Superstición: El poder de la mafia (La mafia más oscura 2) 35 Tensión
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35 Tensión

ROMANO

Cósomo nos ofreció unas cervezas y nos sentamos a charlar en las tumbonas del jardín. Álex estaba a mi lado, parapetado tras sus gafas de sol. El resto hablaban, reían y se bañaban en la piscina. Estábamos sutilmente aislados, pero no me importaba. Tenía conmigo todo lo que necesitaba.

—¿Cómo se hizo Blake esa cicatriz? —preguntó Álex.

—¿Cuál de todas?

—La del costado.

Cósomo miró a su prima y pude reconocer el momento en que su mente volvió al pasado.

—La apuñalaron hace unos años, en una reyerta en el West Harlem.

—¿Cómo fue?

Me fijé más en ella. Estaba cuchicheando con sus amigas e ignorando deliberadamente a mi hermano.

No quería pensar mal, sabía que tenía que disimular ante su futuro compromiso, aunque no conocía el motivo, pero ver el dolor emanando de Álex, por mucho que intentara ocultarlo, me jodía en lo más profundo.

—Lo de siempre, la banda principal del West no quería pagarnos por dejarles trapichear en las calles. Decían que eran suyas y tuvimos que demostrarles su error.

No me pasaban desapercibidas las miradas que Álex y Blake se lanzaban cuando pensaban que el otro no los observaba. Parecían estar luchando por el control, sin tener ni idea de que aquella era una batalla perdida de antemano.

—Ey, amor, ¿estás bien?

—Sí, solo pensaba.

—¿Y cuánto hay que pagar porque compartas esos pensamientos conmigo?

—No sé si te iban a gustar. —Di un trago a mi botellín.

John se acercó a Blake, le tendió un cóctel verde, parecía un mojito, y le dio un beso en la mejilla. Miré a mi hermano, que tenía los nudillos blancos por la rabia con la que apretaba su cerveza.

—Prueba —me dijo Cósomo. No lo dudé.

—Esto era lo que quería el rubito al invitarnos, darle en las narices a Álex, y se lo hemos puesto a huevo.

—Por mí no tienes que preocuparte, Roma —aseguró como si no conociera yo de qué pie cojeaba—. Estoy muy por encima de eso.

Ya, claro. Los celos le comían por dentro, pero no iba a mostrarlo. Si es que en mi familia éramos únicos para ocultar sentimientos, joder. Todos menos Bass, que parecía sacado de una comedia romántica.

—A John siempre le ha gustado quedar por encima y lo está disfrutando. Intentad ignorarlo y vamos a pasarlo bien. —Cósomo propuso un brindis y chocamos nuestros botellines cuando su móvil comenzó a sonar.

Frunció el ceño casi imperceptiblemente y cortó la llamada.

Desde que había vuelto lo encontraba algo distante, pero lo achacaba a que su vida había cambiado inexorablemente y quería darle margen para no agobiarlo.

El problema era que yo deseaba confiar en él, pero no estaba ciego.

Llevaba varias horas observando su comportamiento y sabía que su sonrisa no era del todo completa.

—¿Y tú estás bien?

—Sí, solo es trabajo. —Puso el móvil en silencio y se lo volvió a guardar en el bolsillo—. La semana que viene tengo que ir a ver algunos negocios, ¿me acompañarías?

Me encogí de hombros.

—Claro, así aprovecho para visitar también los nuestros.

—¿Eso es lo que realmente quieres?

—¿A qué te refieres?

—Recuerdo que dijiste que te gustaría seguir estudiando Telecomunicaciones en Nueva York. ¿Todavía lo piensas?

—Sí, lo pienso, pero no creo que sea el momento. Puedo esperar perfectamente un año a ver cómo avanzan las cosas.

—Para eso ya estamos Bass y yo —dijo Álex, que parecía ignorar nuestra conversación para darnos privacidad, aunque yo sabía que lo estaba escuchando todo—.

Tú deberías estudiar, así alguien le da una alegría a la mamma para variar.

—Usó el italiano para acentuar su tono irónico, pero en sus palabras había mucha verdad latente.

Si fuera por mi madre, hubiéramos llevado una vida muy diferente.

—Las clases están a punto de empezar, Roma. Mi padre puede conseguirte una entrevista con el encargado de admisiones con solo chasquear los dedos.

Me eché hacia atrás, sopesando sus palabras. Nada me gustaría más que seguir estudiando, pero no estábamos en Nueva York para continuar con nuestras vidas precisamente, sino huyendo de algo, e ignorarlo me hacía sentir culpable.

—Ya veremos —contesté y cambié de tema—. ¿Qué pasa entre tu hermano y esa chica?

Cósomo miró hacia donde se dirigía mi vista. El tal Fredo estaba sentado junto a Martia en una toalla y reían sin parar. Giordano se acercó por detrás y cogió a Fredo del cuello.

—Que se va a liar. —Se levantó como un resorte para ponerse entre medio de los dos. Yo iba a ir tras él, pero Álex me cogió del brazo.

—No es nuestra pelea.

¿No lo era? Porque todo lo que tuviera que ver con Cósomo me afectaba, quisiera él o no.

—¡Deja en paz a Fredo! —gritó Martia para cortar la pelea e hizo que hasta el aire se parara—. Podría enamorarme de él, ¿sabes? No es tan capullo como tú. Me valora y me respeta.

—Pero ¿qué cojones...? —Giordano se llevó las manos a la cabeza—. Yo también te valoro y te respeto, Martia, joder, te quiero.

—Pues tienes una forma muy curiosa de demostrármelo. —Ella hacía aspavientos con las manos—. ¡Llevamos más de un año liándonos y ni siquiera sé qué somos!

—¿¡Tengo mucha presión encima y tú me vienes con esto!? —Giordano se abalanzó hacia ella, le rodeo la cara con las manos y expuso sin dudar—: ¡Eres mi novia, maldita sea! ¡Quiero la etiqueta y lo quiero todo, así que pobre de aquel que se atreva a acercarse a ti!

Le devoró los labios y luego la cogió en brazos, supuse que para continuar con lo que habían empezado en la intimidad. Fredo se fue con los que creía que eran Elio y Matteo por el camino hacia la playa, y Cósomo se quedó hablando con Blake.

—¡Muy bien, se acabó el espectáculo! —decía el rubito mientras se acercaba a nosotros—. ¿Os lo pasáis bien?

—De puta madre —canturreó Álex sin cambiar de postura.

—Fredo y Giordano se reconciliarán en un rato. —Dio un trago a su vaso, parecía ron—. Puede que vosotros no lo entendáis, pero todos los que estamos aquí somos una pequeña familia y nos defendemos los unos a los otros.

—No te ofendas —dijo Álex—, pero no tengo el menor interés en seguir de cerca ese culebrón.

—Y por eso vosotros nunca perteneceréis a esta familia. —Sonrió como si la afirmación de Álex lo hubiera tranquilizado—. Si conocieras a Blake como yo, sabrías que pocas cosas le importan más en esta vida que sus primos .

Desprecio, burla, querer quedar por encima de los demás..., joder. Aquello parecía un paseo por mis recuerdos. Odiaba que mi hermano pasara por algo similar.

—Por eso eres tú el que se va a casar con ella, ¿no? —Por mucho que me lo imaginara, jamás sabría lo que le costó a Álex pronunciar aquellas palabras.

—Exacto, me alegra que sepas dónde está tu lugar en todo esto. —Esbozó una sonrisa—. Un placer haberte invitado, seguid disfrutando del día.

Giré la cabeza hacia mi hermano y pude comprobar la tensión de su mandíbula.

—Álex...

Lo que dijo a continuación me hizo saber que sus pensamientos eran mucho más profundos de lo que se veía a simple vista. Mi hermano era un iceberg contra el que el rubito no tardaría mucho en chocar.

—A veces hay que replegarse para atacar con más fuerza, Roma. No tenemos que ganar la guerra hoy, luchemos la batalla.