Superestrella 59. CAPÍTULO 59
47%

59. CAPÍTULO 59

—No, no, no, yo soy cantante, no narradora. Cuenta mejor la historia, Oli —digo escurriendo el bulto.

—Eso es verdad —me apoya Violeta, mirando a Olivia.

—Pues me toca contarla entonces, pero antes de nada, pidamos la cena —dice Olivia, mirándonos a todos.

El maître se nos acerca para tomarnos nota.

—¿Qué van a querer? —pregunta educadamente.

—Vamos a hacer una cosa, trae un solo plato para cada uno, el segundo. Tampoco queremos entreteneros mucho, suficiente con que habéis sido tan amables de hacernos el favor.

—Por supuesto, señorita Olivia. Entonces, ¿carne o pescado?

—Levantad la mano los de carne —dice Olivia.

Alonso, Enrique, Violeta y yo levantamos la mano.

—El resto pescado, gracias —dice Olivia—, y trae cuatro botellas del mejor vino que tengáis.

Jesús le da un ligero golpe con el codo a Olivia.

—Que sean tres mejor, que luego hay que llegar a casa —rectifica Olivia.

—Cuatro carnes, tres pescados y tres botellas del mejor vino, marchando —dice el maître , retirándose.

Luego dice que no está hasta las trancas, pero ha pedido menos vino, un solo plato y ha agilizado todo para que Jesús no tenga que pagar tanto. Eso nunca había visto que lo hubiera hecho antes Olivia.

—Bueno, Oli, cuéntanos esa historia —dice Alonso—, no vamos a dejar que te escaquees como Lía.

—Pues esperaba poder hacerlo, pero si insistís —dice Olivia, encogiéndose de hombros—.

Lía y yo también nos conocemos desde pequeñas, desde preescolar igual que vosotros —dice, señalando a Alonso y Enrique—.

Siempre hemos sido amigas desde que tengo uso de razón —dice mirándome con cariño—.

Siempre nos ha gustado la música, eso es lo que más unidas nos ha mantenido, incluso en la universidad, que tuvimos que estar bastante tiempo alejadas…

¿Y qué os voy a decir? —pregunta al aire, pensativa—.

Siempre pensamos que Vi iba a ser abogada o algo así desde que la conocimos…

Aún me acuerdo de aquel día —dice Olivia, mirando a Violeta con nostalgia—.

Acababan de mudarse sus padres de Barcelona a Madrid por trabajo y ella estaba sola en el jardín mientras leía un libro.

Lía y yo la vimos y, simplemente, la invitamos a venir con nosotras a dar una vuelta, y ahí surgió la magia de la amistad…

—¿Qué pasó en la uni, cariño? —dice Jesús, interesado.

—A Lía y a mí siempre nos ha unido la música, pero nos interesaba de diferentes maneras.

A mí me fascinaba, y me fascina aún, la manera de crear las melodías y a ella, como es evidente, le interesa más la manera de crear el mensaje y transmitirlo.

Por eso yo tengo un doctorado en ingeniería de sonido y una licenciatura en producción musical, y ella tiene un doctorado en artes musicales y composición musical.

—¿Un doctorado ambas? Si sois súper jóvenes —dice Alonso, intrigado.

—Digamos que hemos demostrado que tenemos un talento especial —digo, guiñándole un ojo.

—¿Y tú, Vi? Al final, ¿qué hiciste? —pregunta Enrique, muy interesado.

—No fui a la uni. Cuando empezó a triunfar Lía, ella me contrató por mis grandes dotes de organización y, al final, me hice con todo el cotarro —responde Violeta, confiada.

—Es verdad… —dice Amelia—. Lía, nosotros te conocemos ya como artista consagrada, ¿pero cómo fueron realmente tus inicios?

—La verdad, Amelia, es que tuve suerte. Aparte del talento que pueda o no tener, todo empezó en un concurso de la radio al que estas dos me liaron para presentarme —digo sonriendo a mis amigas—.

Era un concurso donde hacías una cover de alguna canción y, si ganabas, presentabas un tema original y te producían el single …

—No hace falta ser un genio para saber que arrasó —dice Olivia, orgullosa.

—Tanto que cuando escucharon el single quisieron hacer un disco entero —digo, mirando a Amelia.

—¿Todo esto mientras te sacabas la carrera? Increíble. Siempre te he admirado pero, sabiendo esto, ya no te admiro, te idolatro… —dice Alonso, cogiéndome de la mano.

—Tampoco te pases, Al, que tú también tienes lo tuyo… —dice Enrique.

—¿A qué se refiere? —pregunto, curiosa.

—¿Cómo conseguiste mantener tu voz y tu estilo triunfando tan joven? —pregunta Alonso, ignorándome.

—Pues aunque tuviera dieciocho años sabía perfectamente lo que quería hacer con mi música, y si hay algo que Oli y yo hemos querido demostrar siempre es que podemos ser tan buenas o más que cualquier hombre.

A ella le ha costado más, pero por fin estamos haciendo realidad su sueño con este nuevo disco.

Si triunfa, su sello discográfico puede ser reconocido mundialmente.

—Alonso —dice Violeta, interesada—, ¿a qué se refería Jenry?

—A nada en particular… —dice Alonso, bajando la mirada.

—Alonso, solo quedas tú —dice Jesús, mirándole con intensidad.

—A mí el arte siempre me ha interesado, pero por lo que me has enamorado tan profundamente es básicamente porque lo que yo estudié, el arte de la escritura, tengo un doctorado sobresaliente cum laude en diseño narrativo de videojuegos y en mis tiempos libres soy game tester .

Todos en la mesa nos callamos al instante después de escuchar a Alonso, hasta que Olivia rompe el silencio.

—¡Entonces qué cojones haces trabajando en una cafetería! —dice Olivia, sorprendida—. No me malinterpretes, todos los trabajos son dignos pero, tío… —Olivia hace una pausa, intentando encontrar las palabras—, que tienes los máximos honores en una carrera, en esa cafetería estás desaprovechado.

—Bueno, la vida. Eso pasa… —dice Alonso, esquivo.

—Oli, tú y yo sabemos que la vida cambia en un abrir y cerrar de ojos —digo mirando a mi amiga intensamente para que deje de indagar. Es obvio que Alonso no está cómodo hablando de eso.

—¿Y cómo acabasteis en la cafetería Jenry y tú? —pregunta Olivia, captando el mensaje.

—Pues Jenry empezó a currar en la cafetería porque quería investigar y saber cómo era una de las mejores cafeterías de Madrid. Ya sabes, estudiar a la competencia desde dentro, entender su éxito para poder crear algo igual o mejor. Y yo… Necesitaba el dinero y Jenry me metió.

El maître llega con los platos y empieza a servirlos. Miro a Alonso y noto el alivio que siente al no tener que seguir hablando de ello, sin duda tengo que preguntarle cuándo estemos solos.

—Bueno, Vi, ¿qué es lo que activó al final tu mente para decidirte a inseminarte?, a ver si puedo usarlo para convencer a Amelia —dice riendo Enrique.

—Fue a raíz de la pandemia, ver tanto sufrimiento… Me hizo darme cuenta de que la vida es tan breve que no podemos posponer los sueños. Simplemente, si podemos, debemos cumplirlos —dice Violeta a nuestros amigos, aunque Olivia y yo sabemos que es una media verdad.

—¡Buah!, me parece increíble cómo piensas —dice Enrique con la mirada iluminada.

—Si quieres, cuando tenga tiempo, puedes venir a conocer a Leo. Así sabrás si quieres hijos ya o no, te aseguro que una tarde con Leo es suficiente como para averiguarlo —sonríe Violeta, apoyando su mano en el brazo de Enrique.

—Bueno, si nos disculpáis a Vi y a mí, vamos un momento al servicio, ya sabéis que tenemos que ir en pareja —me río para disimular.

Violeta me mira extrañada pero nos conocemos lo suficiente como para saber que es para hablar. Se levanta y me sigue hasta el baño del restaurante. Cuando llegamos, me aseguro de que no nos puedan oír y miro a Violeta.

—A ver, Vi, ¿qué está pasando? —le digo según se cierra la puerta.

—No entiendo —dice Violeta perdida.

—¿"Si quieres cuando tenga tiempo, puedes venir a conocer a Leo"? No sé, ya me estaba dando cuenta de la química pero eso ha sido una declaración de intenciones… —digo preocupada—, que tiene novia, Vi —le echo la bronca a mi amiga.

—No te voy a negar que me llama bastante la atención, está como un queso, y encima coincidimos en muchas cosas… —dice Violeta con una sonrisa tonta.

—¡Ay, Dios mío! —la interrumpo.

—Déjame acabar, Lía —dice Violeta molesta—, pero tiene novia, iba a decirte. Somos personas adultas responsables.

—Más te vale serlo, no quiero que se líe parda —la amenazo.

—Vamos a ver, con la que deberías preocuparte es con Oli, pero soy yo, Lía, no haría nada incorrecto —dice Violeta defendiéndose, dando un paso atrás.

—Eso es lo que me preocupa, que empieces a hacerlo justo ahora —la sermoneo con cariño, bajando la voz.

—Bueno, vamos a seguir disfrutando de la cena, ¿volvemos? —dice Violeta avergonzada.

—En realidad tenía que venir de verdad, pero me ha venido de lujo para poder asegurarme de tus intenciones —digo sonriendo mientras me meto en un cubículo.

—Un dos por uno, estoy orgullosa de ti, vas aprendiendo de mis técnicas para optimizar el tiempo —dice Violeta riendo.

Violeta y yo volvemos a la mesa y nos sentamos, le echo otra mirada de advertencia a mi amiga por si acaso y empezamos a comer.

—Esto está de muerte —dice Alonso—, como paga Jesús, creo que voy a repetir —dice con mala leche.

—No les hagas eso al dueño y al maître , que querrán irse a casa —dice Olivia con cara de pena.

—Claro, al dueño y al maître , que no a la cartera de Jesús, ¿verdad? —dice Alonso, que sin duda se ha dado cuenta, igual que yo, de las verdaderas intenciones de Olivia.

—Bueno, y hablando de Jesús —dice Olivia—, ¿qué es lo que te gustó de Lía?, ¿qué es lo que te ha enamorado?, ¿por qué estás enamorado, verdad? —contraataca Olivia mirando a Alonso.

Tiro una patada a Olivia por debajo de la mesa e impacta en alguien.

—¡Hostia, qué daño! —dice Jesús, pegando un rodillazo en la mesa.

—Perdón, no iba para ti —digo disculpándome en voz baja.

—¿Qué tiene que ver lo que siento por Lía con Jesús? —dice Alonso sagazmente.

—Nada, en realidad llevaba tiempo queriendo preguntártelo y se me ha ocurrido hacerlo ahora —dice Olivia sonriendo.

—Sí, estas historias de amor me encantan. Alonso, contesta con todos los detalles —dice Amelia entusiasmada—, y luego tú, Lía —añade mirándome intensamente.

—Un momento, ¿qué tipo de historia de amor se supone que tenemos? —pregunto un poco molesta.

—Pues de esas imposibles pero que se cumplen, una superestrella como tú fijándose en un tío normal como Alonso, cuando hay millones de hombres mejores…

—Amelia, mira que sé que eres una persona sincera y sé que eso es lo que le encanta a mi colega de ti pero, hay veces que, sin querer evitarlo, eres odiosa… —dice Alonso riendo.

—Sabéis que no lo dice con malas intenciones — dice Enrique defendiéndola.

—Bueno, en cierto modo a mí también me gustaría saber qué es lo que te llamó la atención de mi amiga —dice Violeta.

Alonso suspira resignado y me mira pidiendo permiso con la mirada.

—No respondas si no quieres —digo vulnerable—, sé que tener público no es lo que más te gusta en el mundo para hablar de estas cosas…

—No te preocupes —responde—, voy a contestar, pero para que tus amigas se queden tranquilas ya —dice, acercándose a mi frente y dándome un beso en ella.

—Somos todo oídos —dice Amelia impaciente.

—Pues verás, Oli, respondiendo a las dos últimas preguntas primero, te puedo decir que creo que sí.

El amor para mí ya no es el deseo adolescente ese de querer estar con ella a todas horas.

Creo que sí porque me siento cómodo con ella, podemos estar en silencio y no tener ninguna necesidad de romperlo, pero es que también podemos hablar de cualquier cosa.

Es divertida, es curiosa… Y es preciosa, me flipan sus ojos, su pelo…

Y otras partes de su cuerpo que no quedaría bonito nombrar ahora mismo —dice socarrón, mirándome—.

No voy a mentir diciendo que solo me encanta cómo es…

—Pues para mí has contestado a todas —dice Violeta felizmente.

—Permitidme añadir algo ya que estoy ahora mismo lanzado —dice Alonso con confianza—, antes de conocerla, ese mismo día, pedí un deseo de Navidad —dice nervioso.

—¿Sí? —digo curiosa.

—Sí, es curioso que no lo he recordado hasta ahora pero, ese mismo día pedí conocer al amor de mi vida y, a todas luces, creo que ese deseo se ha cumplido…

—Pero qué dices, tonto, cómo puedes decir ahora algo así con todos delante —digo avergonzada, sintiendo cómo me estoy poniendo colorada con el corazón latiendo acelerado.

—A mí me parece precioso —dice Amelia ilusionada.

Me siento llena de felicidad. Alonso es el único hombre que ha conseguido que el corazón me lata a mil por hora simplemente diciendo que me quiere, ahora mismo quiero besarle y arrancarle esa camisa blanca que lleva, por mucho que insista en que no somos adolescentes que se dejan llevar por el deseo, ahora mismo es lo único que quiero hacer…

Aprieto su mano y le miro a los ojos, me acerco despacio a sus labios, voy a saborearle bien con este beso…

—¿Y a ti, Lía, qué es lo que te gustó de Alonso?, ¿qué es lo que te ha enamorado? Eso es lo más interesante. Con él estaba claro pero, contigo… —dice Amelia sacándome de mis pensamientos e interrumpiendo el beso que quería darle.

—¿Lo que me enamoró de Alonso? —digo ubicándome—. Muy fácil, su capacidad para hacerme reír.

—¡Oh, venga ya! —dice Amelia indignada—. Cualquiera puede hacerte reír. ¿Qué es lo que le hace diferente? ¿Por qué has decidido salir con mi amigo y no con otro tío más guapo, más buenorro y con más dinero? Y no me miréis así, que todos lo pensamos —dice Amelia recorriendo la mesa con la mirada.

—Lo que le hace diferente… El día que nos conocimos hizo algo que nadie ha conseguido nunca desde que me hice famosa, me ve —respondo sincera.

—Como en Avatar —se ríe Jesús.

—Puede ser —digo—. Él fue capaz de ver más allá de la fama, del dinero, de todo lo que se podría pensar de mí y, simplemente, me ayudó… Me trató como a una persona normal, no intentó ni ligar conmigo…

—Mucha culpa de eso la tiene Pikachu —dice Alonso divertido.

—¿Pikachu? —pregunta Enrique desconcertado, mientras Olivia y Violeta se ríen.

—Ya te contaré —dice Alonso, guiñándole un ojo.

—Pues eso, que me llevó a su refugio, confió en mí sin tener que hacerlo, me ayudó sin dudarlo y consiguió que una mala experiencia se convirtiera en el inicio de algo…

Ya sabéis lo que se dice, sin avisar, una mirada y en cualquier lugar, así surge el amor.

Fue pura serendipia. Creo que me dijeron más los silencios que compartimos ese día que lo que pudimos decirnos —digo mirándole a los ojos intensamente—.

Además, en ese momento estaba pasando por una mala época creativa y Alonso, simplemente, prendió de nuevo la llama de mi música.

Y, como podéis sospechar, para mí lo es todo, la música me ayuda a calmar el ruido de mi cabeza.

Se apaga el mundo y se enciende mi estrella…

—Tu superestrella —dice Alonso con los ojos vidriosos.