Superestrella 73. CAPÍTULO 73
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73. CAPÍTULO 73

Muy a mi pesar hago caso a Lía, no sin notar cómo un ligero dolor surge desde mi entrepierna. Estás jodido si empieza a poder resistirse a tus trucos, estás perdiendo facultades, Alonsillo.

—¿No me pones tú mi anillo? —digo con falsa indignación.

—Sí, claro, dámelo —dice mientras estira el brazo y abre la mano para que se lo entregue.

—Toma.

Lía coge el anillo, se inclina sobre la mesa y lo desliza en mi dedo.

—¿Ya está? —digo decepcionado.

—¿Qué más quieres? —dice Lía confundida.

—No sé, algo más solemne, ponerse de rodillas o algo —digo vacilón.

—¡Tonto! —suelta Lía con una carcajada.

Menos mal que se lo ha tomado bien y el asunto ha quedado en una broma.

No puedo dejar de sentir culpa por no estar aliviado, más bien estoy decepcionado por no haber pensado antes en que podría haber sido una proposición.

Estás loco, tío, ¿qué lleváis, seis meses conociéndoos?

¿Quieres espantarla? Muy bien. Como siempre, autosaboteándote.

Te habría mandado a la mierda en cero coma.

Así que mejor que ahora no te dé la neura de que podría haber dicho que sí, no estás en una película de Disney.

Aparece la camarera de nuevo dejando otros dos platos más, interrumpiendo mis pensamientos.

—Y por esto es por lo que, aunque ese sofá se vea de lo más cómodo y adecuado para hacerte todo lo que llevo deseando hacerte desde que te he visto apoyado en el coche, no podemos hacerlo, todavía quedan platos que comer —dice Lía cuando se retira la muchacha.

—Podríamos atar la cortina o meternos en el baño —propongo perversamente.

—Alonso, sé que estás deseando quitarme este precioso vestido pero, cariño, aún tienes que ganártelo.

—¡Anda!, que no te vale con los regalos y la velada romántica —digo juguetón.

—Claro que no, ese es el precio mínimo por compartir una noche a solas conmigo.

—Entiendo —digo sonriendo—, básicamente me estás diciendo que me lo curre más.

—Exacto —dice guiñándome un ojo, totalmente convencida de que tiene el control.

—Actos y no palabras.

—No subestimes el poder de una palabra susurrada en el momento adecuado —dice Lía en voz baja.

En ese momento algo dentro de mí explota, un deseo visceral incontrolable que me hace levantarme de la silla en un movimiento brusco y recorrer el metro que nos separa en una fracción de segundo.

Lía solo es capaz de parpadear antes de que la coja en vilo de los muslos y la levante con la fuerza que me dan los quince días que llevo muriéndome por ella.

—Que le jodan al menú degustación, vamos directos al postre —susurro con urgencia en su oído.

Ando con ella en brazos y estampo su espalda contra la pared, consiguiendo producir en ella un pequeño gemido cuando esto sucede.

Antes de que pueda decirme algo para evitar que nada más pase, la beso con pasión.

Lía rodea mi cintura con sus piernas aligerando la fuerza que tengo que hacer para cogerla.

Con menos carga en los brazos, empiezo a moverlos a su trasero subiendo su vestido y adelantando una mano, buscando retirar su ropa interior. Lía se ríe.

—No llevo ropa interior —susurra entre besos.

—Eso sí que son palabras en el momento adecuado —digo, renovando mi pasión en sus labios.

Con esas palabras ha conseguido ponerme durísimo.

Con la mano que ahora me queda libre me quito hábilmente el cinturón y el botón del pantalón y lo bajo junto a mi ropa interior.

Cojo mi hombría y la guío hasta su sexo húmedo y cálido, y apoyo la punta, sonrío y, justo antes de poder empujar, noto cómo Lía afloja su sujeción de mis caderas y se deja caer, devorándome en un solo movimiento.

Me hace soltar un gruñido sordo con el que ella se estremece.

Lía, consciente de que ha recuperado algo de control, empieza a mover sus caderas con la misma fuerza animal que me ha llevado a mí a poseerla sin importar las consecuencias.

Lía gime levantando su cabeza y cerrando los ojos con cada embestida.

Si sigue con este ritmo voy a acabar antes de tiempo, así que la despego de la pared para que no tenga un punto de apoyo y pueda seguir moviéndose.

Me mira traviesa, consciente de por qué nos alejamos de esa pared, y besa mis labios terminando con sus dientes sujetando mi labio inferior.

Nos llevo hasta el sofá donde quería que acabáramos desde que entré en esta sala y la apoyo suavemente, saliendo por un momento de ella y dejándome caer suavemente encima.

—Esto es lo que pasa cuando intentas jugar con fuego, superestrella —digo reafirmando mi control.

—Yo aún no me estoy quemando —responde con suficiencia Lía.

Vuelvo a besarla, dispuesto a derretir su prepotencia fingida, y sonrío volviéndome a colocar justo antes de entrar en su centro pero esta vez voy a hacer que se vuelva loca, apenas me introduzco vuelvo a salir provocando en ella un pequeño respingo acompañado de un suspiro, y vuelvo a hacer lo mismo consiguiendo exactamente la misma reacción esta segunda vez.

—¿Qué pasa, Lianta? ¿Te estás quemando ya? —digo, sabiéndome ganador.

—Aún… —empieza diciendo—, ¡no! —grita cuando toda mi longitud se introduce en un solo movimiento calculado que funciona a la perfección.

—¿Te rindes? —digo mientras repito el movimiento con lentitud para que sienta cada centímetro y pierda la cordura.

—Nunca —consigue susurrar ella mientras se asoma en su rostro, perdido por el deseo, la sonrisa que me enamoró desde el primer segundo.

Continúo tomándola con cada vez más fuerza.

Estoy a punto de explotar, pero no siento a Lía aún en el punto de no retorno.

Mis instintos animales pueden con mi raciocinio y continúo.

Justo cuando estoy en el límite de mi resistencia, noto cómo Lía aprieta sus caderas contra las mías bloqueando el movimiento.

—Todavía no —dice con una sensualidad que está a punto de hacerme explotar solo con escucharla—, vas a seguir siendo mío un ratito más —dice mientras me empuja con ternura y deseo hacia atrás para alejarme momentáneamente de ella.

Lía se incorpora y me hace sentarme en el sofá para poder ponerse a horcajadas sobre mí.

Con una mano, ágilmente busca mi erección, sonríe cuando la encuentra y la guía hasta su sexo de nuevo.

Esta vez no hay juego, solo deseo, se sienta dejando caer su peso, haciéndome hervir la sangre de nuevo.

Sube y baja moviendo sus caderas, recorriendo mis labios con su lengua y devorando mi boca con la suya.

—Sí —susurra entre gemidos cada vez más agitados.

—Lía —consigo decir entre besos voraces—, voy a…

—Yo también —dice moviéndose con cada vez más urgencia.

Lía acelera el ritmo, haciéndome llegar a un estado de éxtasis que jamás había alcanzado a sentir. Finalmente me rindo a ella, dejándome ir cuando una oleada de su calor y humedad choca junto a mi placer mientras ella se arquea sobre mí y se deja caer.