82. CAPÍTULO 82
Hoy Lía va a salir en La Revuelta y hemos quedado todos para verla en mi casa.
Lleva toda la semana muy misteriosa con la entrevista de hoy.
No ha soltado prenda de por qué la está preparando tanto.
Estamos ya en julio, han pasado casi diez días desde nuestra conversación en el Refugio y tengo la extraña sensación de que tiene que ver con eso.
Se supone que Broncano es un buen amigo y por eso va a su programa y no a otros, porque más allá del tono del programa y de sus bromas, él la respeta y, si dice que no va a hablar de algo, él no insiste.
Noto una vibración corta de mi móvil, un WhatsApp. Miro quién me escribe, es Lía.
Estoy a punto de salir, estoy muy nerviosa… No te lo pierdas y pon la tele… tengo una sorpresa🥰
Vale, ahora mismo pongo la tele ❤️
—¿Habéis puesto ya La 1? —pregunto a mis amigos sentados en el sofá desde mi habitación.
—Sí, pesado —dice Enrique—, ya está puesta.
—Déjale, cariño, ¿no ves que está nervioso? —dice Amelia.
—Alonso —dice Olivia—, ¿quieres una cerveza?
—Vale, gracias, Oli —digo sonriendo mientras me siento en la butaca que tengo al lado del sofá.
—¡Jesús, trae una más! —grita Olivia hacia Jesús, que está en la cocina.
El timbre suena.
—¿Habéis pedido algo, chavales? —pregunto.
—No —contesta Amelia.
—Yo tampoco, no me ha dejado Oli —dice Jesús trayendo la cerveza.
Me levanto, voy hacia la puerta y la abro curioso.
—Lidia —digo sorprendido—, ¿qué haces aquí? —pregunto curioso.
—Me dijo Jenry que hoy os juntabais todos para ver a Lía en La Revuelta , ¿puedo?
—Sí, claro, claro —digo apartándome de la puerta para que pase mi amiga.
Mientras Lidia pasa, veo cómo Enrique y Amelia sonríen y chocan los puños con complicidad. Lidia saluda a todo el mundo con cariño, incluyendo a Olivia, aunque en su caso veo cómo ambas se han tensado.
—¿Quieres algo, Lidia? —pregunta Olivia.
—Una cerveza está bien.
—¡Jesús! —grita Olivia.
—No te preocupes —dice Lidia apurada—, ya voy yo a por ella —dice mientras va hacia la cocina.
—¡Corred, gente, que empieza ya! —grita Enrique.
Corremos todos a sentarnos entre los dos sofás que tengo y la butaca.
El programa inicia con su cabecera habitual y vemos cómo Broncano presenta a su invitada especial de hoy, Lía.
Ella entra con todo lo preciosa que es, vestida de una manera muy informal, lleva una camisa blanca de corte amplio y con las mangas ligeramente remangadas, se aprecia también un top lencero negro asomando bajo la escotada camisa.
De parte de abajo lleva unos pantalones vaqueros azules de tiro alto con un corte de pierna ancho y un cinturón negro con una hebilla dorada que realza su figura.
La recorro de arriba a abajo, lleva el pelo recogido en un moño y desde él caen el resto de sus rizos rubios y rosas, los rizos que me dejan sin respiración.
De pronto, cuando llego a su cuello, me fijo en un detalle que me roba una sonrisa, lleva puesto el colgante en código morse que le regalé.
Delante de España entera está gritando mi nombre.
En fin, Lía va pegando botes, le da dos besos al presentador y se sienta en el sofá de invitados.
—Joder, Lía, tía, bienvenida de nuevo —dice Broncano, repanchigándose en la silla y señalándola con el bolígrafo—. Un placer tenerte aquí otra vez en La Revuelta . Esto sigue igual de feo y de rancio, ¿no? No hemos cambiado nada.
—Gracias, David. Es un placer estar aquí, como siempre. Veo que el sofá sigue teniendo la misma roña de la última vez —dice Lía, arrancando una carcajada al público.
—A ver, tía, eres ya casi de la casa, una veterana total.
Llevas como cuatro visitas. Así que espero que hoy contestes a las dos preguntas de verdad y no me vengas con evasivas corporativas de mánager asustada —dice Broncano, divertido—.
Respuestas humanas, ¿eh? Sin rodeos. Pero antes…
¿qué me has traído? Sé que me has traído algo porque vienes con las manos vacías y eso en esta casa suele significar contrabando por la espalda.
—¡Que no es contrabando! —se ríe Lía, haciendo un gesto hacia Grison—.
Bueno, a ver… Técnicamente se lo ha quedado Grison para que no se enfríe.
Es un táper con asado argentino que te ha mandado mi madre, que le caes súper bien.
Y un paquete de café de especialidad que…
Bueno, digamos que en mi casa se ha convertido en un producto de primera necesidad.
Últimamente me preparan unos cafés en la cocina que te juro que quitan el sentido.
—¿Cómo, cómo? Para, para —le frena Broncano—.
Me interesa mucho lo del asado de tu madre, ¿eh?
Grison, el asado no se toca o te reviento la guitarra en la cabeza.
Pero ojo al segundo regalo. Has dicho "me preparan unos cafés".
En plural majestuoso. ¿Quién te prepara el desayuno, Lía?
¿Tienes un mayordomo colombiano en el piso o es que el chaval de las revistas te maneja la cafetera?
Pero espera un momento, Lía… —Broncano entorna los ojos y la apunta con el boli—.
Si el asado te lo cocina tu madre porque soy su yerno ideal en su cabeza, y el café de especialidad viene de parte de ese misterioso entorno tuyo…
¡Tú a mí no me has traído una puta mierda!
Me estás trayendo regalos de otros. ¡Dame algo tuyo, tía, no me seas rácana!
—¡Pero si te estoy dando mi presencia, David!
—se desternilla ella en el sofá, entre los aplausos del público—.
Venga, va, no te quejes. Te prometo que si hoy te portas bien en esta entrevista y no me puteas mucho, te voy a hablar en exclusiva de cosas de mi vida personal que jamás le contaría a otros medios.
Sabes perfectamente que soy súper celosa con mi intimidad y que mi vida privada para mí es sagrada, así que valóralo.
Hoy te voy a contestar a las dos preguntas, lo prometo.
Y, además, te prometo también otras dos entradas en primera fila para mi próximo concierto.
—¡Ojo!, ¡pacto de exclusividad con Lía Romero!
—grita Broncano, mirando a Castella—. Apunta eso, Ricardo, que quede registrado por contrato.
Y lo de las entradas… Tía, la última vez que estuviste aquí me prometiste unas para el palco del Bernabéu y sigo esperando en la puerta del estadio.
Me dejaste tiradísimo. Tu palabra no vale nada.
—¡Por supuesto que te las mandé, David! —se queja ella, gesticulando con las manos—. Aunque bueno, a ver… Fue más Violeta, mi mánager, la que se encargó de eso. A mí se me olvidó en cuanto crucé esa puerta de salida, la verdad. Estaba en la parra.
—Bueno, si las manda Violeta, me vale. Violeta es una tía de puta madre, de Violeta me fío porque es una tía seria.
Tú eres un desastre absoluto y se te va a volver a olvidar —dice Broncano, provocando la risa del público—.
A ver, Lía, hoy estás aquí precisamente para promocionar este nuevo álbum, Serendipia .
Está bien el título, ¿eh? Potente. Místico. ¿Por qué ese nombre?
—Un milagro o un hallazgo afortunado, inesperado y que ocurre por casualidad cuando estás buscando otra cosa —explica Lía, con una sonrisa que le ilumina la cara—. Eso significa la palabra. Y refleja al mil por mil el alma del disco y… Bueno, la forma en la que conocí a mi chico
—¿Cómo os conocisteis? A ver, ilumínanos —pide Broncano, apoyando los codos en la mesa, intrigado.
—Pues fue una casualidad total. Yo venía de un día horrible, de esos en los que quieres esconderte del mundo, y acabé en un rincón cualquiera intentando camuflarme.
Él andaba por allí. Me reconoció y me salvó, me miró a los ojos de verdad, cruzamos las primeras palabras sin filtros y me dio la conversación más real que había tenido en años.
Yo iba esquivando la vida y él apareció de golpe en mi camino, sin buscarlo.
Fue una serendipia de manual. Por cierto, ¿has escuchado las canciones que he sacado hasta la fecha?
, ¿cuál es tu favorita?, a ver si es verdad que eres tan fan.
—Joder, Lía, me pones en un compromiso ante España —dice Broncano, rascándose la nuca—. A ver, yo las escucho todas en el coche cuando vengo al plató. Ricardo, ¿cuál es la balada esa preciosa que te rompe el corazón y te deja tierno perdío?
—“Sin buscarte”, David. Es la balada romántica que lleva semanas en el número uno —le chiva Castella.
—¡Esa!, ¡esa misma! —jalea Broncano—. Además, a mí me pareció una sobrada muy bonita y muy íntima cómo te declaraste en aquel concierto con ese tema.
Joder, yo soy el chaval y escucho esa letra dedicada y en ese mismo instante se me caen los calzoncillos al suelo, tía.
Qué barbaridad. ¿Y esto cuándo va a salir al mercado?
, ¿hay fecha ya o vais a estar estirando el chicle de los singles seis meses más?
—Queda un poquito aún, tenéis que ser pacientes —confirma Lía—.
Este es mi disco más personal hasta la fecha, de verdad.
Y lo estoy produciendo entero con una de mis mejores amigas de la infancia, Olivia, que además acaba de montar su propio sello discográfico independiente.
Nos estamos dejando la piel en el estudio.
—Espera, frena ahí —interrumpe Broncano con cara de duda—.
¿Trabajar con tus dos mejores amigas de toda la vida?
Porque Violeta es tu mánager implacable y Olivia te produce los temas en su nuevo sello.
A mí esto me genera sospechas, tía. ¿Ahí se trabaja de verdad en el estudio o pasáis el día de chismorreo, tomando tés y rajando de la gente?
Cuéntame la verdad. ¿Qué es lo mejor y lo peor de currar con ellas?
—¡Que trabajamos un montón, te lo juro! —se queja Lía muerta de risa—.
Lo mejor es la confianza absoluta. Nos miramos y sabemos perfectamente hacia dónde tiene que ir una melodía o cuándo una letra es de verdad.
No hay filtros ni postureo de industria.
¿Y lo peor? Pues que, precisamente por esa confianza, cuando nos peleamos, nos peleamos como hermanas.
Violeta se pone en plan sargenta con los horarios, Olivia se encierra a cambiar un acorde diez horas seguidas y yo me pongo cabezota.
Pero al final del día la piña es indestructible.
—Joder, qué bonito, tía —dice Broncano, aplaudiendo suavemente—.
Un aplauso para la PYME de las amigas, coño, que están levantando un imperio.
Bueno, déjame pararte antes de que los chavales de arriba nos quieran tirar un anfiteatro a la cabeza.
Al disco le queda un hervor para salir a las tiendas, vale, pero hoy nos vas a tocar una canción en exclusiva, totalmente inédita, aquí en el plató —dice Broncano, generando una ovación del público—.
Pero antes de la música… tía, cuéntame qué pasa, que está internet que arde con esto.
¿Quién es el chaval ese del portal que sale borroso en las revistas?
, el de las fotos del hashtag #NovioMisterioso, ¿le estabas robando la cartera, era un desahucio o quién era?
—Era mi novio —admite Lía con ternura, conectando con el bombazo que ya soltó en la radio—. Pero quiero mantener su identidad en el anonimato.
—¡Ojo!, o sea, ¡que hay novio oficial confirmado!
El de las fotos del hashtag #NovioMisterioso.
Le quieres mantener en el anonimato, ¿eh?
¡Eso es que el chaval no es muy agraciado o, peor, es bastante más guapo que tú y te da vergüenza enseñarlo!
—suelta, arrancando una carcajada limpia a Lía y a todo el público.
—Es precioso —dice ella de golpe, con una seguridad que silencia los vaciles—, es el hombre más guapo del mundo.
Broncano se recoloca en la silla, abandonando por un segundo el tono de broma pura. Como tío humilde que viene de un pueblo, esa chispa de verdad parece haberle tocado una fibra blanda.
—A ver, Lía, fuera de coñas —dice Broncano, mirándola con sincera curiosidad—.
¿Cómo te ha enamorado? Cuéntanos algo de él, que los chavales quieren saber.
Porque tú viajas por todo el mundo, conoces a actores de Hollywood, a futbolistas, a tíos con yates…
Y de pronto llega un chaval normal, un tío de la calle, y te tiene así.
¿Cómo es en el día a día?, ¿qué tiene para que estés tan pillada?
—Estoy muy enamorada, David —confiesa ella con los ojos brillantes, bajando el tono y poniéndose seria—.
Es real. Es un hombre que me ve a mí, a la Lía de verdad, no a la artista que llena estadios ni al personaje de las revistas o la televisión.
Con él puedo ser yo misma. No le importan los focos, ni la fama, ni el dinero.
Es un tío de lo más normal, sí, pero tiene una madurez, una nobleza y una forma de escucharme y de cuidarme que vale más que todo el dinero del mundo.
Con él puedo sentarme en el sofá en pijama a componer en mi cuaderno sin sentir la presión de ser perfecta.
Me da una paz que no te puedes imaginar.
Este disco es gracias, por y para él. Creo que vais a poder conocerme un poco más a través de estas canciones, porque reflejan la verdad que tenemos.
—Joder, qué bonito —dice Broncano, aplaudiendo de nuevo mientras el público del teatro regala una ovación sincera—. Un aplauso para el chaval normal, coño, que mantiene el pabellón arriba. Grison, ¿tú qué dices?
—Que yo también soy un tío normal, David, pero si me siento en pijama en el sofá sin recoger la cocina me cae una bronca, no me escriben un disco —suelta Grison, desatando las carcajadas del público.
Mis amigos empiezan a vitorear a Lía en el salón.
—Vaya, parece que estaba equivocada —dice Lidia, levantándose del sofá.
—¿Cómo? —digo mirándola.
—Parece que Lía es una tía legal y te quiere de verdad, si no, no lo diría ante millones de espectadores —dice chocando su cerveza con la mía y volviéndose a sentar.
El alivio de que Lidia entierre el hacha de guerra es un peso gigante que se libera de mi espalda.
Por otro lado, oír a Lía decir que me ama delante de tantos espectadores, como dice Lidia, hace que el corazón se me estremezca en el pecho.
Seré anónimo para el resto del planeta, pero le está gritando a los cuatro vientos a millones de personas que me ama por lo que soy.
Y eso, joder, me llena de una felicidad absoluta.