Superstición: El poder de la mafia (La mafia más oscura 2) 28 Mi legado
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28 Mi legado

BLAKE

Me parecía increíble que acabáramos de firmar la aceptación del testamento.

La mayor parte de nuestra fortuna estaba invertida en bienes inmuebles: la mansión, los coches, la cadena de hoteles, la fundación, de la que yo ya poseía el cincuenta por ciento…

Mi padre lo había dejado todo muy bien atado.

Incluso había dejado una carta para mí en un sobre lacrado, que el albacea me pidió que abriera a solas. La curiosidad me podía, así que me ausenté un momento y leí sus palabras con atención:

Blake,

Si he muerto, espero que te llegue esta carta.

Digo «espero» porque un padre siempre quiere que sus hijos le sobrevivan. Esa es la ley de la vida. Pero en el mundo en el que vivimos la vida es simplemente… cruel.

Si recibes esto es porque hemos tenido esa gran suerte, por lo que hay algunas cosas que tengo que pedirte:

Primero, cuida de los que siguen vivos. Ama incondicionalmente a la familia que tienes, porque ellos son el camino para conseguir todos tus propósitos .

Segundo, confía en ti misma. Busca dentro de ti las respuestas a todas las preguntas que te estás haciendo porque, muy en el fondo, sé que las sabes.

Tercera, juré no revelar nunca este secreto y solo dormiré tranquilo para el resto de la eternidad llevándomelo a la tumba. Pero puedo decirte algo: en la verdad hallarás la libertad.

Hay una palabra que ha definido toda mi existencia y mis acciones. Quiero que esta palabra te guie ahora y siempre: «Lealtad».

Hija mía, amo con locura a tu madre, daría la vida por ella. Pero quiero que sepas que tú eres la única persona por la que iría al infierno. Desde que naciste he vivido para ti, mataría por ti, te he protegido siempre, me necesitaras o no, y, aun muerto, seguiré junto a ti eternamente.

Blake, si te enseñé bien, y sé que lo hice, sabrás qué hacer cuando yo no esté.

Te quiero, tesoro.

«Tesoro». Mi padre nunca me había llamado así. No pude dejar de pensar que sus palabras encerraban un significado oculto. Tendría que releer mil veces esa carta hasta encontrar la verdad que él me pedía.

Cuando salimos del despacho del albacea de la familia, mi madre puso una mano sobre mi hombro.

—Ahora todo lo de tu padre es oficialmente tuyo, cariño.

—Acaricié la mano de la persona que me había dado la vida.

Era consciente de que algún día lo heredaría todo, salvo lo que les correspondiera a mis primos, pero nunca pensé que sería así, de una forma tan violenta—.

Tu padre soñaba con el día en que te pusieras al frente del negocio, le habría encantado ver esto.

Mi madre sentía por mi padre auténtica devoción. Era abrumador reconocer cuánto lo echaba de menos. Para mí, su amor siempre había sido un ejemplo a seguir. Era lo que yo hubiera esperado construir con Álex, cuyo recuerdo seguía aún demasiado vivo en mi mente.

—Estoy segura de que le hubiera encantado verlo a tu lado —contesté, y me deshice de las ideas que rondaban en mi cabeza.

La prensa había tapado el asunto de la bomba con otras noticias más suculentas, aunque no dejaba de perseguirnos a John y a mí por la futura boda.

Y los obreros habían empezado con la reconstrucción del garaje, por lo que muy pronto aquellas paredes quemadas, la puerta destrozada y la imagen de desolación que evocaba permanecerían tan solo en nuestros recuerdos.

La vida volvió a su monótona rutina.

Las familias, a sus trabajos.

Mis amigas, a salir con sus novios.

Mis suegros, a insistir en la boda.

Y nosotros debíamos acostumbrarnos a vivirla sin mi padre.

Adiós, Roberto Marconni.