Superestrella 108. CAPÍTULO 108
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108. CAPÍTULO 108

Lía llega mañana, o eso me ha dicho, pero conociéndola, según acabe el concierto va a querer volver a casa.

Cojo algunos libros que Lía ha traído a casa y los meto en una caja de cartón.

Vuelvo a la estantería para cargar otros pocos.

Desde luego leer en papel es otra cosa, pero ya podría modernizarse un poco y leer en el Kindle como hago yo.

Si ha traído tantos libros a mi casa, no quiero saber cuántos tiene que tener repartidos entre todos sus pisos.

—Pon en la caja que pesa —me dice Lidia, lanzándome un rotulador permanente—, que luego a la hora de cogerlo te dejas los riñones —dice sonriendo.

—Vale —contesto, mientras escribo en la caja "Libros" y más abajo pongo "Pesa"—, no sé cómo os pueden gustar tanto este tipo de libros —digo, metiendo más libros de Lía en otra caja—, si básicamente es como si leyerais porno —digo riendo, disimulando que me llama la atención leer alguno de estos.

—Alonso, estos libros son algo más que el sexo que está escrito, estos libros nos transportan a una realidad paralela donde las protagonistas somos nosotras y nos podemos enamorar de un CEO, de un militar buenorro perfecto, del chico malo que nos gustaba en el instituto —dice Lidia, mirando al horizonte, sin duda imaginándoselo—, es como tú con tus videojuegos, pero nosotras, en vez de jugarlo, lo leemos.

Lidia se acerca mientras ojeo los nombres de las autoras que lee Lía. Elísabet Benavent. Megan Maxwell. Alice Kellen.

—Sí que llegan lejos estos libros, son todo autoras extranjeras —digo, ajeno a la verdad—, ¿no hay ninguna autora española así que escriba de Madrid?

—Qué cortito eres, ¿eh? —dice Lidia, dándome una colleja—, son todas españolas y Benavent, por ejemplo, es la reina de esta literatura y más de Madrid como dices —dice Lidia, entornando los ojos—, deberías leerla, te gustaría.

Sigo mirando libros, hay uno que me llama la atención, “Yo también no es te quiero” reza el título, miro la autora, Violeta Reed.

—Me ha llamado la atención este —digo tranquilamente, apartándolo del resto de libros—, te voy a hacer caso y lo voy a leer.

—Así me gusta, que no seas un cerrado de mente —dice Lidia, aprobando mi elección—, bueno, tú nunca lo has sido —añade.

Meto los últimos libros en la caja y Lidia sujeta mi brazo justo cuando cojo el último.

—¡No me fastidies que Lía tiene la última parte de "Mis desastres" de Marta Lobo! —dice Lidia sorprendida, con una cara de niña que rara vez pone—, ¡buah!, la voy a escribir ahora mismo a ver si me lo deja —dice Lidia, mientras desbloquea el teléfono para mensajearla.

—Seguramente te dice que sí, creo que lo terminó justo antes de todo lo del viaje y tal —digo sonriendo ante la reacción de mi amiga.

Sigo avanzando la mudanza en el salón, ahora tocan las películas.

Abro uno de los cajones donde tengo guardado un antiguo vídeo VHS y todas las películas de Disney en el mismo formato.

Me viene a la mente el recuerdo de la ilusión de Lía al descubrir que tenía esto en mi poder y luego su bronca posterior por tenerlas guardadas en un cajón.

Sonrío. Está loca de remate, pero la quiero con todo mi ser.

Según estoy trayendo una segunda caja para guardar las cintas que no me han entrado en la primera, escucho un alboroto en la calle.

Me acerco a la ventana del salón y veo el porqué de tanto jaleo.

Es Lía. Está bajando de la furgoneta para entrar al portal.

Sonrío, negando con la cabeza. Cómo sabía que iba a ser tan bruta como para meterse el viaje de vuelta sin descansar después del concierto.

Pero bueno, al fin y al cabo lo hace porque me quiere y eso, joder, eso me llena y me desarma a partes iguales.

Unos minutos más tarde suena cómo se abre la puerta de casa.

Me asomo para mirar y asegurarme de que no se tropieza con ninguna caja y no me da tiempo a hacer nada más.

Solo alcanzo a ver un borrón en la entrada y noto un golpe en mi pecho que me empuja, cayendo directamente al suelo.

Cierro los ojos del golpe y entonces la escucho, la risa de Lía.

Huelo su perfume y noto, haciéndome cosquillas, su pelo rizado en mis mejillas.

Abro los ojos y lo único que puedo ver es su rostro lleno de felicidad, dibujando una sonrisa preciosa.

Sus ojos se alternan entre mis labios y mis propios ojos.

Sé lo que eso significa. Sonrío y la beso.

—Te he echado muchísimo de menos —dice Lía entre beso y beso.

—Yo también, Lianta. ¿Qué te parece? —digo señalando la habitación—, solo nos queda la casa para poder mudarnos —digo socarrón, mientras quito a Lía de encima y me levanto.

—Has hecho un trabajo muy bueno, voy a tener que recompensarte —dice mirándome con perversión.

—Eh, ¿hola?, que estoy aquí —dice Lidia saludando.

—Ay, perdona, Lidi, es que he visto a este chico tan guapo y no he podido resistirme —dice Lía, dándome una cachetada en el culo.

—No te preocupes, aunque no sé dónde le ves eso que dices de guapo —dice riendo Lidia, mientras me mira vacilona—, por cierto, te he escrito pero ahora que estás te lo pregunto en persona.

—Dígamelo, señorita —dice Lía contenta, mientras me agarra de la mano.

—El libro de Marta Lobo, la última parte de "Mis desastres", ¿me lo dejas? —pregunta Lidia tímidamente.

—Claro, tía, te va a flipar el final —dice Lía.

—Voy a interrumpir —digo rápidamente—, que tú eres muy de hacer spoiler —digo divertido.

—Sí, de eso me he dado cuenta —dice Lidia, secundando mi comentario—, pero bueno, cojo el libro y me voy, aquí ya no puedo ayudar más —dice mi amiga, encogiéndose de hombros.

—Vale, Lidia —contesta Lía con una sonrisa de oreja a oreja.

Según se cierra la puerta, Lía me mira y su mirada me acojona tanto que me paraliza.

—Llevas dos semanas mintiéndome —dice amenazante—, ya puedes tener una muy buena razón.