104. CAPÍTULO 104
Estamos todos en la terminal ejecutiva con un bajón importante mientras nos despedimos. Amelia y Enrique ya se están marchando. Olivia y Jesús se despiden por fin como pareja oficial y exclusiva. Jorge y Violeta hablan con Lidia mientras Lía se acerca a mí y me besa.
—Te voy a echar muchísimo de menos —digo con tristeza—, van a ser tres semanas larguísimas.
—Bueno, no podrás quejarte —responde Lía con picardía—, esta semana te he dado todo lo que necesitas para aguantar todo el tiempo que necesites —dice bajando la voz—, además, te llamaré todas las noches, te lo prometo.
—Está bien —me resigno soltando sus manos—, vete ya antes de que me arrepienta por dejarte ir.
—Te quiero —dice Lía besándome.
—Pareja —dice Jorge acercándose—, siento interrumpiros pero vamos tarde, Lía —dice mirándola—, Alonso, por lo que hemos comprobado de las redes sociales, cuando salgas por la puerta de la terminal va a ser una maldita locura —dice con tono profesional Jorge—, te he puesto seguridad para salir de aquí, tened mucho cuidado desde esa puerta de ahí —Jorge señala con la mano la puerta acristalada de la terminal ejecutiva— hasta tu coche —dice preocupado—, esos metros son los únicos que tienen para asaltaros los periodistas.
—Gracias, hermano —contesto dándole un abrazo con cariño al primo de mi chica.
—Ve metiendo todas las cosas importantes en cajas, cuando volvamos de los festivales a la que os guste una casa os mudáis —dice Violeta también con su tono profesional.
Me despido de Lía con un último beso largo sabiendo que no habrá más en una larga temporada.
Miro a Lidia, que se viene conmigo para que la lleve a casa.
Veo cómo Olivia, Violeta, Jorge y Lía se montan en el coche privado que les está esperando en el parking VIP.
El coche arranca y se marcha a una velocidad alarmante.
Lidia y yo nos quedamos mirando la cristalera de la terminal ejecutiva, nerviosos.
Ambos resoplamos mirando a la puerta donde ya atisbo una marabunta de fotógrafos y un montón de personas trajeadas que presumo es el equipo de seguridad que Jorge ha preparado.
Lidia y yo nos miramos una última vez tragando saliva y avanzamos hacia la puerta.
Según salimos por la puerta, un montón de flashes nos deslumbran.
Enseguida el equipo de seguridad nos rodea y nos ayuda a avanzar entre los periodistas y paparazzi de la prensa rosa.
—Alonso, Alonso, ¿quién es ella?, ¿otra novia?, ¿Lía sabe que la estás engañando según habéis aterrizado? —pregunta un periodista, incendiando mi carácter.
—¿Cómo un don nadie como tú ha engañado a una superestrella como Lía? —pregunta otro.
—¿Es una farsa lo vuestro para promocionar el nuevo disco? —pregunta otro.
—¿Estás al tanto de la relación de Juan Castillo con Lía? —consigo oír a otro cuando ya casi terminamos de atravesar la pelota de fotógrafos y periodistas que se ha formado.
—¿Qué opinas de la reacción de Juan Castillo aludiendo a la diferencia de estatus entre los dos y que no das la talla para una mujer como Lía?
—esta última me hace girarme rápidamente para ver quién la ha formulado, pero Lidia me agarra del cuello y me mete directamente en mi coche, que ya tenemos delante para que no la líe parda.
Veo cómo Lidia rodea el coche hasta la puerta del copiloto y entra a toda prisa, esquivando micrófonos y cámaras. Según cierra la puerta, me mira y sonríe con nerviosismo.
—Intenta no atropellar a nadie —dice Lidia preocupada.
—Menos mal que están los de seguridad —digo agradecido—, si no, menudo marrón —digo arrancando el coche.
Meto primera y avanzo lentamente con el coche mientras los de seguridad hacen un pasillo para que el coche avance hasta la barrera.
La barrera se abre. Gracias a Dios porque se puede pagar el ticket desde el móvil.
Una vez en la carretera, por fin puedo coger algo de velocidad con el coche y dejamos atrás a la prensa.
Al menos de momento. Mi cuerpo por fin se relaja. No ha salido tan mal como esperaba.
—¿Has llamado a tus padres? —pregunta Lidia de la nada mientras me mira.
—No, de hecho tengo el móvil en modo avión desde antes de que Lía publicara nada —confieso—, sé que si pasara algo grave te habrían llamado a ti o a Jesús o Enrique para contactarme.
—Vamos, que no quieres tener cobertura porque tienes miedo de lo que vas a recibir.
—Básicamente —contesto sonriendo y metiendo ya por fin la sexta marcha en carretera.