Superstición: El poder de la mafia (La mafia más oscura 2) 29 Enfrentados
38%

29 Enfrentados

CÓSOMO

Habían pasado varios días desde que Roma me envió aquel último mensaje en el que decía que tardaría un tiempo en volver.

Blake se tragaba sus sentimientos y vomitaba pura indiferencia, como si ser cruel fuera un requisito indispensable para llevar las riendas del negocio, y Giordano se pasaba las horas encerrado en su sala de vigilancia.

Que yo supiera, no había visto a Martia en todo ese tiempo y me preocupaba que su relación se estuviera enfriando tanto como él mismo.

Y yo... yo necesitaba desahogar la adrenalina que contenía mi cuerpo y el gimnasio se había vuelto mi escondite en la mansión. Allí no escuchaba los lamentos de tía Lena, de mi madre o de mi abuela, ni me impregnaba de la tristeza que reinaba en su interior.

Pasaba la una del mediodía cuando mi hermano me llamó e intuía que era para algo importante.

—Tenemos compañía. —Señaló una de las pantallas, en la que había un tipo rubio con aires de grandeza y los brazos cruzados, esperando en la verja de la entrada. Era el del FBI.

—Según el reconocimiento facial, su nombre es Bradley Ford. Lleva más de veinte años como agente federal, lo reclutaron a los dieciocho. Es de Georgia. No está casado y tampoco tiene familia. Sus padres murieron hace tiempo y es hijo único.

—El agente perfecto —comenté mirando de nuevo a la pantalla—. ¿Y qué mierda hace aquí?

—No tengo ni idea, pero creo que deberíamos preguntárselo.

—¿Has avisado a Blake?

Él negó con la cabeza.

—Ha salido con John.

Arrugué la nariz.

—¿Otra vez?

Gio se encogió de hombros.

—Papá se lo ha pedido y a mí me parece bien, así al menos se despeja un poco.

Estaba seguro de que para mi prima esa salida sería más un suplicio que una vía de escape y no dudaba de que quisiera perder a John de vista.

—Seguro que no le importa que la interrumpamos. Voy a llamarla para que venga.

Saqué mi móvil, pero Giordano me paró.

—Suficiente tiene con lo que tiene, ¿no crees?

—Lo que creo es que no querrá que se lo ocultemos.

Por muy irónico que resultara, ya que yo tenía información sobre los Cabante que no le había contado a nadie, no estaba dispuesto a guardar más secretos. Mi hermano puso los ojos en blanco.

—Está bien. Yo la aviso, tú despáchalo.

Necesitaba algo de acción, así que no me quejé. Me crují los nudillos, preparado para el asalto.

—Dile a los de seguridad que lo dejen pasar.

Puse rumbo hacia la entrada y esperé hasta que lo vi venir custodiado por dos de nuestros hombres.

—¿Podéis alejaros unos metros, chicos? —les pedí, porque no quería que nadie más estuviera al tanto de la conversación.

—¿Dónde está tu prima? —me preguntó mientras me dirigía a una esquina de la casa con él pisándome los talones.

—¿Qué mierda haces tú aquí?

—Eres solo un crío. Esto es entre tu prima y yo.

Coloqué los brazos en mi cintura y sonreí con picardía .

—Pues este crío es lo único que tienes, así que desembucha.

Bufó como si no tuviera ningunas ganas de tener esa conversación conmigo.

—Dile a Blake que va a ayudarme con los Inchenza o la encerraré en la peor prisión que encuentre por matar a su padre.

«¿Qué coño...?». Me envaré.

—Mi prima jamás le hubiera hecho nada a su padre.

—Eso nadie lo sabe. —Sonrió con soberbia—. Quizá la ambición pudo más que la sangre.

—Deja de molestarnos de una puta vez. Ninguno de nosotros te va a ayudar, y menos con amenazas absurdas.

—No pienso irme a ninguna parte —siseó—. Me dijiste que no olvidaría tu nombre, pues ahora tú tampoco vas a olvidar mi cara.

—Eso ya lo veremos.

Escuché un ruido y me sorprendí al encontrar a Roma y a Álex mirándonos desde la entrada.

—Dile a tu prima que no puede esconderse de mí para siempre o será ella la que me las va a pagar, y muy caro —susurró Bradley Ford antes de marcharse.