Superestrella 84. CAPÍTULO 84
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84. CAPÍTULO 84

Cuando la canción acaba, todos mis amigos me miran

—La canción ha estado muy guapa —dice Enrique, rompiendo el silencio.

—Pues a mí me parece que ha estado más guapo cuando Alonso ha escupido media cerveza cuando Lía ha dicho que estaba embarazada —dice Lidia riéndose.

—La verdad es que eso ha sido epiquísimo —dice Olivia, riendo con Lidia.

—Yo ya le estaba viendo buscando marcas de pañales en Amazon —se ríe Jesús.

—Tíos, no seáis bebés —dice Enrique serio—, que de esos ya ha tenido suficiente Alonso hoy —dice, descojonándose con todos.

—No os paséis tampoco —dice Amelia—. Alonso, la canción ha sido preciosa —me dice Amelia sonriendo—, casi me quedo embarazada escuchándola —suelta, desatando más risas en mis amigos.

—No sé si lo sabíais, pero sois un poquito cabrones, ¿eh? —digo riendo con ellos.

Mi móvil empieza a vibrar, es Lía con una videollamada. La cojo y ella aparece en pantalla.

—¿Lo has visto? —pregunta impaciente y emocionada.

—Sí, has estado brutal, estos todavía se están descojonando de mí con la del embarazo —digo quejándome.

—Va, Alonso, no la acapares —dice Amelia—, déjanos saludarla.

Apoyo el móvil en la tele para que tenga una perspectiva de todos.

—Hola, chicos —dice Lía saludando.

Lía mira a todos y por un instante le cambia el semblante. Pero es eso, un solo instante, ya la conozco tanto que sé perfectamente qué es lo que lo ha provocado.

—¿Os ha gustado? —pregunta Lía sonriendo.

—Me ha flipado la canción —dice Jesús.

—Pues dale un beso a Oli, porque que sea tan cañera y buena es cosa suya —dice, guiñando un ojo a su amiga.

—A mí me flipa tu outfit —dice Amelia.

—Vaya, ahora nadie se ríe de la bromita del embarazo —digo volviéndome a quejar.

—Alonso —dice Enrique—, no me seas bebé —suelta riéndose.

—Al menos he estado yo más cerca de tenerlo que tú —le contesto inmediatamente.

—¡Uh!, durísima esa —dice Jesús, chocándome la mano y dejando a Enrique callado, mientras Amelia se ríe también.

—¿Cuánto tardáis en volver? —pregunta Olivia.

—No sé, espera —dice Lía, dándose la vuelta—. ¿Cuánto? —pregunta a alguien fuera del alcance de la cámara.

—No, que no te espere despierto —consigo distinguir la voz de Violeta.

—Lo siento, chicos, pero tenemos que quedarnos. Violeta y yo tenemos que negociar con una marca de zapas. Dice que no me esperes despierto, amor —dice Lía.

Me levanto. Cojo el teléfono y me enfoco solo a mí.

—Te espero despierto, no te preocupes —digo, poniendo mi voz más tierna.

—Eh, chavales, creo que sobramos —dice Enrique, levantándose y recogiendo los botellines de la mesa.

El resto de mis amigos asiente y le ayudan a recoger, se despiden de mí y van enfilando la puerta.

—Por fin solos —digo sonriendo.

—Espérame despierto —dice Lía, cambiando el registro amable que estaba usando cuando estaban mis amigos—, tenemos que hablar.

—Está bien —digo muy a mi pesar—, pero si tardas mucho no prometo nada.

Hago tiempo viendo la tele y mirando las redes en el móvil, me sale varias veces el troleo de Lía a Broncano, o Lía en el escenario cantando alguna de sus canciones.

Veo también, molesto, cómo empiezan a sacarle novios de la nada, todos famosos.

Por lo visto, según algunos usuarios, lo hace para despistar, lo que ha dicho en La Revuelta no es verdad y está saliendo con algún famosete, algunos dicen que el famoso está casado y por eso lo lleva en secreto.

También veo aparecer la foto borrosa con el hashtag #NovioMisterioso.

Joder, la verdad es que Lía estuvo muy rápida empujándome, salgo borroso, pero cualquiera que me conozca bien podría reconocerme.

Los ojos empiezan a pesarme y me quedo traspuesto en el sofá.

Me despierta el sonido de la puerta de casa abriéndose. Abro los ojos adormilado y me incorporo a duras penas. Lía aparece por la puerta, intentando no hacer mucho ruido.

—Estoy despierto —digo con voz de ultratumba.

Lía se sobresalta un poco y cierra la puerta rápidamente.

—Qué susto me has dado —dice riendo—, lo siento, se ha alargado bastante la reunión. No nos ponemos de acuerdo con la exclusividad ni la aprobación del feed .

—Exclusividad, sí, sí —digo aún despertándome.

—Mejor hablamos mañana —dice ella, dándome un beso en la frente.

—Mañana, hablar, vale.

—Tú, yo, ir, cama, tú troglodita —dice Lía, riéndose a carcajadas.

Lía me guía por el salón con pequeños empujones hasta que llegamos a la cama y me tumbo, ocupando mucho más que mi mitad de la cama.

Con los ojos medio abiertos, veo cómo se empieza a cambiar y a poner el pijama corto, muy corto, de verano.

Eso sí despierta mis sentidos… Lía termina de desmaquillarse y se mete en la cama, empujándome para que ocupe mi sitio.

Me resisto, pero la dejo hacer y, justo cuando se tumba dándome la espalda, la abrazo entera con brazo y pierna, acaparándola.

—¿Qué haces, tonto? —pregunta Lía divertida.

—Eres mía, no puedes quejarte.

—Pues quita, que hace un calor que flipas y pareces una manta eléctrica.

—Si tienes calor, te quito la calentura —digo pícaro, totalmente despierto.

—Ya puedo yo sola —me contesta riendo, cogiendo el mando del ventilador de techo de su mesilla y encendiéndolo—. Ves, mucho mejor.

—Bueno, al menos ya no te puedes quejar del calor y puedo abrazarte —digo divertido.

—Vale, pero quita la pierna, que me agobias —dice echándome la bronca.

—Vale, vale… Por cierto, una cosa…

—Dime.

—Te quiero. Gracias por reivindicarme en la tele.

—Te quiero. Gracias por intentar esperarme.

Sin cruzar ninguna palabra más, me acomodo a su espalda y coloco su pelo para que no me asfixie. Pego la nariz en su nuca para olerla, un olor que, a estas alturas, para mí significa hogar.