11 Un plan de altura
ÁLEX
Bass y Julia se acababan de ir a su habitación. Seguíamos alojados en el mismo hotel, pero ahora Roma estaba conmigo, repasando por enésima vez el plan establecido para que no tuviera ninguna fisura. Esa noche tampoco íbamos a dormir, nos jugábamos demasiado.
—Te traigo un café de la máquina del pasillo. —Se lo tendí y me senté a su lado mirando el mapa que había dibujado de la zona—. ¿Cómo vas?
—Asegurándome de que no se nos escapa nada.
—Va a salir bien, Roma.
Lo habíamos estudiado durante horas. Todo estaba calculado al milímetro: la distancia del edificio a la iglesia, el espacio de tiempo que tendríamos para efectuar los disparos, incluso habíamos pasado toda la tarde practicando para estar perfectamente sincronizados.
No íbamos a fallar, aunque entendía su preocupación.
Nos estábamos poniendo en peligro y debía merecer la pena.
—Tendremos una ventana de segundos, Álex. Si no calculamos bien los disparos, no funcionará.
—Pero eso no lo sabremos hasta que estemos en posición.
—Lo sé, joder. —Suspiró y dio un sorbo a su café.
Teníamos la terraza de la habitación abierta y la brisa se colaba por todos los poros de mi piel.
—Cómo me gustan las tormentas de verano —musité mirando hacia la oscuridad de la noche.
El olor a petricor me había acompañado desde muy pequeño y se impregnaba en el ambiente, dejando un aroma a hogar, a atardeceres, a infancia. Cuánto añoraba esos tiempos en los que aún éramos inocentes y nuestra mayor preocupación era jugar, reír o soñar. Todo había cambiado tanto desde entonces...
—¿En qué piensas, Álex?
—En el pasado.
—Yo también lo echo de menos a veces. —Sonrió con nostalgia—. Si Giovanna estuviera aquí, nos diría que nos paráramos a respirar y a valorar todo lo que nos rodea mientras Aless, sin pronunciar palabra, la miraría orgulloso.
—Y Bella nos daría una colleja a cada uno y nos diría que confiáramos en nosotros mismos, que todo irá bien porque hemos trabajado mucho para que así sea.
—¿Crees que se enfadarán cuando lo sepan? Quizá deberíamos habérselo dicho.
—Seguramente —afirmé—. Pero si ellos no nos hacen partícipes de sus planes, ¿por qué tendríamos que contarles los nuestros?
Estaba convencido de que acabar con los Léoni era lo mejor, así tendrían que reorganizarse, lo que nos daría margen de maniobra para asegurar nuestra infraestructura en Roma.
Sin Bella allí, con Livia casi de parto y Leo centrado en su partido, apenas teníamos personal que se encargara de controlar las inmobiliarias, el laboratorio, la distribución de la droga y las armas hacia los distintos puntos de recogida y la concesión de licencias. Eso iba a ser lo peor.
Ahora que Julia iba a venir con nosotros a Nueva York, había que poner a alguien que ocupara su lugar y teníamos muy poca gente de confianza para esa tarea.
Imperium era una cadena perfectamente engrasada, en la que cada eslabón tenía su cometido.
Desde fuera nadie podría distinguirnos: estábamos en las altas esferas, infiltrados en todos los sectores, y unos retroalimentaban a los otros para conseguir que todo funcionara.
Para algunos, la mafia era un estilo de vida; para nosotros, era una gran empresa de la que éramos dueños.
Pero si la cadena se rompía, si un eslabón fallaba, arrastraría a todos los demás y no lo podíamos permitir.
—Repasemos de nuevo el plan —dije y nos tiramos las horas siguientes intentando prever cada ínfima cosa que pudiera salir mal.
El teléfono de Roma sonó varias veces, pero él lo ignoró.
Sabía que mi hermano estaría tan preocupado por lo que teníamos entre manos como por lo que estuviera ocurriendo al otro lado del mundo, pero no podía distraerse.
Si algo se le daba bien era nuestro trabajo.
En él se movía como pez en el agua y mostraba una frialdad fuera de lo común en alguien que en otros aspectos era tan vulnerable.
No me sorprendía su aplomo, lo conocía como a mí mismo y en esas situaciones se crecía.
Me quedé observándolo durante un minuto entero, valorando la fuerza de voluntad que mostraba al no coger el móvil y ver lo que Cósomo querría. Su nombre se dibujaba en la pantalla con cada mensaje y hasta yo estaba tentado de mirarlo.
—Álex, concéntrate —me reprendió y tuve que sonreír. Joder, adoraba a mi hermano.
—A lo mejor ha pasado algo, deberías cogerlo.
No solo quería darle la oportunidad de hablar con Cósomo, también necesitaba saber cómo estaba Blake, aunque ninguno de los dos nos habíamos escrito, supuse que por el mismo motivo, pero él negó con la cabeza.
—Si hubiera pasado algo, no podríamos hacer nada desde aquí —afirmó—, y tenemos que asegurarnos de que todo salga bien para volver con ellos.
Asentí, y cuando el cielo empezó a clarear por el horizonte, nos olvidamos de todo lo demás y dimos comienzo a la misión.