Superestrella 120. CAPÍTULO 120
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120. CAPÍTULO 120

Llego a casa de mi hermano aún agitado por la discusión y llamo al timbre. Miro el móvil y lo apago justo cuando mi hermano abre la puerta.

—Alonso —dice sorprendido mi hermano—, ¿qué haces aquí? —pregunta mientras se aparta de la puerta para que pase.

—Es una larga historia —contesto cansadamente—, ¿me puedo quedar a dormir hoy aquí? —pregunto con vergüenza.

—Claro, siempre hay una cama para ti en esta casa —dice mi hermano cogiéndome del hombro.

—Gracias, chache —respondo justo cuando veo aparecer a Nora por el pasillo.

—¡Tito! —grita Nora lanzándose a mis brazos.

—¡Nora! —digo mientras la aúpo—, madre mía, ¿pero qué le das de comer a esta niña? —pregunto sonriendo a mi hermano—, si está gigante, fácil ha crecido… —hago con mi mano el gesto de estar midiéndola— un centímetro —digo vacilón.

—Soy alta como un madronio —dice Nora, ajena al dolor que causa su expresión en mi corazón.

—¡¿Tito?! —oigo la voz de Lola procedente del salón.

—No, es solo un mensajero, no hace falta que vengas a darle besos —digo vacilón.

—¡Tito! —dice Lola apareciendo por la puerta del salón y corriendo hacia mí para abrazarme.

—¡Grandullona! —respondo cuando ella me abraza las piernas porque su hermana está en mis brazos.

—Bueno, una vez que ya te han saludado —dice mi hermano dándome una palmada en la espalda—, vamos al salón que hay fútbol.

Lola me suelta y bajo a Nora al suelo, ambas se van corriendo al salón, felices de que esté aquí. Cuando voy a llegar al salón, veo a Leire en la cocina, me acerco y le doy dos besos para saludarla.

—¿Te quedas a cenar? —pregunta con dulzura.

—Sí, pero si queréis pedimos unas pizzas o algo, os invito yo —digo sonriendo.

—Qué va, es mejor la cena que estaba preparando Leire —dice mi hermano dándole un azote en el culo a su mujer y besándola—, mejor no gastes dinero, Alonso, estás en paro —dice mi hermano con cariño.

—Gracias, chache —le digo a mi hermano Martín mientras me acerco a darle un abrazo.

Nos separamos y voy hacia el salón con las niñas.

—Tito, ¿dónde está la tita? —pregunta Lola mientras colorea un cuaderno en una mesa.

—Lía se ha tenido que ir a Argentina porque tiene que acabar el nuevo disco —digo intentando no quebrarme ante las niñas.

—¿Y por qué no te vas con ella? —pregunta Lola, inocente—, dice papá que ahora estás de vacaciones, que estás en pausa —dice Lola rascándose la cabeza.

—Porque Lía va allí a trabajar —respondo con agilidad—, si voy yo la distraería.

—Porque eres muy guapo, tito —dice Nora acercándose a mí mientras me siento—, el tito es un príncipe —dice mientras me coge las mejillas con las manos y me moldea la cara con ellas.

Si lo sé me voy a casa de mi abuela. Son niñas pero tienen una capacidad para hacer daño con su inocencia que no lo sabe nadie. Veo aparecer a Martín con dos cervezas en la mano. Llega a mi altura y me ofrece una.

—Niñas, a recoger la habitación, venga —dice mientras cojo la cerveza que me ofrece.

—Jo, queremos estar con el tito —dice Nora haciendo un puchero.

—Me quedo a dormir así que podemos montar una tienda de campaña o algo en el salón —digo divertido.

—¡Sí!, ¡acampada en el salón! —gritan las dos niñas volviéndose locas.

—Pero solo si recogéis —dice mi hermano con firmeza.

Ambas niñas vuelan hacia la habitación para recoger y nos dejan a mi hermano y a mí solos.

—Bueno, cuéntame —dice mi hermano tranquilamente mientras mira el partido que hay en la televisión.

—Nada, Lía y yo hemos discutido fuerte nada más —digo intentando evitar hablar mucho del tema.

—Y estás aquí con tu hermano en vez de arreglarlo con ella… —dice mi hermano soltando un suspiro—, tiene lógica —suelta con una carcajada.

—No es tan fácil, no ha sido una discusión normal —me defiendo—, creo que necesitamos un tiempo… —digo mientras que cada palabra me hace sangrar por dentro.

—Uf… la has cagado y mucho —dice mi hermano aún sin mirarme.

—Ilumíname, sabio de los seis caminos —digo con sarcasmo.

—Nada, simplemente la has cagado, ya está —dice sin inmutarse—, darse un tiempo es como dejarlo, Alonso. Es lo que se dice la gente para que no duela tanto, nada más.

—No, pero Lía y yo no… —no termino la frase.