83. CAPÍTULO 83 #2
Borro la sonrisa de mi cara por completo. Me levanto del sofá de un salto, visiblemente indignada, y miro hacia el lateral del escenario donde está Violeta, antes de clavarle los ojos a David con pura frialdad. El público se calla en seco, conteniendo la respiración ante el amago de espantada.
—A ver, David, para el carro. Violeta no me avisó de que en el guion de hoy íbamos a hablar de mi embarazo —suelto con voz pausada, seria y cortante, cruzándome de brazos—. Me parece de muy mal gusto que saques esto así, de verdad.
Broncano se queda petrificado en la silla.
Se le abre la boca, se le cae el bolígrafo de las manos y mira a la cámara de realización con una cara de pánico absoluto, tragando saliva por primera vez en toda la noche al creer que me he rebotado en directo y que acabo de desvelar una exclusiva sagrada por culpa de su chiste del bautizo.
Grison frena en seco los dedos en la guitarra.
—Joder… ¿En serio, tía? —balbucea Broncano, poniéndose completamente rojo—. No me jodas que la he liado… Lo siento un huevo, Lía, de verdad. Perdona, yo no sabía nada, pensaba que estábamos de cachondeo… Qué situación. Cortamos si quieres, en serio.
—No, no hace falta cortar nada, pero es que me parece increíble —continúo, aguantando el tipo con una seriedad impecable mientras disfruto de verle sufrir en el ring—.
Te he dicho al principio del programa que hoy me iba a abrir en tu programa en exclusiva y te iba a hablar de mi vida privada, David, pero te di la mano y has cogido el brazo entero.
Te has pasado tres pueblos. Esto es algo demasiado íntimo…
¡Si es que no lo sabe ni él todavía! Me acabo de enterar hace dos horas.
—¡Hostia puta! —exclama Broncano, llevándose las manos a la cabeza, completamente pálido y mirando a Castella desbordado por la situación—. Tierra, trágame, de verdad. Lía, lo siento muchísimo, cerramos el plató ahora mismo si hace falta, no quería joderte esto…
Sostengo el pulso un segundo más, saboreando el colapso absoluto del programa en directo y, de pronto, vuelvo a sentarme en el sofá desternillándome de la risa y tapándome la cara con las manos, mientras el teatro entero estalla en gritos, aplausos y silbidos al darse cuenta de la troleada histórica.
—¡Que es mentira, David!, ¡eres un ingenuo! —le grito muerta de risa—. ¡Que no estoy embarazada! No estoy en esa fase de mi vida ni he pensado en tener hijos todavía, por favor, que estoy en pleno apogeo de mi carrera y no es el momento.
—¡Qué hija de puta, tía! —grita Broncano, llevándose las manos al pecho, respirando aliviado mientras se dobla de la risa y recoge el boli del suelo—.
Me ha dado un vuelco el corazón que casi me da un síncope aquí mismo.
Qué cabrona. El chaval en su casa habrá tirado la televisión por la ventana del susto.
Vaya sangre fría tienes, tía, qué bien lo has vendido. Casi me pongo a llorar yo del agobio.
—Pero ojo, David —le corto con una sonrisa pícara, inclinándome hacia delante—, lo que no es mentira, y esto te juro que pasó de verdad, fue lo de la cajita.
El otro día en un restaurante tuvimos una confusión tremenda con una cajita que sacó de su bolsillo y casi me da un microinfarto pensando que se iba a arrodillar.
Fue un equívoco absoluto y casi me muero.
Una parte de mí se asustó por la velocidad, claro, pero…
Bueno, si aquel instante frente a la cajita hubiera sido real, sospecho que no estaríamos hablando hoy de una simple mudanza.
Dejémoslo ahí, que Violeta me está fulminando con la mirada desde el lateral.
—¡Ojo, ojo!, ¡que se lo llega a pedir de verdad y salimos de aquí firmando los papeles del juzgado!
—se mofa Broncano, frotándose las manos—.
El barista estuvo a punto de hincar la rodilla y a Lía le dio el tembleque, pero le gustó la idea.
Está bien saberlo. Bueno, vamos con la segunda, que ahora que tienes novio oficial te habrás hinchado, tía.
Es matemático. Relaciones sexuales en el último mes.
Coito, masturbación, lo que sea. El código de puntuación del programa. ¿Cómo vais?
—Pues el mes pasado no llevé la cuenta pero, este último mes… ¿Entre veinticinco y treinta veces? —enarco una ceja, mirándole.
—¡¿Entre veinticinco y treinta veces?! ¡Pero Lía, por favor, si estamos a mitad de mes!
—grita Broncano, llevándose las manos a la cabeza—.
Eso es más de una vez y media al día. ¿Pero este chaval qué come?
Escúchame, ahora entiendo perfectamente por qué eliges al tío normal de la calle y pasas olímpicamente de los futbolistas y los actores millonarios.
¡Es que el barista es un follador nato!, ¡menuda trilladora!
Pero a ver, explícame la logística. ¿Cómo os da tiempo con ese ritmo?
, ¿cómo esquiváis a la prensa rosa para encajar veintitantas cópulas en quince días?
, ¿lo hacéis de incógnito en el almacén del café o es que os mimetizáis con el entorno?
—Bueno, tampoco son tantas —digo, poniéndome un poco chulita y encogiéndome de hombros—. El que quiere, busca el momento, David. Una peluca por aquí, un coche con los cristales tintados por allá… Se hace lo que se puede.
—¿Peluca? ¡Para, para! —me corta Broncano con los ojos abiertos, frotándose las manos con picardía—.
¿Me estás diciendo que os van los disfraces para follar?
, ¿qué pasa, que el chaval se viste de inspector de sanidad y tú de paciente rezagada?
Grison, apunta esto, el novio misterioso opera con peluca. Vaya nivel de juego.
—¡Que no!, ¡es para que no me cacen los fotógrafos por la calle, David! —me muero de la risa en el sofá, completamente colorada por la burrada, mientras el público aplaude y silba.
—¿Y qué que no son tantas? —retoma Broncano el hilo, poniendo las manos en jarra y dando un paso al frente—.
A ver, tía, baja de la nube. Si dejas el marcador en treinta veces en quince días y no son tantas para ti…
¿Qué es lo normal en tu cabeza?, ¿a partir de cuántas cópulas empieza a contar el taxímetro de las superestrellas?
, ¿cincuenta?, ¿ochenta al mes? ¡Cuéntame!
—No, a ver, no exageres —me defiendo riendo, intentando salir del aprieto—. Es que cuando estás con la persona que quieres y te da esa paz… Bueno, pues fluye de forma natural. Tampoco vas contando los días con un calendario en la mano.
—A ver, Lía, para un momento —me frena Broncano, apuntándome con el boli y entornando los ojos—.
Has dicho que te da paz. Tía, con treinta coitos en las costillas en medio mes, paz no es precisamente lo que te está dando ese hombre.
¡Te está dando de todo menos paz! ¡Te está dando un meneo diario de campeonato!
—¡David, por favor! —grito roja como un tomate, mientras el teatro entero ríe a carcajadas, eufórico.
—Madre mía, estáis en vuestro prime absoluto entonces. Vaya ritmo —asiente Broncano, mirando a la grada con admiración cómica.
—Se podría decir que sí —asiento con suficiencia, intentando recuperar la compostura.
—Pues déjame mandarle un mensaje directo al chaval desde aquí. Mirando a esa cámara de ahí. La de realización, ponme el plano corto. Eso es.
—Claro, adelante, dile lo que quieras.
—¡No te vayas a vivir con ella, insensato!
¡Vas a dejar de follar tanto! En cuanto firmes la hipoteca, eso se convierte en una vez al mes y gracias —le grita Broncano a la lente con cara de loco, desatando las carcajadas del público—.
Y sin más dilación… Lía Romero en exclusiva para nosotros con su nuevo tema, “A Pedazos”.
—Bueno, David, déjame decir una última cosa antes de empezar —le corto, levantándome del sofá para caminar hacia el pie de micro mientras toco sutilmente nuestro colgante.
—Claro, Lía, adelante. El escenario es tuyo. Todo tuyo.
Respiro hondo, clavo la mirada en la luz de la cámara central imaginando sus ojos al otro lado de la pantalla de televisión y carraspeo, sintiendo el silencio sepulcral del teatro.
—Esta canción va por ti, mi amor. Nuestras cicatrices duelen menos cuando las llevamos juntos. Te quiero.
Según termino de pronunciar esas palabras, las luces del teatro se atenúan y empieza a sonar mi canción.
Llegaste cuando no ya no creía,
cuando el amor sonaba a error,
yo iba esquivando la vida
y tú me hablaste sin temor.
Entre canciones a medio volumen,
mensajes a las tres y algo de drama,
me enseñaste que no siempre el amor duele.
Si me caigo, no preguntas,
me levantas.
He descubierto que siempre has sido
mi destino.
Te he visto en las malas y en las buenas.
Tú me has visto cuando no me encuentro y dudo de mí,
cuando todo pesa y quema,
me recuerdas quién soy.
Hemos llorado por lo mismo,
por amores que no eran amor,
y hoy nos reímos del pasado
porque ahora no ya no pesa.
Nos enamoramos sin pedir permiso,
con heridas que hoy son luz.
Sé que si me pierdo en este bullicio,
me encuentras tú.
No hacen falta explicaciones,
con mirarte ya lo sé,
eres calma entre millones.
Te he visto en las malas y en las buenas.
Tú me has visto cuando no me encuentro y dudo de mí,
cuando todo pesa y quema,
me recuerdas quién soy.
Y si mañana todo cambia,
y si el mundo se cae a pedazos,
prometo no soltarte de la mano.
Te he visto en las malas y en las buenas.
Tú me has visto cuando no me encuentro y dudo de mí,
cuando todo pesa y quema,
me recuerdas quién soy.
Oh-Oh
Oh-Oh
Y si el mundo se cae a pedazos,
prometo no soltarte de la
mano.