Superestrella 83. CAPÍTULO 83
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83. CAPÍTULO 83

—Bueno, y ahora vamos con las preguntas de rigor, que aquí no hemos venido a ponernos tiernos ni a llorar, que se nos deprime la audiencia —dice Broncano, frotándose las manos y mirándome fijamente mientras el teatro ríe—.

Primera, ¿cuánto dinero tienes ahora mismo en la cuenta corriente?

Contando el patrimonio, las propiedades, las acciones…

Dame el dato real, Lía, no me seas gallega hoy.

—Ay, David, de verdad… Es que es súper relativo. Tengo muchas cosas invertidas, los derechos de autor varían mes a mes… No sé, no tengo el fajo en el bolsillo —intento escurrir el bulto con una sonrisa incómoda.

—No, no, no, aquí no valen las evasivas. Has dicho al entrar que hoy contestabas sin filtros —insiste Broncano, apuntándome con el boli—. Mójate. Ricardo, búscame cuánto se estima que tiene esta mujer en internet para que no nos mienta.

—A ver, según la revista Forbes y las listas de éxitos de la discográfica… —empieza a teclear Castella desde su mesa—, aquí dice que con las reproducciones globales y las marcas está forrada. Debería andar holgada.

—¡Ves! Ricardo tiene los satélites espía activados —jalea Broncano—. Venga, Lía. Si Hacienda te liquidara todo mañana mismo y te tuvieras que quedar con el dinero limpio en una cuenta…

—¿Tú cuánto crees que podría tener, pregunto? —le corto el ritmo, mirándole retadora y divertida.

—¡A mí no me des la vuelta a la tortilla, tía! —grita Broncano mientras el público se ríe.

—¡Yo qué sé! ¡Un millón de euros! —digo sin pensarlo mucho.

—¡Un millón de euros vas a tener tú! ¡No me jodas, Lía! —dice Broncano, provocando una carcajada general—. ¡Estamos hablando de euros actuales! ¡Si solo con los streams de las canciones te da para comprarte tres pueblos de Jaén enteros! Dame una cifra aproximada, por cumplir la promesa.

—Vale, vale, está bien… —suspiro, encogiéndome de hombros y un poco avergonzada, queriendo quitarle importancia—.

Si sumamos el valor de las propiedades, los fondos de inversión acumulados de estos años y los contratos firmados de la gira por Argentina y el resto de Sudamérica…

Rondará los seis millones de euros en total, más o menos.

Pero de verdad que suena a mucho más de lo que realmente se siente en el día a día.

—¡Seis millones de pavos! ¡Madre mía, estás forrada! Vaya sobrada —grita Broncano, haciendo aspavientos con los brazos—. Grison, seis millones de euros. ¿Cuántos tápers de asado son eso?

—Eso es tener la vida resuelta hasta la tercera generación, David —dice Grison.

—Ojo, has dicho el valor de las propiedades. ¿Qué pasa, que tienes un imperio inmobiliario o qué?

—Bueno, los que tenía —me corrijo rápido, carraspeando—.

Los he puesto todos en venta. La prensa rosa no me dejaba vivir en paz en ninguno, se sabían todas las ubicaciones y era insoportable.

Yo solo quiero vivir tranquila y poder hacer cosas normales con mi novio, sin tener tres cámaras pegadas al cristal del salón.

Así que Violeta se ha puesto firme y los está liquidando todos.

—Joder, menudo drama con los paparazzi , tía, qué agobio —dice Broncano, empatizando un segundo antes de afilar la mirada—. Espera, espera. Has dicho que vendes todos tus pisos. ¿Y dónde vas a meterte ahora? ¿Vas a comprarte un chalet nuevo en las afueras para cambiar de aires o cómo está la cosa?

—Sí, exacto. Estamos… Bueno, Violeta y mi equipo están mirando de comprar una sola propiedad nueva, algo con más seguridad —intento recular sobre la marcha.

—A ver, frena ahí —me caza Broncano al vuelo, entornando los ojos—.

Has dicho "estamos mirando". Luego te ha entrado el pánico y has metido a Violeta y al equipo en el saco.

A mí no me engañas. Si liquidas tres pisos tuyos para mirar una sola propiedad nueva en plural…

Lía, ahí va a haber más de un cepillo de dientes en el baño, ¿no?

—No, de verdad, David, es que el equipo busca una estructura que se adapte a las necesidades de la discreción y… —intento desviar la atención, poniéndome un poco nerviosa y moviendo las manos.

—Que "estamos mirando" significa que hay proyecto común —insiste Broncano, arrastrando la silla hacia delante para acorralarme con humor—.

Que los baristas y las estrellas del pop necesitan espacio.

No te me vayas por la tangente. ¿Te mudas con el chaval borroso o no?

¿Cuánto tiempo lleváis juntos para dar un paso así? ¿Un año, dos años?

—Bueno… Llevar, lo que se dice llevar… —me trabo, jugando con el colgante que me regaló Alonso—. Unos cuatro o cinco meses. Escasos.

—¡¿Cuatro o cinco meses?! —se echa las manos a la cabeza Broncano, pegando un grito en el asiento—.

¡Pero bueno! ¡Que os habéis conocido antes de ayer!

¿Por qué te vas a vivir con él tan pronto?

¡Vais volando, a velocidad nuclear! Con cuatro meses de relación la gente se regala una planta o va a cenar a un italiano pijo, ¡no junta patrimonio para comprar una casa común con foso para los fotógrafos!

¿Por qué esa prisa, Lía? ¿No es tirarse a la piscina sin mirar si hay agua?

Espera, frena un momento. Si lleváis cuatro meses, a mí el calendario de las revistas del corazón no me cuadra.

Hace nada saliste en todas las portadas en mitad de la calle con el futbolista Juan Castillo.

Internet se volvió loco con esa foto. ¿Qué pasa, que estás jugando a dos bandas o cómo se come esto?

—¡Para nada, David! Qué horror, no inventes —le corto de inmediato, borrando la sonrisa por completo mientras siento cómo la mala hostia me enciende la sangre al recordar ese momento tan desagradable—.

Aquello no fue ningún truco publicitario ni ninguna tontería de esas.

Fue una encerrona de manual. Es verdad que cené con él esa noche, pero fue porque insistió muchísimo para intentar ligar conmigo.

Yo acepté ir solo porque todavía no había hecho público que tenía novio y no quería levantar sospechas que pudieran causarle movidas a mi chico, quería protegerle.

Al salir de la cena, ya en mitad de la calle, hizo el amago de despedirse con los dos besos de rigor y me la jugó a traición.

Se lanzó a robarme un beso forzado en la boca.

Esa foto exacta del forcejeo fue la que reventó todas las portadas.

Fue una situación horrible y me sentí súper mal, David.

—Joder… —reacciona Broncano, perdiendo el tono de cachondeo al ver la seriedad y la rabia real en mis ojos—. Vaya tela con el notas. Un impresentable total.

—Te juro que me dio tal ataque de rabia que iba a tumbarle yo misma allí mismo de un guantazo —continúo, manteniendo la elegancia en la voz pero con una firmeza que silencia al teatro entero—.

Sangre no me faltaba para meterle un viaje.

Pero por suerte reaccionó Jorge, mi guardaespaldas, que es un santo pero tiene dos vigas por brazos.

Se metió en medio al segundo, me apartó para evitar que yo le pegara y que el momento fuera aún más viral en los medios, y le metió un puñetazo en la mandíbula que lo dejó durmiendo en la acera.

Nos subimos al coche y le dejamos allí tirado.

Lo peor de todo este asunto es que por culpa de ese payaso y de su beso forzado, mi chico sufrió muchísimo en casa sin ninguna necesidad, y yo también.

Mi corazón y mi cabeza han estado en el mismo sitio desde hace cuatro meses, te lo aseguro.

Solo he tenido ojos y pensamiento para mi chico.

—¡Toma ya! ¡Grande Jorge! —grita Broncano, mientras el teatro estalla en una ovación unánime de aplausos jaleando a mi primo—.

¡Menudo directo al mentón! Juan Castillo, te han mandado a boxes y con collarín en directo.

Le sacaron tarjeta roja de un guantazo, vaya manera de morder el césped.

Me parece un héroe Jorge, de verdad. Pero bueno, volviendo a la piscina…

¿Por qué esa prisa por mudaros si lleváis tan poco?

—Porque cuando encuentras algo real, el tiempo no importa, David —respondo con una sonrisa firme, con orgullo y defendiendo nuestra relación ante todo el mundo—.

Mira… Si encuentras al hombre que te cura las heridas y te hace feliz en mitad de toda la mierda que rodea a este mundo, no lo dejas escapar por culpa de un calendario.

Sí, vale, me has pillado, eres un lince. Queremos irnos a vivir juntos.

—¡Lo sabía!, ¡paren las rotativas! —grita Broncano, saltando de la silla—.

¡Se muda con el novio misterioso de los cuatro meses!

¡Un aplauso, gente, para Lía, que se la juega a cara o cruz!

—El presentador frena las palmas de golpe con el bolígrafo en alto—.

Espera, espera un momento. Has dicho antes que tienes seis millones de euros y que estás vendiendo tus pisos para comprar esa casa.

A ver, Lía… ¿Qué pasa?, ¿que la casa la pagas tú entera?

, ¿no? Que el chaval va a gastos pagados.

—Para nada, te equivocas por completo —le corto de inmediato, poniéndome muy seria para dejar las cosas claras—.

De hecho, fue lo primero que me exigió cuando lo hablamos.

Es un tío súper humilde pero tiene una integridad que ya le gustaría a muchos de los que se mueven por las zonas VIP.

Me puso como condición que la buscáramos juntos y que, aunque yo la pague a toca teja, él me va a ir pagando su mitad mes a mes, euro a euro, como si fuera su propia hipoteca. No quiere que le regale nada.

—¡Joder! —reacciona Broncano, asintiendo con sincero respeto mientras el público del teatro regala una ovación espontánea—.

Pues un aplauso para el chaval, coño. Eso es ser un tío íntegro y lo demás son tonterías.

Me cae bien tu novio, Lía. Pero a ver… —Broncano entorna los ojos con picardía—.

Cuatro meses de relación, casa nueva a medias, hipotecas ficticias…

¿Hay campanas de boda ya o qué pasa aquí?

, ¿nos vamos a ir de bautizo antes de que acabe el año? Que vais muy rápido, de verdad.