Superestrella 119. CAPÍTULO 119
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119. CAPÍTULO 119

—¡Yo no puedo hacer nada si la prensa te compara con ese imbécil!

, ¡¿crees que a mí me hace gracia que lo hagan?

! —digo con toda la rabia que tengo dentro—, mi corazón se rompe cada vez que veo cómo sufres con toda esta situación, pero no voy a pedirte disculpas por tener éxito en mi trabajo —digo furiosa—.

He sacado "Jaula De Cristal" para defender nuestra intimidad, ¡joder, te he escrito un disco entero!

¡Todo mi arte lleva tu nombre, Alonso! —le grito dolida—.

Sabías lo que implicaba nuestra relación cuando la empezamos, no puedo cambiar quién soy y tú lo aceptaste —digo con lágrimas en los ojos—, así que no me pidas que me disculpe por mi mundo.

—Tu mundo… —responde Alonso, riéndose y pasándose una mano por el rostro—, yo ya estuve ahí, Lía.

No lo entiendes porque tú naciste para brillar en un escenario, pero yo ya he estado ahí —responde Alonso, y noto cómo las palabras brotan de él sin filtro alguno—, yo ya monté una empresa de videojuegos gracias a ese título que tengo en el cajón cogiendo polvo —escupe furioso—, pero la puta fama y la traición de Nuria me destrozaron la salud mental —dice, haciéndome sangrar por dentro—.

Le regalé mi sueño, sí, pero por miedo a volverme loco, me escondí detrás de un mostrador para protegerme de este circo, para poder tener una vida normal —dice, llegando al límite de sus fuerzas—.

Y ahora tu mundo —dice con desprecio esas dos últimas palabras— me ha vuelto a meter de cabeza en el puto matadero —dice, bajando el tono de su voz—.

Lo he sacrificado todo, absolutamente todo, para que podamos amarnos —sentencia.

—¡Pero yo no soy Nuria! —digo con un grito ahogado, con las lágrimas cayendo por mis mejillas—. ¡Yo no te estoy traicionando, Alonso! He sacado "Jaula De Cristal" para defender lo nuestro frente a todo el planeta. No me castigues a mí por lo que te hizo ella.

—Quizás ese es el problema —responde Alonso—, que compartes con toda la prensa y tus fans nuestros trapos sucios —dice casi sin fuerzas.

—Alonso, la prensa y los paparazzi no te tienen que importar.

Solo tergiversan las cosas para crear una exclusiva, viven de crear conflictos que no existen…

—digo con dureza, como si estuviera dándole una lección a un niño pequeño—, mi comunidad de fans en cambio te adora, ¡joder!

, si hasta las más jóvenes dicen que eres como un príncipe azul —digo con el corazón roto.

Alonso cae en el reposabrazos del sofá mientras sigue mirándome, roto de rabia, con lágrimas en sus mejillas.

—Te amo, Lía —dice Alonso, desarmando cualquier respuesta que fuera a darle—, te amo con todo mi corazón —dice agarrándose el pecho con la mano—, eso no va a cambiar jamás…

—dice mirándome intensamente a los ojos—, pero ahora mismo necesito estar solo.

Necesito respirar y recordar cómo era caminar por la calle sin sentir que estoy de mierda hasta el cuello o que me siguen para poder sacar una exclusiva de tu vida.

Vete a Argentina, acaba el disco y quizás estos dos meses nos sirvan para ver si esto tiene alguna salida —dice, volviendo a levantarse del sofá, cruzándose conmigo y parándose en la puerta—, porque yo…

—dice mientras se quita el colgante que le regalé, dejándolo suavemente en la mesa de la entrada—, …

yo ya no puedo más —dice abriendo la puerta y marchándose.