31 Sueño o pesadilla
ÁLEX
Pese a que el rubito quisiera hacer notar su presencia, cuando Blake salió del coche, solo tuve ojos para ella.
Era tan preciosa como la recordaba. Quizá estaba un poco más pálida y un poco más ojerosa, y parecía haber adelgazado demasiado para los pocos días que habían transcurrido, aunque a veces me daba la impresión de que habían pasado semanas desde que no la veía.
Iba vestida con un vaquero que se ceñía a su estupenda silueta, una blusa negra holgada y unos tacones de infarto.
El pelo, largo y liso, caía por su espalda como una manta.
Sin embargo, noté algo diferente en su mirada. Ahora era triste y fría como el hielo. Estaba convencido de que esa mirada podría congelar el mismísimo infierno. Ya la había visto antes en otros ojos y significaba venganza.
Me retiré de mi hermano y su novio, que se habían besado y se estaban haciendo arrumacos.
Cabeceé a modo de saludo en dirección al pijo rubito e hice ademán de acercarme a Blake, pero no me lo permitió.
Estaba distante. Muy lejos de mí, y podría asegurar que también muy lejos de todo lo que había a su alrededor.
Y no era porque el pijo estuviera a su lado, era otra cosa.
Si no la conociera como creía conocerla, podría haber jurado que se había despojado de su alma. Desde luego, esa no era mi Blake .
Las palabras que realmente quería decir flotaban entre nosotros, pero, en vista de su actitud, no me atreví a pronunciarlas. En cambio, opté por darle el pésame que no le di el último día que la vi. Cuando todo ocurrió.
—Siento mucho tu pérdida.
Ella asintió casi imperceptiblemente.
—Gracias —espetó de forma gélida.
Intenté descifrarla, pero su mente me resultaba infranqueable.
—Yo me voy ya. Te recojo el sábado —interrumpió el rubito dándole un beso en la mejilla. Luego se giró hacia nosotros—. Nos vamos el fin de semana a los Hamptons, estáis todos invitados.
¿Que se iba a pasar el fin de semana con él?
Mis labios se curvaron en una línea arrogante, impidiendo que ese hecho me afectara. El rubito no esperó respuesta. Se montó en el coche y se marchó.
Volví a mirar a Blake. Quería decirle que la había echado de menos, que estaba aquí para lo que ella necesitara, que su herida era la mía y que yo la ayudaría a curarla, pero, en lugar de eso, callé e intenté demostrárselo con hechos.
Fui a tocarla, pero se retiró. Me quedé petrificado.
Era la segunda vez que me rechazaba en pocos minutos y no entendía el porqué.
Intenté que nuestras miradas conectaran, pero apartó la suya.
Nunca me habían angustiado tanto los sentimientos, sobre todo los que me eran tan desconocidos, pero en ese momento quise romper con todo. Quise gritar, pegarle a una pared, zarandearla para que despertara. ¿Qué pensamientos estarían rondando en su cabeza?