su habitación y volvió con una llave que reconocí como la del ascensor de la azotea del hotel De Lucchi Confort—. Tenía pendiente devolvértela.

—Quédatela, quizá la necesites. Blake pasa mucho tiempo allí últimamente.

Frunció el ceño, pero se la guardó en el bolsillo.

—¿Cómo está? —Bass y Julia lo miraron con sonrisas picaronas—. ¿Qué? No voy a dejar de preocuparme por ella porque no me corresponda, no soy tan cabrón.

Ladeé la cabeza y lo miré con curiosidad. Me encantaba Álex para mi prima, pero ella estaba tan centrada en la venganza que no dejaba espacio para nada más. Ni siquiera para nosotros. Creía que mantenerse ocupada le ayudaría a no pensar y, en lugar de eso, no dejaba de darle vueltas a la cabeza.

—Se ha encerrado en sí misma, pero Giordano y yo la hemos chantajeado para que venga con nosotros esta noche al Lumière.

—¿Así que tiene tiempo para fiestas y no para mi hermano? —La voz de Roma destilaba sarcasmo y lo miré con mala cara.

Claramente, nadie tenía ganas de fiesta. Ni siquiera yo. Pero Giordano y yo creíamos que llevarla al Lumière era el golpe de efecto que necesitaba para despertar. Su cumpleaños le recordaría toda la vida la tragedia, pero tenía que enfrentarse a ello, no evitarlo.

—Mi prima no duerme, apenas come y la amargura la está consumiendo —le expliqué—. Si el dolor tuviera presencia, sería la de Blake, así que te pediría por favor que no volvieras a cuestionarla.

Julia puso una mano en mi hombro.

—Iremos todos.

—Yo no pienso poner un pie allí. —Álex se cruzó de brazos—. No quiero que piense que he ido a buscarla.

—Sí que lo harás —le ordenó su cuñada. Luego se giró hacia mí—. Allí estaremos, quiero conocer a tu prima.

—Tú no te metas —volvió a decirle Álex.

—Impídemelo —lo desafió.

Él no lo dudó ni por un instante. Echó a correr detrás de ella, que había adivinado sus intenciones y ya bajaba las escaleras en busca de Fiona, con Bass detrás riendo a mandíbula batiente.

Roma y yo nos miramos, todavía tensos por nuestro desencuentro anterior.

—Me molestan mucho esos comentarios, Roma. Blake lo está pasando muy mal.

Se acercó a mí, cogió mi cara entre sus manos y me dio un beso tierno en la nariz. No pude evitar sonreír.

—Perdóname, ¿vale? No pretendía ser tan capullo.

—Pues córtate un poco, por favor. No quiero estar en medio de mi prima y de mi chico.

—¿Tu chico? —Alzó una ceja, presuntuoso.

—¿Mi novio? —volví a probar. No pudo contener su sonrisa.

—No lo sé, no me lo has pedido formalmente.

—Lo estoy haciendo ahora mismo.

—Entonces... —se hizo el interesante—. Puede.

—¿Puede? ¿Cómo que puede? —Me puse a hacerle cosquillas hasta que corrió de mí, metiéndose en su habitación y tumbándose en la cama.

Me coloqué a horcajadas sobre él.

—Vale, vale. Seré tu novio. Ya que insistes...

—¡Serás! —exclamé, dándole besos ruidosos por la cara y el cuello.

—¡Para! Mi madre va a subir a buscarnos como nos escuche.

—Mi suegra me adora.

—Así que tu suegra...

Mi móvil vibró en el bolsillo de mi pantalón. Le había quitado el sonido para que no me jodiera la existencia, pero no podía ponerlo en silencio o corría el riesgo de perderme alguna llamada importante.

—O escondes algún juguetito o alguien te reclama —dijo Roma, pinzándose el labio. Miré el teléfono y, efectivamente, era un número desconocido—. Anda, cógelo. Voy a vestirme.

Hizo amago de levantarse, pero se lo impedí. Corté la llamada y volví a guardármelo en el bolsillo.

—Ni de coña. Esta es la mejor parte de mi día.

Mordí su sonrisa y me lo comí entero.