22 Confesiones
CÓSOMO
Necesitaba saber qué estaba pasando en Roma, así que después de visitar algunos negocios fui a casa de los Cabante.
Fiona me abrió la puerta con una sonrisa inmensa y me pidió que la siguiera a la cocina. La ayudé a sacar la bandeja del horno para que no se quemara.
—Estoy haciendo provolone , ¿te quedas a almorzar?
—Claro, me encantaría.
Me apoyé en la isla de la cocina y observé cómo rallaba más queso sobre el plato.
—Me alegra que hayas venido, estoy muy sola estos días y sigo haciendo la misma cantidad de comida.
—¿Tu marido no está?
Hizo un gesto con la mano como si la idea fuera ridícula.
—Alessio tiene muchas cosas que hacer.
—¿Por eso vosotros no habéis ido a la boda?
Levantó la cabeza y me miró perspicaz, como si mis preguntas le parecieran estudiadas. La verdad era que tenía unas ganas tremendas de saberlo todo sobre el pasado de los Cabante, pero ese día no había ido a su casa con esa intención.
—¿Qué quieres saber en realidad, ragazzo ?
—Solo que están bien —aseguré—. Me preocupa que pueda pasarles algo.
Fue hasta la nevera, cogió un trozo de lechuga y se dispuso a cortarla. Hizo cortes muy finos con una maestría impresionante .
—Están bien —dijo finalmente.
—Pero pensé que era peligroso para ellos volver a Italia —me atreví a indagar.
—¿Sabes, Cósomo? No hay nada más fuerte que el vínculo que compartes con tu familia. —Me lanzó una mirada significativa y volvió a su tarea—. Me gustaría proteger a mis hijos, tengan veinte años o cuarenta, pero debo confiar en que saben lo que hacen.
—Yo confío en Roma, pero sé que hay cosas que no me cuenta. —Ella entornó la mirada y esa expresión me recordó mucho a Blake—. Los Léoni han acabado muertos en esa boda, todas las cadenas de televisión se han hecho eco de la noticia.
Dejó el cuchillo en la encimera y me puso un vaso de agua delante sin que yo se lo pidiera.
—Eres muy curioso, Cósomo. Y la curiosidad mató al gato.
—¿Qué quieres decir?
Fiona suspiró y se quitó el delantal. Luego se subió la manga corta del vestido, dejándome ver una gran quemadura en forma de ele en el brazo. Parecía hecha con un hierro candente.
—¿Quién te hizo eso?
—Esto fue lo mínimo que me hicieron. Me marcaron de muchas más formas que no se ven.
Volvió a colocarse el delantal y se lavó las manos.
—Fiona...
—Si la mafia quiere vengarse, no va directamente a por ti, va a por los que tú más quieres primero, los tortura delante de ti y luego, si tienes suerte, acaban también con tu sufrimiento —explicó, dejándome entrever su lado oscuro—.
He querido abandonar la organización desde mucho antes de meterme en ella.
Yo no nací en este mundo, pero mis hijos sí. Y te aseguro que saben defenderse.
Viéndola cocinar, tan modesta, nadie imaginaría que formaba parte de Imperium. Ni siquiera sabía exactamente en qué consistía, pero estaba claro que el poder de esa organización era inmenso y, por ende, también el de los Cabante.
—Eres una mujer muy fuerte.
—A lo mejor no lo sabes, pero tú también luchas cada día. Cada vez que te levantas de la cama. —Esbozó una sabia sonrisa—. ¿Pones la mesa?
—Marchando.
Coloqué los platos, los cubiertos y un vaso de agua para cada uno. El provolone estaba buenísimo y me encantaba disfrutar de la compañía de Fiona. Era una mujer divertida y perspicaz. Y también muy positiva.
— Come sta la tua famiglia? [12]
Me encogí de hombros.
—Lo llevamos lo mejor que podemos.
—La muerte de las personas que queremos nos dolerá siempre a los que estamos vivos, pero aprendemos a vivir con ello y acaba convirtiéndose en parte de nosotros.
Sumamos —dijo aquello como si estuviera hablando del tiempo, pero en sus palabras había impregnada una pena tan infinita que no sabía cómo era capaz de soportarla con tanta entereza.
Cuando iba a levantarme para recoger los platos, colocó una mano sobre la mía.
— Aspetta un minuto! Il mio piccolo [13] dice que no va a ir este año a la universidad y yo no estoy dispuesta a que lo tire a la basura dando bandazos de un lado a otro como sus hermanos.
Ellos nunca quisieron estudiar, pero mi pequeño es diferente.
—Tomó aire y su rostro se ensombreció—. Mi Roma es un buen chico, pero no ha tenido las mejores compañías en su vida.
No quiero que vuelva a perderse por el camino.
Supuse que eran las preocupaciones lógicas de una madre y que ella también debió haber sufrido con lo que le había ocurrido a Roma en el pasado.
—Hablaré con él, puede matricularse conmigo en Columbia.
Me miró con cautela, queriendo leerme.
—Lleváis poco tiempo y, aun así, veo más cariño en ti que en relaciones que duran años y eso me conmueve, pero también me asusta, porque si ocurre algo la caída será mayor.
—Fiona, haré todo lo que esté en mi mano para que Roma consiga cada cosa que se proponga en esta vida, estemos juntos o no.
—Controlé mi voz para que no reflejara las dudas que me asaltaban—.
Nadie puede adivinar lo que nos deparará el futuro, pero de momento creo que nos hacemos felices y pienso disfrutarlo mientras pueda.
Me dirigió una mirada intensa, cargada de esa sabiduría que solo otorga los años, y colocó una mano en mi mejilla.
—Ay, mi niño, asegúrate de que él también lo sepa.