123. CAPÍTULO 123
—¿Estás segura de que no quieres esperar? —pregunta Olivia, preocupada.
—Sí, el disco ya está perfecto —respondo a Olivia, mientras Violeta y ella se miran preocupadas.
—Lía, Eco es la canción íntima que siempre pones en los discos… —dice Violeta en voz baja—, no puedes no poner una canción así en el disco… Va contra tu naturaleza.
—¿No te parecen las demás suficientemente íntimas? —respondo molesta.
—Lía, sabes a lo que se refiere Violeta —la defiende Olivia, echándose hacia atrás en su silla, mirándome.
—Sí, lo sé. Os digo que el disco ya está perfecto —digo enfadada, levantándome de la silla donde estaba sentada—, ciérralo y prepáralo —digo dando la orden a Olivia mientras me marcho.
No puedo acabar la canción, por mucho que intente ponerme con ella. Cada vez que me pongo delante de ese cuaderno el corazón se me vuelve a romper. No va a haber canción porque mi inspiración ha desaparecido. Estoy en el mismo punto que justo antes de conocer a Alonso.
Sin darme cuenta llego a casa, me pongo un bañador y me meto en la piscina interior de la casa de mis padres.
Mi cabeza sigue dándole vueltas a todo. Creía que estas tres semanas me ayudarían a curarme y lo único que han hecho es hacer cada vez más evidente lo mucho que le necesito y le echo de menos.
Me dejo flotar boca arriba sobre el agua.
Cierro los ojos mientras respiro rítmicamente.
Pasa el tiempo, no sé cuánto, pero ya tengo los dedos arrugados.
De pronto escucho unos pasos. Sin hacer ruido me acerco al borde de la piscina para observar quién es.
Son mis padres, están hablando con clara preocupación. Agudizo el oído para poder oírlos.
—¿Estás seguro de que le llegó bien? —pregunta mi madre preocupada.
—Que sí, Luna, que me aseguré de que el mensajero fuera de confianza —dice mi padre aún más preocupado.
—Pues si le llegó el billete debería estar de camino —dice mi madre con esperanza.
—No, Luna, ese es el problema, que Alonso no ha usado el billete, me lo acaban de confirmar mis contactos —dice mi padre, abrazando a mi madre.
—Julio, si la niña se entera va a dar por supuesto que lo suyo con Alonso se ha acabado —dice mi madre abrumada—, no puede enterarse o no la vamos a volver a ver sonreír en mucho tiempo —dice mi madre, apretando fuerte a mi padre justo antes de separarse—, con Hugo la pudimos convencer para ir a terapia, pero un corazón roto no se puede curar con un psicólogo…
—Tranquila, Luna, Lía no se enterará nunca de esto —dice mi padre con tristeza—, y en cuanto volvamos a Madrid tendré que ir a hablar con Alonso.
El mundo se derrumba a mi alrededor. Alonso no ha querido venir a verme.
Realmente quiere dejar que pasen los dos meses estando separados cuando antes nos costaba estar el uno sin el otro una sola noche.
Espero a que mis padres se vayan para salir de la piscina.
Me seco lo mejor que puedo y voy corriendo a mi habitación a buscar mi móvil.
—Lila, cariño —dice mi madre a mi espalda, justo cuando alcanzo la puerta de mi habitación.
—Dime, mamá —respondo intentando disimular mi urgencia.
—¿A dónde vas con tanta urgencia? —me pregunta mi madre extrañada.
—A buscar mi móvil —respondo sincera—, voy… a llamar a Alonso —admito.
—Cielo, no es buena idea —intenta convencerme mi madre—, deberías dejarle el espacio que te pidió —argumenta con tristeza.
—Tienes razón —miento para intentar que me deje entrar a mi habitación.
—Pero vas a llamarle igual —sonríe mi madre.
—No… yo… —intento buscar una excusa sin éxito—, sí, le voy a llamar igual —admito.
—Si es que tu padre y tú sois iguales, no podéis mentirme —dice mi madre, acercándose a mí—, Lía, no le llames, haz caso a tu madre —dice seriamente, y cuando dice mi nombre en vez de mi apodo cariñoso cuando estamos solas me lo dice de verdad.
—Vale, mamá, no le llamaré —respondo, acercándome a ella y dándole un abrazo para que no me vea la cara y sepa que la he vuelto a mentir—, voy a descansar un rato —digo separándome de ella y girándome hacia la puerta de mi habitación.
—Te quiero, Lilita mía —dice mi madre antes de que abra la puerta.
—Y yo, mamá —digo mientras la cierro.
Busco rápidamente el móvil en la habitación. Ahí está. Veo el teléfono apoyado en la mesita de la cama. Me acerco a él y lo desbloqueo.