Superestrella 102. CAPÍTULO 102
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102. CAPÍTULO 102

—¿Realmente Lía me ha propuesto que salga del anonimato?

Sus palabras resuenan en mi cabeza. No le respondo inmediatamente.

Sé que por dentro se estará muriendo por las dudas, pero esto es algo importante, quiero poder contestarle con honestidad.

Cojo su mano y, con una media sonrisa, paso mis dedos por la pulsera de los deseos.

Acaricio su tatuaje del sol nerviosamente y me decido.

—¿Has hablado ya con Olivia? —pregunto nervioso—, no quiero que por nuestra culpa salga perjudicada.

—¿Por qué eres así? —pregunta Lía con una mezcla de frustración y admiración—, te preocupas antes de cómo puede afectar esto a los demás que de cómo te puede afectar a ti —dice Lía sonriendo—, sí, lo hemos hablado hoy y las cifras nos respaldan —contesta confiada.

—¿Y Violeta qué dice? —interrogo para asegurarme.

—Violeta es quien más apoya hacerlo público. Prefiere morir matando… Y yo también —responde Lía segura de sí misma.

—No sé, una vez que lo hagamos no hay marcha atrás —contesto con un puño en el estómago, mientras me rasco nerviosamente la oreja.

—Si tú no estás de acuerdo no lo hacemos. Quiero que esto sea sobre todo una decisión… Nuestra —dice Lía, recalcando la importancia del mutuo acuerdo.

—Me da mucho vértigo, Lía. La prensa es implacable, van a estudiar toda mi vida, a mi familia y a todos los que tengan que ver conmigo.

Van a sacar punta de cualquier microgesto que hagamos, de cualquier error que tengamos al decir algo el uno del otro…

Necesito pensar un poco más, cielo —digo con dulzura.

Noto cómo Lía se desinfla, no sé si es decepción o entendimiento pero, esto hay que pensarlo muy bien.

—Vale —contesta en un hilo de voz—, lo entiendo, es algo importante —continúa, pero noto la tristeza en sus palabras.

—Lía, si quieres que lo hagamos, lo hacemos —digo mirándola y apretándola contra mi cuerpo.

—Tiene que ser algo que queramos los dos de verdad —dice con firmeza—, no quiero que lo hagas porque me quieres —dice a modo de bronca—, quiero que sea porque realmente estás preparado.

Me separo de ella y me siento en el borde de mi lado de la cama.

—Quiero hacerlo —digo con confianza—, pero…

—Siempre va a haber peros, Alonso —me interrumpe, irguiéndose en la cama y poniendo una mano en mi hombro.

—Lía, estoy luchando contra mis miedos ahora mismo —digo levantándome de la cama, apartándome del tacto de su mano.

—Luchemos juntos, como siempre hacemos —dice Lía desde el centro de la cama.

—No es tan fácil, Lianta —contesto con cariño, mientras salgo al balcón de nuestro camarote.

Mi mente es un torbellino, ráfagas de recuerdos me invaden, embargándome en una mezcla de amor y miedo.

Distingo la manera en la que me sentí con todo el asunto de las redes sociales con Nuria, el profundo vacío que me dejó en el corazón nuestra ruptura, mi orgullo malherido al ver cómo vendía mi empresa al mejor postor.

Se mezclan los recuerdos de todo lo que Lía y yo hemos pasado durante este tiempo.

Mi corazón me grita, "Ella es distinta".

Mi mente me dice, "Si se acaba va a doler diez veces más".

Suelto un largo suspiro de frustración y me apoyo en la barandilla del balcón, mirando las olas que genera el barco mientras avanza a nuestro siguiente destino, sintiendo en mi rostro la brisa que me despeina ligeramente.

—Alonso… —dice Lía desde la puerta del balcón, sobresaltándome un poco—, no hace falta que lo decidas ahora —reconoce muy a su pesar, mientras me giro para mirarla—, vuelve a la cama —me dice, alargando su mano para que la coja.

—Lo sé, pero en cierto modo siento que es el momento para hacerlo —admitió mientras miro su mano—, necesito estar solo.

—Vale —contesta Lía, bajando la mirada y cerrando en un puño la mano que me ofrecía—, te espero en la cama.

—Lía —la llamo rápidamente antes de que termine de girarse y se dirija a la cama.

—¿Sí?

—Te amo con todo mi corazón, eso no va a cambiar jamás, decida lo que decida, lo sabes, ¿verdad?

—Lo sé —responde Lía con una media sonrisa que refleja más tristeza que felicidad.

Me quedo solo en el balcón y vuelvo a apoyarme en la barandilla para mirar la vasta negrura del mar por la noche.

Una negrura que mi mente interpreta como las sombras que están esperando para devorar cada ápice de felicidad de nuestra relación y que mi corazón interpreta como un grandísimo lienzo en negro donde escribir el resto de nuestra historia.

Siento cómo el frío empieza a calar en mis huesos.

Qué bien me vendría ahora mismo la sudadera que siempre me roba Lía.

Observo mi pulsera de los deseos atada con amor en mi muñeca izquierda, justo encima del tatuaje de la luna que representa nuestro amor.

Y entonces algo dentro de mí hace clic , este es nuestro eclipse, es la manera que tenemos de que su sol y mi luna se junten de una maldita vez para siempre.

No sé cuánto tiempo ha pasado, ¿una hora?

, ¿dos? Entro de nuevo en el camarote y me sorprende ver a Lía iluminada solo con la pantalla del móvil.

Sin duda, ella también está pasando por su propio infierno mental.

—¿No te has dormido? —pregunto con ternura, haciendo que pegue un pequeño respingo sobre la cama.

—No… No podía —dice con cierta culpabilidad—, estaba mirando las fotos del viaje —confiesa bajando la mirada.

Me doy cuenta de que ha llorado, tiene sus preciosos ojos algo hinchados y hay algún rastro de humedad en sus mejillas. Me enternece tanto que no puedo demorar más mi respuesta.

—Lía —digo con firmeza—, digámosle al mundo que nos pertenecemos —sentencio con una sonrisa de puro amor y determinación.