Superestrella 93. CAPÍTULO 93
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93. CAPÍTULO 93

Alonso y yo llegamos los primeros a la piscina pese a que Violeta nos ha interrumpido.

Creo que se acordaba de lo del avión y no quería que estuviéramos haciendo justo eso en vez de disfrutar de ellos.

Qué grande eres, amiga. Sonrío. Alonso se sienta al borde de la piscina y yo me siento a su lado.

La piscina es enorme. Jesús y Enrique se acercan a la piscina mientras hablan entre ellos.

Se sientan en unas tumbonas justo enfrente de nosotros.

Aparece la siguiente, Lidia, con su cuerpazo esculpido en el gimnasio y con solo un biquini amarillo puesto.

Miro a Jesús y a Enrique, pero ellos siguen a su bola, hablando. Lidia se sienta junto a mí.

—Qué cuerpazo, tía, me has quitado el hipo —digo riendo.

—Perdona, ¿tú te has visto? Si pareces una diosa con ese biquini que me llevas puesto. Estoy segura de que en cuanto te quites el pareo, Alonso se mete en la piscina del tirón —dice riéndose—, me gusta mucho el color, es morado como con un degradado, ¿no?

—Sí —respondo sonrojándome—, si quieres te paso dónde lo compré.

—Me parece bien.

Mientras hablamos llega Olivia y yo solo puedo mirar a Jesús, que esta vez ha dejado de hablar con Enrique y está con la boca ligeramente abierta.

Olivia lleva un triquini negro súper elegante.

Jesús cierra la boca, consciente de su reacción, y cruza las piernas para disimular. Se me escapa una carcajada.

—¿De qué te ríes? —pregunta Alonso curioso.

—Nada —digo con una sonrisa, intentando cubrir a su amigo.

—Jesús, yo también lo he visto —aclara Lidia riendo.

Alonso mira a Jesús y empieza a reír también.

Su amigo sigue con las piernas cruzadas y Enrique, frente a él, se nota que está intentando contenerse la risa, aunque con poco éxito de momento.

Y aparecen, por fin, Amelia con un biquini de tiro alto multicolor y Violeta con un biquini blanco con los hilos negros y un pareo transparente que parece vapor de agua.

Vuelvo a mirar a sus amigos y esta vez es Jesús el que se está aguantando la risa justo cuando llega Olivia a su altura.

Por mi parte, le doy un codazo a Alonso y a Lidia y señalo a Enrique con la cabeza.

Al instante, ambos miran a nuestro amigo.

Miro a Enrique y, aunque estoy lejos, puedo notar cómo su cabeza va de Amelia a Violeta y viceversa, así que el pobre hace lo más coherente que podría haber hecho un hombre en su situación, Enrique se tira sin pensárselo al agua.

Jesús estalla en carcajadas y Olivia se ríe, sin duda dándose cuenta de lo que está pasando.

—Ten cuidado luego al salir, Jenry —dice Jesús entre risas—, a ver si te vas a enganchar y vas a levantar el borde de la piscina —dice, descojonándose, con Olivia.

—Tú tampoco estás mucho mejor —dice Olivia riéndose—, que te he visto cruzar las piernas —dice divertida.

En ese momento llega Jorge corriendo y se tira de bomba junto a Enrique. La piscina rompe en unas olas gigantes producidas por el chapuzón.

—Enrique, el único valiente que se ha tirado al agua —dice Jorge, ajeno a lo que ha pasado.

Enrique se da la vuelta y Jorge abre mucho los ojos.

—A mí no me ataques con eso, titán —dice riéndose y dando una brazada hacia atrás, apartándose, desatando la carcajada de todos los presentes.

—Madre mía, qué básicos —dice Alonso con aire de superioridad.

Miro a Lidia, que me vuelve a dar con el codo y me asiente.

Me levanto del bordillo y me quito el pareo para dejarlo en las tumbonas que tenemos detrás.

Justo cuando me voy a dar la vuelta, escucho un chapuzón.

Me giro y veo cómo Alonso está en el agua mirándome agitado.

Lidia, por su parte, está en el bordillo agarrándose la tripa, riéndose desatada.

—Tú no te rías tanto —dice Alonso picado, nadando hacia Lidia.

—No, no, ni se te ocurra —dice Lidia sin poder moverse de la risa.

Alonso la coge de los brazos y tira fuerte, tirándola así al agua.

—Lía, una ayudita —dice Lidia divertida.

—No, no, yo no me meto en ese tipo de batallas —digo elegante.

—Si no te tiras tú, salgo y lo hago yo —dice Alonso pícaro—, además tengo ahora mismo un gancho muy efectivo para que no te escapes —dice guiñándome un ojo pervertidamente.

—Desvergonzado —digo, haciéndome la mojigata. En ese momento noto cómo un cuerpo frío y empapado me levanta del suelo y me carga hasta la piscina—. ¡Ah!, ¡suéltame! —digo revolviéndome.

—Vale, lo que digas, prima —dice Jorge, tirándose a la piscina conmigo.

—Pelot… —es lo único que consigo decir antes de que todo mi cuerpo se sumerja en el agua.

Abro los ojos bajo el agua y veo cómo alguien tira de mí para que salga a la superficie. Es Alonso.

—Si necesitas un boca a boca, que sepas que estoy cualificado para poder dártelo —dice juguetón mientras choca los cinco con mi primo, que va riéndose a carcajadas, alejándose de mi furia por si acaso.

—Puede que lo necesite —digo, acercándome sensualmente a Alonso. En el momento en el que están sus labios a centímetros de los míos, aprovecho para apoyarme en sus hombros con todas mis fuerzas y hundirle la cabeza en el agua.

Nado con todas mis fuerzas riendo hacia el borde de la piscina, donde Lidia me está esperando.

Me ofrece una mano para que pueda salir antes de que Alonso, al que ya escucho a mi espalda, me alcance.

Justo cuando consigo que todo mi cuerpo esté a salvo fuera de la piscina, Lidia suelta una carcajada.

—¡Toma, girl power ! —grita Lidia triunfal, agitando los brazos.

Yo, por mi parte, descanso en el suelo del barco riendo. Alonso, que ha salido del agua, se pone a mi lado. Tiene la respiración agitada. Gira su cabeza mirándome y yo giro la mía para mirar sus ojos tan azules como el mar que nos rodea ahora mismo.

—Va a ser una buena semana, Lianta —dice sonriendo para, acto seguido, levantarse y buscar a Amelia junto a Jesús y tirarla al agua.

Veo cómo Olivia, ante la amenaza de Jorge, que ya va hacia ella, se tira sin pensárselo a la piscina, riéndose y haciendo una peineta a mi primo.

Violeta, que se cree a salvo porque Alonso y Jesús han tirado a Amelia y no a ella, no ve cómo se le acerca por detrás Enrique para cogerla en volandas, como mi primo ha hecho conmigo.

—¡Ah!, ¡suéltame, bruto!, ¡el pareo! —es lo único que puede decir Violeta hasta que cae directamente al agua, riendo.

Desde luego, si sigue así el ritmo, va a ser una buena semana.

Veo cómo todas mis amigas y sus amigos, ¡qué cojones!

, nuestros amigos, interactúan, se ríen y disfrutan, y eso llena mi corazón de felicidad.

Es todo lo que quiero, ser una chica de veintiséis años que disfruta de unas vacaciones con sus amigos y su novio.