5 Velando sus sueños
CÓSOMO
Los Marconni habíamos sido los primeros en entrar a la capilla. Se suponía que debíamos usarla para velar a tío Roberto en la más estricta intimidad durante una hora que mi padre utilizó para darnos instrucciones sobre cómo debíamos comportarnos.
—¿Tenemos que hablar de esto ahora? ¡El cuerpo de mi padre sigue caliente!
—masculló Blake con una rabia tan hiriente que no solo quise llorar por mi tío, también por ella, por mis abuelos, que habían envejecido diez años de golpe, y por tía Lena, cuyo dolor era tan profundo que ya había echado raíces y amenazaba con llevársela a ella también a la tumba.
—¡El cuerpo de tu padre está hecho cenizas!
Esto no puede esperar, Blake. Tenemos que reorganizar nuestras filas bajo una sola cabeza, la tuya.
—La señaló y ella miró al resto de la familia, asegurándose de que todos estábamos de acuerdo.
Ese había sido siempre el plan—. No podemos permitir que nos vean débiles o que piensen que pueden volver a atacarnos.
Tenemos que ser despiadados. Necesitamos que nos teman.
—Así lo haremos, papá —dijo Giordano, que aguantaba el tipo mucho mejor que yo.
—El velatorio durará hasta el domingo, ese es el tiempo que tenemos de tregua, pero hay mucha gente sin honor y las distintas facciones van a intentar hacerse con el control de nuestros negocios. Debes dar un aviso contundente, Blake .
—Me encargaré de ello cuando entierre a mi padre —volvió a decir ella sin dar su brazo a torcer.
—Hay cosas que no pueden esperar tanto. —Papá se pasó una mano por la cara, exasperado, y luego se dirigió a mí—.
Llama a cada negocio y adviérteles de que nada ha cambiado ni va a hacerlo mientras Blake esté a la cabeza y vosotros con ella.
Que ni piensen en faltar a un solo pago, tenemos que hacer valer nuestra posición ahora más que nunca.
—De acuerdo —contesté. Joder, incluso les haría una visita si hiciera falta. Eso me mantendría distraído para no pensar en Roma ni en todo lo que aún teníamos por delante.
—Mis hombres pueden hacerlo, le enviaré un mensaje a Carlo —dijo mi prima, sacando el móvil del bolso. Estaba seguro de que tendría varias llamadas perdidas de ellos esperando instrucciones porque frunció el ceño y se puso a escribir.
—No. Tus hombres que sigan con su trabajo, esto debe hacerlo alguien de la familia. Estamos enviando un mensaje, Blake.
Ella levantó la cabeza del móvil.
—Que no nos escondemos —aseguró leyendo a mi padre a la perfección.
Él sonrió con orgullo. El mismo gesto que hubiera hecho tío Roberto de haber estado presente.
—Exacto. Y Giordano —se giró hacia él—, reúne a todos en la mansión. Deben prestar juramento de lealtad el domingo después de la recepción.
—Dalo por hecho.
—No puede haber ni un solo fallo. Tenemos una líder entrenada y con experiencia lista para tomar el mando. —La cogió por los hombros y clavó sus ojos en los suyos—. Blake, no llores, no flaquees, tienes que ser implacable. Si te ven titubear…
—Lo sé. —Asintió .
Papá se quedó unos segundos de más observándola, como si quisiera asegurarse de la veracidad de su respuesta.
Yo sabía el esfuerzo que estaba haciendo mi prima por no gritar hasta quedarse sin voz, por no patalear, pegar puñetazos o cargarse todo lo que tuviera a su alcance.
Sabía de su fortaleza y, a la vez, sentía su sufrimiento en mis propias carnes.
Estaba claro que necesitaba desahogarse y no poder hacerlo también la mataba lentamente a ella.
Sin embargo, parecía que papá la había creído porque bajó los brazos y se dirigió a toda la familia.
—Y ahora pongámonos en fila y guardemos la compostura.
En ese momento se abrieron las puertas al público y ahí comenzó el verdadero espectáculo.