Superstición: El poder de la mafia (La mafia más oscura 2) 7 Insurrección
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7 Insurrección

CÓSOMO

—Joder, qué puto asco —exclamé después de colgar el teléfono. El cementerio estaba lleno de putas cucarachas allí donde miraba y una me estaba subiendo por el pantalón.

Me la quité de encima y volví a la sala donde velábamos a tío Roberto.

Divisé a Blake escuchando atentamente lo que Sylvana le decía.

Exteriormente parecía más calmada, aunque sabía que en su interior debía estar en plena ebullición.

El dolor era una emoción difícil de gestionar y yo quería compartirlo con ella, pero no me dejaba acceder, así que solo podía estar presente para apoyarla en lo que necesitara.

Por ese motivo, aún no me había atrevido a explicarle que varios clanes de Manhattan cuestionaban su liderazgo y estaban intentando hacerse con el control. Vivíamos enfrentados a diversas bandas callejeras que intentaban quitarnos los negocios mínimo una vez al mes, pero aquello era diferente.

Llevaba horas hablando con los dueños de los comercios que gestionábamos a través de Gryfood y la cosa no pintaba nada bien. Al parecer, algunos de esos tipos estaban visitando los negocios, clamando que ahora era a ellos a quienes debían rendirles cuentas.

Joder, si no lo atajábamos a tiempo, esto se nos iba a ir de las manos.

Busqué a mi padre por la sala y lo encontré en una esquina, junto a mi abuelo.

Ambos estaban muy serios, hablando en susurros.

Tenían las cabezas muy juntas, lo que a la vista de cualquiera podía parecer un simple gesto de complicidad, ya que ambos se querían como padre e hijo, pero la vehemencia con la que asía mi abuelo la empuñadura de su bastón daba a entender que había algo con lo que estaba en desacuerdo.

Fui hasta ellos, que cortaron la conversación en cuanto me vieron.

—Necesito hablar con vosotros.

—Tú dirás. —Papá hizo un gesto para que me sentara a su lado.

—Ha llegado a mis oídos que están surgiendo focos de insurrección por todo Manhattan: Greenwich Village, Meatpacking District, Chelsea y Hell´s Kitchen, por el momento.

—¿Con qué pretexto?

—Dicen... —Joder, lo que me dolía pronunciar esas palabras conociendo como conocía a mi prima—. Dicen que una mujer al frente de una familia la hace débil, y que la pueden derrocar en cualquier momento. De hecho, ya están reclamando algunos negocios como suyos.

—Temía que esto pasara —comentó mi abuelo con pesar—. A la hora de la verdad, la gente no está tan adaptada a los tiempos como nos hacen creer. Hay demasiados prejuicios, vivimos rodeados de ellos, y no nos damos cuenta hasta que nos toca a nosotros enfrentarlos.

—No podemos esperar hasta el domingo —deduje—. Hay que encargarse de esto antes.

—Debe hacerlo Blake —dijo mi padre—. Si no lo hace ella, reforzaría su teoría de que no es válida para gobernar el territorio. Tienen que verla y debe ser tajante para que nadie vuelva a cuestionarla, al menos en un tiempo.

—No querrá irse del funeral, ya la conoces.

—Pues tendrá que hacerlo aunque lo odie y aunque nos odie a nosotros también. Esto ya no depende de lo que ella quiera, sino de lo que debe hacer .

Miré a mi prima. Aún recibía el pésame de algunas personas que pasaban por la capilla.

—Déjale hasta esta noche, dale ese tiempo para despedirse de tío Roberto.

—Hijo. —Puso una mano en mi hombro—. Hará falta mucho más tiempo para que Blake deje ir a su padre, pero tienes razón, de noche será más fácil salir del cementerio sin ser vistos.

Asentí. Teniendo en cuenta que la prensa hacía guardia a las puertas, debíamos idear una forma de salir que no los atrajera como las polillas a la luz... o mucho mejor, debíamos crear una distracción.

Saqué mi móvil y envié un mensaje. Solo teníamos que aguantar unas horas más, pero iban a ser unas horas jodidamente largas.