94. CAPÍTULO 94
Lía y yo nos sentamos en la mesa para cenar.
Ya están sentados todos nuestros amigos menos Jorge, que está hablando con Olga.
Sonreímos con un poco de vergüenza porque todos saben el por qué de nuestro retraso.
Lía intenta tapar las pruebas del delito con el cuello de mi camisa, la marca que ella misma ha dejado con sus labios en mi cuello fruto de la pasión del momento.
—Lía —dice Lidia mirándola—, no he podido evitar fijarme en la piscina en que tu primo está para mojar pan —dice con un tono muy sexual.
—Ya, no suelo ser consciente de ello, es mi primo, pero no es la primera vez que me lo dicen —dice Lía sonriendo.
—¿Tiene alguna novia de la que deba preocuparme? —dice Lidia casi ronroneando, mientras se lo come con la mirada.
—No que yo sepa, sé que tiene algún rollete medio habitual pero nada más —dice Lía pensativa.
Jorge, ajeno a la conversación, sigue hablando con Olga. Parece una conversación bastante seria.
—Madre mía, tía, yo también me sentiría segura teniendo a Thor a mi lado —dice riendo Lidia, intuyendo que de eso está hablando Jorge con la Capitana.
—Fíjate que a mí me valdría cualquiera de los dos hermanos —dice Lía riendo.
—Pues yo prefiero a Henry Cavill, es todo lo que cualquier hombre querría ser, y es todo lo que cualquier hombre querría tener —sonrío riéndome—, aunque Chris Hemsworth… Está también muy bien, habría que pedirle permiso a Elsa —digo, terminando de reírme.
—Henry es el novio perfecto para cualquier hombre hetero u homosexual —dice Lidia riendo, explicando mi gracieta a Lía, que se ha quedado con la boca abierta.
—Vaya, señor Saavedra, me sorprende —dice Lía riendo.
—¡Jorge Hemsworth! —grita Lidia descaradamente—, siéntate que te estamos esperando —dice mientras Lía y yo nos partimos de risa por la ocurrencia de Lidia.
Jorge se acerca a la mesa y se sienta al lado de Violeta, que se sonroja cuando Jorge la mira nervioso por el comentario de Lidia. Sonrío. Parece que a Violeta le gustan los mazados como Enrique y Jorge.
—Bueno, Lidia, háblame de ti. Quiero conocer un poco más a la mujer que mi chico considera como una hermana, ¿cuándo os conocisteis?
—A Alonso llevo conociéndolo desde que tengo uso de razón, siempre hemos sido inseparables, nuestros padres eran vecinos e hicieron buenas migas —dice Lidia con la mirada perdida—, desde entonces conozco al tonto este al que tú llamas novio.
—Oye, que no soy tan tonto —digo poniéndome bizco y poniendo la cara más tonta que puedo.
—Bueno, lo de llamarle novio… Después de esto me lo estoy planteando —dice Lía riendo.
—Lo que te decía, tonto perdido —dice Lidia, poniéndose una mano en el rostro.
—¿Y cómo es que al final Enrique, Alonso y tú conseguisteis currar juntos? —pregunta Lía con curiosidad.
—Pues muy fácil, yo conseguí el curro porque soy la caña, luego se lo conseguí a Enrique y luego Enrique a Alonso —dice Lidia orgullosa.
—Vamos, que la lista del grupo eres tú —dice Lía riendo.
—Eh, venga, tampoco te pases —dice Jesús defendiéndose.
—Eso, tampoco es tan lista —dice Enrique picado.
—Yo me callo antes de que me dejeis mal… —digo en bajito.
—¿Quieres que comprobemos que tienes razón? —dice Lidia, guiñándole el ojo a Lía.
—Adelante, por favor —dice Lía divertida.
—¡Ey, chavales!, vamos a tirar algo grande al agua, rollo una sandía —dice Lidia en alto para que la escuchen Jesús y Enrique.
—Sí, qué guapo —dice Enrique entusiasmado.
—Cojonudo —dice Jesús levantándose de la mesa.
—¡Buah!, me parece buena idea —salta Jorge.
Yo por mi parte no digo nada, intuyendo que es una trampa pero, la verdad, estaría muy guapo ver eso. Acto seguido, Jorge va a la cocina. A los cinco minutos aparece con una sandía en las manos.
—Va, chavales, vamos a tirarla —dice Jorge emocionado.
Mis amigos se levantan corriendo y se acercan a la borda de estribor para ver cómo Jorge lanza la sandía.
Yo me levanto disimulando y hago como que miro el paisaje, pero estoy atento al acontecimiento.
Lía y Lidia se ríen. Según Jorge lanza la sandía y con un golpe sordo hace un buen agujero en el agua sumergiéndose, los chicos se ponen a vitorear.
—Y ahí queda demostrada mi teoría —dice Lidia—, hombre tirar piedra a agua, hombre feliz —dice a carcajada limpia.
—Mis respetos, Lidia —dice Lía, levantando la copa de vino de la mesa chocándola con la suya—, necesito que me enseñes más —dice con curiosidad.
—Venga, neandertales, vamos a terminar de cenar —dice Lidia riendo.
Mis amigos y Jorge vuelven a la mesa chocando los cinco y planeando para después de la cena qué cosas tirar al agua. Madre mía, no podríamos haber dejado el pabellón más bajo ni aunque lo hiciéramos aposta.
—Bueno, Lía, Olivia, ¿cómo lleváis el disco?, ¿cuándo podremos escucharlo entero? —pregunta Amelia.
—Pues no va mal. Estoy ahora con una canción muy potente, pero necesito que Lía grabe un par de sesiones más —responde Olivia.
—Estas últimas canciones son más movidas, necesitan algo más de edición en el audio —dice Lía.
—A propósito, seguramente necesite a Óscar y su estudio —dice Olivia muy seria.
—¿Cuánto tiempo? —pregunta Lía preocupada.
—Entre cuatro y ocho —responde Olivia, como si le doliera lo que acaba de decir.
—En Argentina, supongo.
—En Argentina es donde tiene lo que me hace falta.
—No me entero, Lía, ¿me lo explicas…? —digo confuso, poniéndome una mano en la nuca.
—Verás, seguramente después de la gira de festivales del verano, Oli y yo tengamos que irnos a Argentina un mes o dos para terminar de grabar el disco —dice Lía mirando a otro lado.
El golpe me pilla con la guardia baja, dos meses sin verla.
—¿Y cuándo pensabas decírmelo? —pregunto vulnerable.
—Pues llevamos un par de meses barajando la cuestión pero, hasta que no me lo ha confirmado Oli ahora, no lo sabía de seguro —dice Lía bajando el tono de voz.
—Venga, chicos, dejad de hablar de trabajo —dice Violeta, arrastrando las eses y las erres—, hemos venido a disfrutar.
—¡Ups!, parece que alguien ha cogido el puntito —dice Lidia sonriendo.
—Me voy a llevar a Violeta a la cama antes de que con este ambiente haga algo que nos la líe a todos —dice Lía a modo de excusa.
—Después del viaje hablaremos esto —digo con firmeza—, entiendo que sea por trabajo, pero se me va a hacer eterno no poder verte.
—Después del viaje, prometido —dice Lía levantándose y yendo a por su amiga.