Superestrella 109. CAPÍTULO 109
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109. CAPÍTULO 109

—No quería fastidiarte la gira de festivales —dice Alonso como si nada, cogiendo una caja y montándola.

—Sabes que me puedes decir estas cosas —respondo dolida—, ¿o es que no confías en mí? —pregunto vulnerable.

—Sí confío, pero no quiero que mis movidas te afecten —dice Alonso sin mirarme a la cara.

—Alonso, creía que esto ya había quedado claro. Desde el mismo momento en el que dimos a publicar en ese yate ya no hay un yo, solo un nosotros —digo echándole la bronca—, y más cuando lo que te ha pasado ha sido por culpa de la prensa.

—No sé, Lía, simplemente no quiero que te preocupes por mí, me las sé arreglar yo solo —dice Alonso, mirándome por primera vez desde que Lidia se ha ido.

—Toma —le digo mientras saco la caja que llevo teniendo dos semanas en mi poder y me quema en el bolsillo—, quiero que te pongas esto y que cada vez que pienses alguna tontería así lo mires y sepas que ahora somos un equipo —digo mientras le entrego la caja.

Alonso abre la caja, confuso, y en el mismo momento en el que termina de abrirla sonríe al instante.

—Me parece que ya que te llevo yo al cuello, qué mínimo que tú también me lleves a mí —digo sonriendo—, aunque todo el mundo sepa que estamos juntos —digo intentando no emocionarme mucho—, este colgante sella que nos pertenecemos.

—Un colgante en código morse… —susurra Alonso sonriendo—, Lía —dice mientras recorre con las yemas de los dedos el colgante.

—Cada vez que estoy nerviosa o que tengo miedo de algo —digo tragando saliva—, o que simplemente te echo de menos, lo toco y me siento automáticamente más cerca de ti —digo vulnerable—, quizás puedas hacer lo mismo.

—Me encanta —dice Alonso con los ojos húmedos—, te quiero —dice, acercándose a mí y besándome.

Nos separamos sonriendo de ese beso. Más fuertes que nunca.

—Se lo has sonsacado a Violeta, ¿me equivoco? —dice Alonso riéndose.

—En cuanto me he olido algo raro —digo riendo, mientras me pongo a ordenar las cuatro cosas que están por medio—, sabes lo que son cuatro horas conmigo en el coche, es imposible ocultarme un secreto —digo orgullosa de mis dotes de persuasión.

—Joder, y tanto, eres como un martillo pilón. Hasta que no consigues que te lo digan, no paras —dice, descojonándose, Alonso—, te lo han contado pero no porque seas buena, sino para que te calles —dice, doblándose de la risa.

—Vaya, creo que quieres tirarte una semana más sin pillar cacho —digo ofendida, amenazándole mientras cojo un libro que Alonso no ha metido en ninguna caja.

—No, no, no, eso no es para nada justo —dice Alonso atropelladamente—, era broma. En realidad es que eres muy buena descubriendo secretos —dice con tanta falsedad que estoy a punto de lanzarle el libro a la cabeza.

—Si no fuera porque me apetece esta noche, te quedas sin… —de pronto me percato del libro que tengo en la mano—, ¿por qué no has guardado este libro?

—Porque Lidia me ha convencido para que lea un libro de estos que te flipan a ti —admite Alonso, llevándose una mano a la nuca.

—Joder, tengo que hablar con ella para ver cómo lo hace —digo pensativa—, llevo fácil tres meses intentando convencerte para que te leas alguno.

—Bueno, ya te diré qué me parece —dice Alonso, acercándose y quitándome el libro de la mano—, ahora quiero recuperar algo del tiempo que hemos perdido en estas tres semanas —dice, agarrándome de la cintura, pegando mi cuerpo al suyo.

—Me gusta cómo piensas —digo juguetona.

—Oye, antes de nada —interrumpe Alonso separándose de mí—, de las dos casas que ha pasado Vi, ¿cuál quieres que vayamos a ver? —pregunta curioso.

—Qué más da eso ahora, venga, bésame y hazme tuya —digo con urgencia.

—Me da mucho, estoy en paro, y depende de dónde nos compremos la casa, si la de las Lomas o la de Ciudalcampo, busco trabajo en un sitio u otro —dice Alonso preocupado.

—La de Ciudalcampo me gusta mucho, pero la de las Lomas tiene más vida —digo dudando—, ¿qué te parece si mañana vamos a verlas? —digo para cerrar el tema y que me haga ya lo que estoy deseando.

—Mañana entonces vamos a verlas —dice Alonso, feliz—, pero que no pasen de los dos millones de euros o me voy a tirar la vida y parte de la muerte pagando si no —dice divertido, aunque sé que en realidad es completamente en serio.

—Una vez cerrado el tema, ¿vamos al dormitorio? —digo impaciente, intentando quitarle la ropa.

—Sí, ya voy —dice Alonso, negando con la cabeza mientras se resiste—, de verdad, parece que solo me quieres porque soy un trillador —añade riendo—, ah, y que sea la última vez que me robas una sudadera… Lianta —dice sonriendo